23 julio 2012

Pittsburgh Blues Festival at Hartwood Acres Park

21 de Julio del 2012

En un fin de semana en el que la tristeza ha vuelto a asolar a los Estados Unidos, esta vez en una sala de cine como marco sangriento, el decimoctavo festival anual de blues de Pittsburgh podía servir en parte para aliviar la rabia, dándole salida en forma de acordes. En forma de pelos de punta. En forma de voces rotas y profundas. En forma de letras melancólicas. Y todo ello rodeado, como no podía ser de otra manera, de naturaleza. Y cerveza. Y perritos calientes. Y puestos de Harley Davidson. 

Tras una ruta en coche sencillamente espectacular, donde ciervos, mapaches y otros bichos varios te hacían sentir como un auténtico intruso en esas tierras, surgía la entrada al parque regional Hartwood Acres. Parque que es, y ya son varios, otro de esos puntos que los amantes de los paseos y los picnics deben visitar. Solos o acompañados. Con camioneta o sin ella. 

Con un carisma benéfico (todos los ingresos iban destinados al banco de comida comunitaria, organización encargada de distribuir alimentos a las familias más necesitadas), si había un día que motivaba musicalmente era el sábado. Porque no siempre se tiene la oportunidad de ver a una eminencia viva del blues como Bobby "Blue" Bland. Porque no siempre se tiene la oportunidad de ver a una banda que compartió escenario con Jimi Hendrix y Janis Joplin en el Woodstock original de 1969, como Canned Heat.  Y porque era el día que me venía bien. 

Situémonos. Un verde descampado del Hartwood Park. Docenas de camionetas. Centenares de familias enteras con sus sillas, sus mantas traperas de campo y sus bolsas nevera llenas de hielo, cerveza y bocadillos. Y dos escenarios, uno fijo de tamaño estándar y otro, portátil, tamaño la parte trasera de un camión. Que me parta un rayo si nos os ubicais en una escena de película americana. Sólo faltarían motocicletas, puestos de comida y bebida y algún pasao que otro. Ah, calla. Que también había todo eso. 

Los PGH Blues All Stars (PBAS) en el escenario principal y Jimmy Thakery & The drivers (JTTD) sirvieron de anticipo a las grandes estrellas de la noche. Previamente, Albert Cummings y Jill West & Blues Attack aparecieron tras el telón, pero dificultades técnicas personales y mi embelesamiento por algunas postales que regalaba el paisaje me impideron atenderlos. 

Lo de JTTD fue genial. Hoy día es difícil que a los amantes del blues se nos sorprenda. Tantos años escuchando la misma escala repetitiva crea callo. Incluso a veces pecamos de puristas en este sentido. Pero Jimmy y su banda hicieron un acopio de originalidad para una mezcla super fresca de blues y surf al puro estilo The Shadows o de los recientes Satan's Pilgrims. Sin perder nunca la comba del blues tradicional, supieron atraer al público a su pequeño escenario y encenderlos de dentro hacia fuera. Sobre todo cuando se lanzaron con una versión guitarrera del himno de los USA.


 

Bobby "Blue" Bland (BBB) es de esos a los que la edad no perdona (¿y a quién sí?). Sobre todo porque tiene 82 años. Así que lo mínimo que puede necesitar es cantar desde un sillón que sus músicos desplazan a su gusto por el escenario. Porque le tratan como lo que es. Una de esas personas que tiene todo el derecho a cantar desde donde quiera. Porque un día se le ocurrió mezclar blues, gospel y R&B. Obviamente ya no despierta ese twist en las jovencitas. Sin embargo, sigue siendo muy, muy bueno transmitiendo con su voz gangosa. A las pruebas me remito: una versión del St James Infirmary que me dejó tiritando.

Tras hora y media de congoja con BBB, le tocaba el turno a Canned Heat. Con los miembros fundadores de la banda enterrados ya desde hace algún tiempo (y con historias truculentas, como no podía ser menos), los calores enlatados despertaron una admiración sorprendente nada más pisar el escenario. Bueno, no tan sorprendente teniendo en cuenta su trayectoria y su popularidad en este país de donde salen leyendas musicales de debajo de las piedras. 

Rápido se apoderaron de la noche. Del público (al que con sus ritmos forzó a levantarse de sus sillas con porta-bebidas). De los ciervos. Con un Let's work together, que recordaba a Bob "el oso" Hite. Con un On the road again que gritaba a Alan "Búho ciego" Wilson. Y con un directo lleno de energía y fuerza reivindicando que sí, que tienen un pasado que llevar sobre sus espaldas. Pero que todavía está el horno para bollos. Que todavía pueden seguir llevando el boogie, el blues y el rock a muchas otras nuevas bandas. Con Going up the country el grupo terminó de mostrarse como los aclamados de la noche festivalera. 

Puede que los americanos sean un pueblo con sus cosas. Por ejemplo, que masacre tras masacre en insitutos y ahora en cines la justifiquen con bajas notas en el instituto, la falta de amigos o un porro a los 16, pero nunca con la facilidad de conseguir armamento militar. Sin embargo, como ciudadanos que debemos aprender de las habilidades y virtudes ajenas, son únicos en hacer actos donde se reconozca el trabajo, la dedicación y la pasión. Y encima son eventos divertidos. E incluso benéficos.

Y el blues como música de fondo. Y ya van 18 años. Larga vida. 

31 mayo 2012

Afrika Bambaataa en U street music hall

27 de mayo de 2012 

Quién me iba a mí a decir que asistiría a un concierto de un DJ. Que fuera en Washigntong DC. Que fuera en el barrio donde se crió Duke Ellington y donde otros muchos (Louis Armstrong, por ejemplo) dejaron conciertos históricos. Y que, además, me gustara. 

La U street es de esas zonas de una ciudad que crean afición. Desde una paradisíaca piscina en la terraza de un edificio abierta para todo el público hasta la comida rápida más sucia del mundo (y por tanto, deliciosa). 

Atraídos por ser la cuna musical de Washington (de la buena música), el U street music hall ofrecía un espectáculo bastante atractivo, con Afrika Bambaataa a la cabeza. Un personaje más que popular en los ambientes hip-hoperos y DJeros, por ser de los pioneros del llamado Electro Funk (aunque más conocido como el Grandfather). 

Y después de un poco de Wikipedia, vamos a lo importante. En primer lugar, Nappy Riddem. Un grupo washingtoniano que con ritmos reggaes y funkies resultaron de lo más divertido. En un ambiente a su favor, la voz profunda del cantante combinaba a la perfección con unos músicos de escándalo. Con unos bajos potentes y un teclista que en ocasiones estaba fuera de sí, el bolo resultó idóneo para lo que se venía encima. 

All Good Funk Alliance (AGFA), con batería electrónica y un Mac, apareció en escena tal como se fue. Sin mencionar palabra. Con voces grabadas y ritmos propios, este par de individuos dejó un sabor agridulce. Y el dulce se debía principalmente al regustillo del grupo anterior. Su disco, lanzado desde el escenario como premio, no merece una escuchada. Mucho ruido y poca música de fondo de este grupo sintético. 



 


Sin hacer mucho ruido, por la puerta de atrás apareció una sombra negra con un Mac y más que unos cuantos collares de oro. Era, al parecer, Afrika Bambaataa. Un tipo silencioso que durante más de hnora y media, sin descanso ninguno, convirtió un garito en una auténtica fiesta. Una de esas de playa. Una de esas que marcan época. Intercalando ritmos propios con mezclas estremecedoras de temas de toda la vida (Billy Jean, Ain't no mountain high enough, All night Long, Fast Car) la que montó el paisano newyorkino fue floja. 

Rodeado continuamente por una panda de seguidores que lo único que hacían era estorbarle detrás suya, el abuelo dio una muestra de cómo debe ser un DJ: discreto, con buen gusto por lo clásico y con ritmos electrónicos que más allá de estropear o hacer insoportable una canción, mantenga su esencia y la eleve a un extremo de épica. 

Pues sí. Quién me lo iba a decir. Pero quién le iba a decir al señor Bambaataa que su nombre aparecería en un blog de un tipo de Coria. 

That's your loss, buddy!

10 mayo 2012

New York Miscelánea

30 de Abril hasta 7 de Mayo

Bien podría ser el nombre de algún grupo alternativillo, popero, de estos de "vivan las vespas y las marcas de ropa cara que no lo parecen". Pero no. Miscelánea hace referencia a una serie de conciertos, todos ellos improvisados, que una ciudad como Nueva York puede ofrecer. Mientras paseas. Mientras observas. Mientras hablas. O mientras rezas. 

Si hace pocas semanas estuve en The Altar Bar, qué mejor que continuar el festival que una iglesia. O una catedral. O una iglesia cuyo tamaño intimidatorio hace las veces de catedral. Tras cruzar un inoportuno cartel de "donativo sugerido", no satisfecho, al fondo se encontraba un grupo de chicos y chicas que estaban practicando las canciones del domingo. Pero no. No penséis en una guitarra sostenida por un cuarentón con gafas y acompañado por un par de monaguillos entonando el Padre Nuestro. Se trataba un estilo americanizado. No gospel, pero se le parecía, si no fuera por la pureza de sus voces melódicas y su piel blanca. 

Lo que en principio no era más que un ensayo, los allí presentes provocaron que el grupo, director incluido, se vinieran arriba y durante más de 20 minutos nos deleitaran con cantos celestiales que hacían que las paredes lloraran. Que el edificio religioso se iluminara y que los santos se estremecieran.  

Sin apenas descansar, una plaza, rodeada de ambiente universitario donde el ramen y el curry llenaban de olores las calles, dos "paletos", armónica y banjo en mano, hiptonizaron a todo bicho viviente que por allí pasaba con melodías folk americanas, al puro estilo Cletus. Vestidos para la ocasión, amenizaron las esperas de los estudiantes para enfrentarse a sus exámenes y de los turistas que, totalmente perdidos, seguían un mapa. 


Un atardecer, con la señora de hierro a un lado y unos viejos lobos de mar intentando cazar algún pescao al otro. Unos bancos, unas flores, unos cuantos memoriales a los caídos en una guerra, y en otra, y en otra...Y al fondo, una boda. Una boda que para animar a sus invitados contrató a unos músicos cubanos que, en la terraza del restaurante, no sólo tocaban para los que iban de gala. Sino para aquellos que circulaban y que, haciéndose los despistados, se paraban a escuchar y a bailar en el aire. 

Llega la noche, y tras conversaciones que siempre estarán ahí, tras charlas que acortaron la espera y tras razonamientos compartidos, un ruso cogió una guitarra española de cinco cuerdas (es decir, una de seis, pero con cinco) y demostró que para tocar piezas clásicas y conociendo las escalas, se pueden hacer auténticas maravillas sin el Re de la cuarta. 

Días rodeados de rascacielos. De fríos choques en las calles con lo que parecían ser personas. De miradas desafiantes en el metro. Que la música, improvisada e imprevista, les devolvió el color. 

¿Os sorprende?
 

29 abril 2012

Gallery Crawl en Pittsburgh

27 de Abril de 2012

A veces no se necesita otra excusa más que un buen evento cultural para lanzarse a la calle. Un puñado de artistas que intentan hacerse hueco en la literatura, la pintura, la escultura. Y cómo no, en la música. Gente que empuja. Que provoca. Que simplemente quiere romper moldes y hacer algo que merezca la pena ver. Escuchar. Tocar. Oler. Degustar. 

En el ambiente universitario que llena Pittsburgh de actuaciones todas las semanas, el Gallery Crawl se convierte en una razón para que aquellos que estamos muy apegados a la música y no tanto al resto de las artes, nos dejemos llevar por unas cuantas experiencias nuevas. Y darnos cuenta (mejor dicho, recordar) de que hay vida después de la música. Exposiciones de cómics, habitaciones a oscuras con sonidos de ultratumba, cuadros que ni fumao se podrían llegar a entender (o sí). O hasta una pantalla gigante con láseres que averiguatú cómo funcionaba. 

Imaginemos un cuento. Con tres historias. O una película. Con tres cortos. O un festival. Con tres conciertos. Cada uno en una atmósfera diferente. Igual de baratos todos ellos (patilla mix). Ahí va. Con orden aleatorio.

En una plaza pequeña. Al lado de una fuente. Con escasos árboles jóvenes y rodeados por edificios altos, de esos que intimidan. Fueron breves compases, pero The Color Fleet me metieron las ganas en el cuerpo. De seguir disfrutando de la noche. De seguir escuchándoles. Y de seguir su sitio web y su calendario por si encuentro alguna oportunidad donde me demuestren que sigo teniendo buen ojo a primera vista. 

En un rincón de una calle cualquiera, bajo estatuas que defienden una pequeña tienda donde el cómic cobra vida. Justo ahí cuatro descerebrados versionaban canciones con un trombón, un slack key, una batería y una voz desacompasada y chirriante. Todo a escala pequeña, pero con un entusiasmo y una alegría en el cuerpo que, pese al creciente frío, hacía que simpre hubiera alguien ocupando las sillas que tenían justo delante, para disfrutar del...del...bolo, por ejemplo.  

En un bar, bajo un toldo que le refugiaba del frío y del viento, pero no de los clientes que a las diez de la noche ya gastaban melopeas de escándalo. Un hombre con una guitarra acústica transformó una plaza de mercado en un ambiente country donde conversaciones y dibujos en servilletas se unían a "bailes" (las comillas están adrede) improvisados, aplausos y hasta acompañamientos vocales. 

Mucha pintura. Mucha escultura. Mucho de todo. Pero al final la música es lo que, como casi siempre, suele dar la última pincelada. En este link podéis ver algunas fotos de los eventos, donde, como veis, no sólo se trataba de mostrar, sino de que la gente interactuara. Olé.

Que cada uno saque su moraleja. 


24 abril 2012

Soulfly en The Altar Bar

22 de Abril de 2012

Tocaba cambiar. No sólo de bar. Sino de tendencia. Llevaba varios días enganchado a una tal Mi hermana pequeña, cuya dulzura sobrepasa los límites de lo conocido. Y que me había encandilado a niveles inusuales. Sin embargo, tras un vistazo en diagonal al periódico local gratuito, me percaté de un evento que no podía dejar pasar: Soulfly en The Altar Bar. 

Hacía tiempo que no sabía de ellos, y como pasa de vez en cuando, el tener la entrada en mano me incitó a repasar su vida, milagros y obras. Especialmente estas últimas, de las cuales estaba totalmente perdido. Lo que siempre me llamó la atención de esta banda liderada por un ex-sepultura (Cavalera, no confundir con Calavera) fue su mezcla. Porque te podrá gustar o no. Pero es innegable el afán del grupo por añadir ritmos heavies melódicos con el hard rock más gutural y otras tendencias del rock machacante. 

Con hora de empiece las 6.30 pm, The Altar Bar emerge casi de la nada en uno de los barrios más pintorescos de Pittsburgh, The Strip Disctrict. Mercados callejeros, restaurantes a pie de calle y un sinfín de restaurantes asiáticos pueblan las calles principales, justo detrás de unas zonas de carga-descarga que crean un ambiente bastante lúgubre al desaparecer el sol. Perfecto para lo que se venía encima. 

Además de Soulfly, ni más ni menos que otras 5 bandas saltaron al escenario. Incite, Lody Kong, Stinkpalm Death, Storm King y una quinta de cuyo nombre ni quiero acordarme. Porque en general, desafortunadamente, los grupos de chiquillos piensan que el hard rock es subirse a un escenario, gritar un poco (si es en americano nativo, pues mejor) y destrozar guitarras y oídos. Es cierto que el sonido de la sala no ayudó (fue bastante malo), pero exceptuando Incite y a Stinkpalm Death (tuvieron su momento), el resto se quedó en un vocifero y no puedo. 




En un ambiente eclesiástico (el bar se llama así porque tiene la misma fachada que una iglesia, y por dentro está decorado con cruces que hacen las veces de ventanas) y lleno de humo (artificial), Soulfly salió casi 4 horas después del inicio del "concierto". Con toda la fuerza del mundo, con una guitarra donde la bandera de Brasil hacía eco de la nacionalidad del líder y con un Cavalera bastante desmejorado (más gordo de lo que le recordaba y con unas rastas que rozaban la dejadez absoluta), el grupo empezó fuerte. Y querían que el público estuviera al mismo nivel. 

Desde el primer momento incitaron al público a hacer su famosa "ruleta de la fortuna". Bueno, así la llamo yo. Porque lo mismo te toca un comodín (en forma de ratoncito Pérez por perder algún diente) que la bancarrota absoluta (mejor ni pensar equivalentes en la realidad). Eso sí, siempre con amor. 

Tras un desgaste físico importante (contando las opening bands, unas 5 horas y media), los brasileiros cerraron el chiringuito después de desmostrar que hay una grandísima diferencia entre hacer hard rock o new metal o como se llame y saber hacerlo. Y esta gente sabe. 


28 marzo 2012

Lucid en Bocktown

27 de Marzo del 2012

Así es. Mismo sitio. Mismo ángulo de las fotografías. Una semana después, y un cambio radical de grupo. Eso sí: diferente menú y diferente cerveza. En serio, quizás haya dado con uno de los sitios con mayor densidad de cervezas por metro cuadrado...En fin, que me voy. Hoy toca hablar del concierto gratuito de Lucid.

Sólo hay que ver la furgoneta que se gastan los paisanos pittsburguianos (la del pez azul de las fotos) para no poder esperar otra cosa más que rock, diversión y espontaneidad. Para estar el local prácticamente vacío y ser grupete de la zona, la banda tenía su propio relaciones públicas, que además de recordar que había merchandising a la entrada del pub, se encargaba de hacer señales positivas a la banda, pulgar en alza, paseándose por el local y dando asentimiento de que la armónica, el saxo, la guitarra, los teclados, las voces, la batería y los timbales sonaban como debían hacerlo. Más que bien.

Con ritmos de reggae, rock, funk y algo de blues en los tracks lentos, el bolo estuvo más que divertido. A pesar de la escasez de público. Durante hora y media estos chicos combinaron en canciones momentos de subidón con melodías desacompasadas. Música excitante que provocó en mí la necesidad de comprar un Cd para hacer más amenos mis viajes matutinos al curro.

Enlace

Si el concierto de la semana anterior me hizo ver dónde estaba, este me recordó que independientemente del sitio, grupos que merecen la pena siguen saliendo de debajo de las piedras pidiendo a voces que alguien les escuche y poder dedicarse a algo que se les da bien. Me vi a mí dándoles esa oportunidad. Pero para su desgracia, nada irá más allá de este blog (y que ni siquiera ellos entenderán). Aunque quién sabe.

Como es habitual, os dejo el link de su MySpace, para que echéis una escuchada. También podéis encontrar vídeos de sus actuaciones en directo que dan mejor idea de lo que dio de sí el concierto en el ya mencionado Bocktown.

Música en directo con matices. Música en directo intensa. Música en directo que transmite. Música. Y nada más. Y menos mal que sólo es música.

22 marzo 2012

Back Stabbing Good People en Bocktown

20 de Marzo de 2012

A pesar de llevar una semana en suelo norteamericano, quizás fuera ayer cuando realmente fui consciente de ello. Y eso que el castellano ha pasado a segundo plano. Y que ahora ceno a las 6 de la tarde. Y que para mí los grandes almacenes se han convertido en un concepto nuevo, que hasta ahora desconocía. Seguramente lo que pasa es que la música, y si es en el día de tu cumpleaños más todavía, ayuda a hacerte una idea de dónde estás.

El nombre del grupo ya anima. Estaría bien que algún entendido hiciera un estudio sociológico de las bandas de música sobre el origen de sus nombres. En este caso, a las afueras de Pittsburgh, Pensilvania, se alza el que puede ser un punto de retiro para los días agotadores. Música en directo gratuita, comida americana In God We Trust y más de 100 cervezas para elegir. Aún me quedan por probar...

El plan estaba hecho: día de cumpleaños, concierto gratuito, buena cerveza y seguro que buena compañía. Ah, y música. Jazz/Funk, se comentaba en la publi del grupo para esa noche en el Bocktown.

Las 9 en punto (eso aquí entre semana es casi trasnochar) y en un pub más vacío que lleno, un par de guitarras, un bajista, un teclista y un batería se colocaron en una esquina del pequeño garito, sin hacer demasiado ruido. Pero pronto se empezaron dejar a escuchar.

El repertorio estuvo más que divertido. Con mezclas de todo tipo. Tiempo para el baile con un funk super atrevido con unos teclados que sacaban humo. Tiempo para el relax con canciones que hablaban de la cárcel. Tiempo para lo acústico, con voces profundas que transformaban el bar en un ambiente sesentero que ponía los pelos de punta. Y tiempo, cómo no, para la improvisación. Con melodías arrítmicas, difíciles de seguir con las piernas, pero que seguían enganchando.




Durante más de una hora, en la que dio tiempo a seguir con la degustación de cerveza, estos tipos animaron mucho el ambiente. Y lo que en principio no era más que una restaurante americano con unos paisanos tocando un bolo se convirtió en un pub con todo el mundo de pie y pasándolo en grande. Os dejo aquí el MySpace de Back Stabbing Good People (aunque sinceramente, en la web tienen menos ritmo que en directo).

Estos tipos nunca lo sabrán (bueno sí, porque se lo dije). Pero hicieron que el día de mi cumpleaños fuera consciente de dónde estaba. Aquí. Y con ganas de que esto no pare. Porque, no nos engañemos. Todo acaba de empezar.



11 febrero 2012

Stafas en la sala Derry

9 de febrero del 2012

El rock patrio siempre ha contado con músicos que, como de flor en flor, cambian de grupos buscando nuevas sensaciones. Un cambio de estilo (o no). Una evolución (o no). Proyectos de renovación que marcan la senda musical de estos personajes que siempre hacen cositas buenas y que no pueden evitar estar sobre un escenario, por pequeño que sea. Stafas parece ser uno de esos proyectos, en este caso, liderado por Michel Molinera, un ex canalla. Y quién no lo es.

Sin ni siquiera una escuchada previa al último disco, Volverán los viejos tiempos, ni lectura de críticas en blogs amigos, me presenté en la Sala Derry de Leganés para ver de qué iba esta nueva noche de rock and roll. Y de paso, tras muchos años sin hacerlo, volver a pisar Leganés para asistir a un evento musical.

Con puntualidad extrema empezó el bolo. En una taberna irlandesa, en una esquinita, donde se improvisó un escenario que suele estar bastante concurrido (la programación de la sala, con conciertos gratuitos, es extensa). Batera, bajista, guitarrista y cantante pusieron sobre la mesa las canciones de su último álbum. Volverán los viejos tiempos, Me he acostumbrado, Dos corazones. Sonó especialmente bien (el sonido no fue bueno, al fin y al cabo no es una sala de conciertos) Déjame decirte, que me pareció de las más potentes del breve setlist (con la misma puntualidad que empezaron, terminaron en poco más de una hora).

Con un Michel Molinero con una voz genial y un carisma de esos que distiguen a los que valen para liderar una banda (él sí) y dejar siempre un pequeño grupo de nuevos seguidores después de cada concierto, la propuesta en general tampoco es nada del otro mundo. Es rock nacional. Simple. Sin virguerías. Con letras apoemadas que dan fondo y que intentar cargar de fuerza al guitarreo. Canciones que exprimen la voz y donde los estribillos son cortos o largos, pero siempre con algo que decir. Que puede ser burdo o delicado, o mezcla de los dos.

Con una afición especial por las versiones de coplas y un mono tabaquil patente, Stafas puso el toque de humor en un concierto (sinceramente, me pregunto si es un acierto meter este tipo de canciones en un disco...) que además de dármelos a conocer, me sirvió para no olvidar a todos aquellos grupos que intentan ganarse un hueco en el difícil mundo de la música.

Va por vosotros.

29 enero 2012

Black Rock y Nagasaki en Audio Rock

28 de Enero del 2012

Una noche de metal nunca se puede dejar pasar por alto. Y más si es en Vallecas. Y más si es en una nave de un polígono industrial rodeado de edificios siniestros y coches siniestrados. El marco estaba más que preparado.

La sala Audio Rock acogía la presentación del disco Nagasaki, de la banda de metal que tiene el mismo nombre (no confundir con el grupo japonés de metal de verdad). Junto con ellos, Black Rock hizo de artista invitado, aunque para mí se convirtieron en la auténtica dinamita de la noche.

Tras un pequeño problema de logística interna, el concierto empezó puntual a las 22 horas, recién entrados al local. Un primer vistazo al escenario y a la sala dejaba claro dos cosas: la primera era que Black Rock, con un guitarra desvocado y una cantante explosiva, iban a dar que hablar. La segunda era que el poco público presente esperaba más a Nagasaki, pues la distancia entre el escenario y el respetable era importante. Aun así, cerveza en mano, nos acercamos lo posible para saltar y empaparnos del heavy ochentero que puso Black Rock encima de la mesa.

Con una puesta en escena subidita de watios, como era de esperar, y con un componente menos (el teclista hizo mutis por el foro y su sonido se tuvo que "reemplazar" por una grabación), durante cerca de una hora se vio un espectáculo divertido, ameno, potente. Digno de un concierto de heavy, el bolo motivó al personal, que aunque le costó entrar en calor, al final no le quedó más remedio que dejarse llevar por el metal. Sirva como ejemplo el vídeoclip de En mi cama, donde se queda claro que las sorpresas que te encuentras al día siguiente de una borrachera no es sólo cosa de hombres...En su Myspace, cuando se cambie el link (actualmente debe estar dirigido a Megaupload), podréis descargaros gratuitamente el primer disco de la banda.



Tras una media hora de descanso y buena música de fondo, apareció Nagasaki en escena. A priori, la propuesta parecía prometedora: dos teclistas, bajista, guitarrista, batería con kimono y cantante melódico. Y cuando digo "parecía prometedora" quiero decir "decepcionó". Más allá de las letras, que me parecieron bastante ñoñas para un grupo de metal (pasamos del "¿Qué haces en mi cama?" de Black Rock a "si estiro la mano sé que te puedo tocar" del Sin Rumbo de Nagasaki), la voz del cantante no daba la motivación necesaria en una banda de metal, la esencia, esa mala leche y descarga de adrenalina.

Además, hubo un break donde se tocaron en semi-acústico dos baladas que acabaron por romper el ritmo del concierto. Y luego no hubo manera de levantar aquello. Destacar que la canción instrumental que se marcaron dejó evidencias de que los músicos son buenos, sin duda. Pero a mi entender, aún les falta dar con la tecla adecuada.

Noche del sábado en uno de los barrios con más tradición de tugurios, música entre cualquier pared y músicos y grupos madrileños de todos los palos (desde Ismael Serrano hasta Ska-P). Anochecer que empezó con gran fuerza pero que poco a poco se fue disipando en la sala Audio Rock.

Mejor al revés.

21 enero 2012

Los Corizonas en la Joy Slava

20 de Enero del 2012

Este país está de enhorabuena. El momento musical por el que atravesamos es bueno, después de unos años en los que parecía que estábamos condenados a seguir escuchando a los clásicos de siempre para limpiarnos los oídos por lo que nos llegaba a través de la radio y televisión patria. Puag. Pero ya no. Eso se acabó. Hoy día grupos como Corizonas, situados en la cabeza de la popularidad tras la unión de Arizona Baby y Los Coronas, se escuchan por doquier y son capaces de abarrotar la sala Joy Slava en su primer concierto en Madrid. Esto es otra cosa.

Una propuesta interesantísima. Mezcla del más puro country rock and roll y el surf americano instrumental de los años 70 en la USA que enamoró, esa marcada por hippies, sueños, ilusiones. Y el resultado no puede ser más alentador. Música que engancha desde la primera escucha, y que sin darte cuenta te lleva a mover pies, manos, cuerpo y liberar tu mente.

Con bastante puntualidad empezó el concierto y todo fue como cabía esperar. Los temas de The News Today, el primer album de Corizonas tras la gira que provocó su unión, es genial. Ritmos que combinan perfectamente el rock y el surf. Las películas de vaqueros con las olas del mar. Letras que estimulan y que hablan de limpieza de pecados. De despertar. De sentir que se está vivo. De querer seguir creyendo. Y todo ello acompañado por una banda que, pese a partir de épocas y estilos diferentes, se han compenetrado a las mil maravillas para hacer algo que les gusta. Que nos gusta. Y eso se nota.

Enlace

Una acústica muy buena, como suele ser habitual en la Joy, ayudó a que Run to the River, Thieves and Liars o The Falcon Sleeps Tonight retumbaran en toda la sala como un ciclón, que junto con los cánticos del personal allí presente, convirtió el concierto en una auténtica fiesta. Además de la música, el concierto estuvo acompañado en todo momento de vídeos al fondo del escenario que, por si fuera poco, aumentaba esa sensación de viaje en el tiempo y en el espacio, a un lugar donde nada importaba excepto la humanidad.

Es cierto que el sonido de Corizonas tiene un problema: y es que ese mitad hombre mitad bestia llamada Señor Marrón que toca la guitarra sentado como si la vida le fuera en ello y que es buenísimo se luce menos que en Arizona Baby, donde sin batería ni tanta guitarra eléctrica, quedaba un sonido mucho más limpio, que los puristas encontrarían más agradable. Sin embargo, pese a esto, el resultado no podría ser mejor.

Tras una más que merecida mención a la labor de Radio 3 por los grupos emergentes, y una versión de Wish You Were Here genial, una bajadita al infierno con Nothing is sacred y dejar claro que I am (What I am), se dejó paso a una gran rueda de luces en el fondo y todo se transformó en una alianza Corizonas con el público que fue la manera perfecta de empezar el fin de semana.

Nos gustan las aventuras. Y esta unión parece una grande, en los tiempos que corren. Una en la que se desafía lo convencional y donde el público ha respondido. Mucha suerte en el viaje y que el sueño no desvanezca. Por el bien de todos.

19 enero 2012

The Gift en el Teatro Lara

18 de Enero del 2012

Sí. Para qué nos vamos a engañar. Tengo debilidad por The Gift, y especialmente por Sonia Tavares. Quizá por esas composiciones tan curradas que desde Vinyl he acompañado. O porque se convirtió en uno de esos grupos que abrió las fronteras portuguesas a mis listas de grupos de música. O simplemente porque son un grupazo, que hacen algo diferente y que engancha.

Tras sacar hace menos de un mes su sexto trabajo, Primavera, y después del exitazo de Explode, el grupo se va a marcar una gira de dos meses por toda la península presentando este álbum operístico donde un tema enlaza con otro y todo en sí forma una narración de una primavera cualquiera. Con ello, y como suele ser habitual en las actuaciones de The Gift, el teatro se convierte en el escenario perfecto. Tras esos dos meses, Sonia, embarazada a más no poder, se tomará un respiro, por lo que esta gira suena a algo así como drogarse antes de una larga etapa fuera del stage.

El Lara quizá no tiene el encanto de otros teatros madrileños. Algo descuidado, especialmente el anfiteatro, donde los asientos parecían tablones recién cortados y la iluminación era pésima para acceder a la localidad; sin embargo el escenario y la platea quedaron geniales. Lleno de instrumentos, a cual más peculiar, distribuidos aleatoriamente, sin orden establecido, y aunque con algunos problemas de sonido, con buena acústica.

El concierto-ópera-obra se compuso de dos partes. La primera de ellas integrada exclusivamente por temas de Primavera. Donde el sentimiento, la voz grave y profunda de Sonia y el piano de Nuno acabaron por crear un ambiente nostálgico y calmado con La Terraza, Meaning of life o con el tema principal del disco, Primavera. Una atmósfera delicada, tranquila. Sólo interrumpida por los comentarios de Sonia y Nuno, este útlimo especialmente hablador en el concierto para lo que suele ser normal en él. Destacar especialmente Blindness, con toques de lo que fue The Gift en los primeros discos. Voces de fondo, electrónica suave de base. Especial.



La segunda parte, explosión. De color. De ritmo. De Primavera. De The Gift. Instrumentos de colores. Vestidos llamativos que dejaban al descubierto el nuevo perfil de Sonia. En este segundo acto, temas como Race is long, Singles o Fácil de Entender nos levantaron del asiento más de una vez, al teatro abarrotado. Para terminar, y tras casi dos horas de espectáculo con descanso corto entre acto y acto, In Repeat. El quizás sea, junto So Free, de los mejores temas con base electrónica de la banda. Nuno sacó aquí su theremin para que al final nos fuéramos con la sensación de que, aun siendo miércoles, queríamos más.

Otro concierto donde Sonia sigue demostrando que su voz es especial, mezcla del alma de los fados y la profundidad de las mejores voces femeninas de siempre. Donde Nuno dejó claro que es un músico de los pies a la cabeza. Y donde quedó patente que The Gift, en España, gustan. El día siguiente, otra vez lleno el teatro.

Até breve.

12 enero 2012

Noche Funky en la Sala Siroco

11 de Enero del 2011

Nada mejor para empezar el año que asisitir a un concierto de un estilo poco común en este blog. Hablemos un poco de Funky. Y es que este este género creado, como suele ocurrir, por los afro-americanos y que combina R&B, jazz, soul y algunos matices de otros tipos de música, tiene poca publicidad en la capital, al menos en las fuentes que este blog suele manejar. Sin embargo, la noche Funky organizada por la Siroco puede ser el comienzo de una gran alianza OpiO-Funk. Por qué no.

Para los que somos incultos musicales en este ámbito, los grupos de la noche, Funkin' Donuts y Nazan Grein tenían la misión de hacernos ver que no sólo Jamiroquai, Michael Jackson y la panda de clásicos (Hendrix, Stones, Corea, etc.) pueden hacer buen Funk. Sino que aún hoy, en España, existe una buena cantera para que este género, que siempre estimula, siga pululando y haciendo levantar las manos al personal.

Turno de Funkin' Donuts (no confundir con The Funkin Donuts). Tras un pequeño traspié al subir al escenario, este grupo de 6 se comió el mundo a base de rimas, ritmos pegadizos, letras divertidas y mucha, mucha energía. Canciones alegres y positivas, con melodías que se metían en el cuerpo y que te hacían fluir como si los conociéramos de toda la vida. Jugando, además, con la electrónica, metiendo bases al más puro estilo hip-hop y combinándolas muy bien con los instrumentos de toda la vida.

Atraco Perfecto y Fiesta Cuarto Computador pueden ser buenos ejemplos para que os hagáis una idea de lo que estamos hablando. En su página web podéis encontrar más sobre este grupo que creo merece la pena seguir y, si podéis, dejaros caer por uno de sus conciertos para animaros y divertiros. Puede convertirse en un buen plan para empezar una noche con ganas. Y es que, si te paras a pensar, poco se necesita para montar un guateque en tu dormitorio.



Nazan Grein hizo su puesta en escena con un formato diferente. Con trombón, trompeta y saxo, se veía que el bolo iría por otros derroteros a los presentados por Funkin' Donuts. Con un estilo más decantado hacia el jazz y la fusión del funk con estilos tan dispares como el beat-box (espectacular el solo que se marcó el cantante con un juguetito graba-sonidos a mitad del concierto), Nazan Grein, con un bajista colosal, hizo las delicias de la peña con canciones anárquicas, muy al estilo jazzero de jam sessions, pero sin perder la cordura entre las notas.

Temas largos, muy currados; todo con un toque en clave de humor que se agradece para no perder el hilo de la actuación. AgroFunk y, sobre todo, el vídeo-corto El Robo del Funk os darán una idea de por dónde van los tiros. De hasta dónde son capaces de llegar para promocionar un álbum (Funky Lights). En su MySpace, más material.

Una noche que ha devuelto, entre otros a este blog, la sensación de que un género como el Funk, divertido, alegre y estimulante sigue vivo entre las paredes de la noche madrileña. Y sin rebuscar demasiado.

Que sí. Que sí. Que Funkin' Donuts somos todos.

24 diciembre 2011

Depedro en la Sala Caracol

23 de diciembre de 2011

Han pasado ya unos años desde que, con su disco homónimo en mano, Depedro se presentara en la plaza Mayor de Cáceres a enseñarnos su trabajo. De aquella actuación salieron nuevos seguidores, en los que me incluyo, que le han mantenido la pista desde entonces porque, no nos engañemos, son una buena panda de músicos.

Con Nubes de Papel, todo se mantiene. Esas melodías sentidas. Con la voz espectacular y potente de Jairo, que tras la experiencia de La Vacazul, parece haber encontrado un resquicio en el panorama musical español donde, con un grupo de músicos geniales, dar rienda suelta a sus letras. Profundas y alegres. Sentidas y heroicas. Que dan valor y muestran algunas claves para hacer la vida más sincera. Más sencilla. Más llevadera.

"Hola, soy Lucas y soy el telonero". Con una presentación así de sencilla uno de los miembros de Depedro, Lucas, apareció guitarra en mano para enseñarnos lo que sabía hacer. Y entre broma y broma, durante media hora nos hizo reír y disfrutar. Llenó la Sala Caracol (espectacular en ambiente, sonido y cerveza, como siempre) de los primeros coros de la noche. Temas de Piscinas Vacías que recordaban a otros cantautores que son lo suficientemente emotivos, pero sin llegar a lo ñoño. Todo un reto, pues lo normal es que se te vaya la mano y te acabes convirtiendo en Marc Anthony.

Con Jairo sobre el escenario a las 22:30 horas se dio paso a un concierto genial. Divertido. Lleno de invitados. Con un sonido casi perfecto. Con un setlist que mezclaba temas del disco debut de Depedro y Nubes de Papel. Un disco, este último, con melodías mucho más refinadas. Un disco cuyas letras y ritmos enganchan cada vez más a medida que te detienes en los detalles. En los matices de acordes, de voz, de instrumentos (acordeones, xilófonos, percusiones, melódicas, bases electrónicas...). Muy bueno.



La Llorona, La memoria, Equivocado, Chilla que tiemble...Incluso hubo hueco para una versión de Blister in the Sun, de Violent Femmes. Por supuesto también estuvieron Como el Viento, Tu mediodía y una versión excelente de Don't Leave me now, que aunque en el disco es un poco lenta, la participación de Amparo Sánchez (Amparonia) y de un trompetista acojonante que se dejó los pulmones en un solo que hizo temblar los cimientos de la Caracol, la transformó en una canción genial.

Tras un bis de casi media hora, Comanche cerró una noche víspera de nochebuena que servirá para que más de uno termine el año como dios manda. Con música, a lo loco y gritando a los cuatro vientos: Soy más de lo que crees; Estoy llamando a tu puerta, esa que nunca está abierta.

Esa que voy a romper.


17 diciembre 2011

Sons of Rock y Electric Fence en Rock Palace

16 de diciembre del 2011

Sabía que la cercanía del Rock Palace iba a servir como excusa para acudir más a menudo de lo normal. Hasta el punto de que esa proximidad podría inducirme a la trampa del dejarme llevar y tragarme cualquier cosa. Pero más allá de esta teoría, la segunda noche entre las paredes de la remodelada sala de ensayos fue genial. Suficiente como para ganarse el término "Rock" en su nombre.

Sons of rock cerraron la gira que les ha llevado a presentar su último disco, Rock your Soul. Con un esquema de grupo, desgraciadamente, poco habitual, la cantante y guitarrista principal se echa el grupo a las espaldas sobre el escenario, aunque con un equipo que en absoluto desentona.

A pesar de no tratarse de una voz de esas que marcan una época, la banda transmite rock, que es lo que verdaderamente importa. Ritmos clásicos que amenizan veladas y que mantienen viva la noche, que en Madrid, y gracias de nuevo al Palace, sigue coleando con grupos que usan estos escaparates para encalamarse a la escena del rock nacional. Incluso se lanzaron con una versión del Come together de los Beatles. De su página web podéis bajaros los discos de la banda (que ya van por el tercero). Merece la pena echarles una escuchada y seguirles la pista. Suerte.

Tras un breve descanso para el trabajo de los pipas, Electric Fence se subió al escenario con una dosis extra de mocos en sus conductos nasales y sin mallas de leopardo.



En una sala poco transitada, bien por intimidación o simplemente por alcohol insuficiente, la gente mantuvo la distancia con el escenario en las primeras canciones, como si realmente hubiera una valla eléctrica entre el grupo y su gente. Pero poco a poco los watios de la valla se fueron trasladando a donde tenían que estar. A las guitarras, al bajo, la batería y a la voz y cuerpo del cantante, que bien se encargó de sobreponerse al estado catarroso pre-navideño para brindarnos una actuación más que decente. Fever, Look Out o Get some rock and roll tonite continuaron la esencia dejada por los hijos del rock para convertirnos en adolescentes de este estilo musical que, simplemente, agranda nuestras almas.

Con balada incluida, también hubo momento para el versionado de canciones. En este caso, y con toda la admiración que se puede enviar al más allá con estas humildes teclas, Sin City de AC/DC resonó en la sala con una fuerza tremenda. Digna del temazo que es y de Bon Scott.

Gran noche de más de dos horas de rock en una sala que desde su inauguración no hace más que darnos alegrías e inyectarnos un poco de pasión. Un poco de desvergonzonería. Un poco de mala ostia. Vamos, Rock and Roll.

Yeah.

20 noviembre 2011

Andrei Oid en la Casa Encendida

19 de Noviembre del 2011

En una nocha loca y fría, con lluvia y con pocas alternativas a la vista, La Casa Encendida siempre ofrece un plan al que poderse acoplar. Ya sea audiovisual, exposiciones, teatro, etc. este enorme recinto subvencionado por Caja Madrid (perdón, Bankia) intenta transmitir con cultura una serie de valores basados en educación medioambiental y solidaridad. Aunque muchas veces se haga de manera tan abstracta que uno no sabe si lo que está viendo es cultura o un insulto al intelecto.

En esta línea (de cultura, no de insulto), actualmente está activa una exposición relacionada con la cultura rusa ("La Caballería Roja"). Paneles y proyecciones sobre la antigua URSS que dan idea de lo cruda que fue aquella realidad, especialmente para los millones de personas que perdieron sus vidas por la, llamémosla, causa comunista. Sin embargo, la exposición presenta a todos los artistas que, a pesar de la época que les tocó vivir, pudieron (o intentaron) desarrollar su creatividad, incluso con el estómago vacío.

Mucho más liviano (a priori) y menos áspero y despiadado era el concierto de Andrei Oid en el auditorio de La Casa Encendida. Música electrónica, de nuevo, al servicio del hombre. Aunque en este caso, bastante decepcionante. El joven artista ruso no cumplió las expectativas de lo que se espera cuando se asiste a una actuación liderada por la máquina en lugar de por el instrumento: momentos épicos que te atrapan; ritmos que se meten en tu cabeza hasta días después de haberlos escuchado; imágenes metálicas o industriales asociadas a la frialdad de la electrónica. Nada de eso tuvo el concierto.



Acompañada por unas imágenes repetitivas (hagamos un cálculo rápido: una hora de concierto, un vídeo de 5 minutos, 12 repeticiones del mismo vídeo), la electrónica desplegada en un auditorio donde la gente se quedaba literlamente dormida, fue muy fría. Y este sea quizá uno de los peores adjetivos que se le puede dar a una música creada para levantar ánimos en momentos de bajón.

Las imágenes del vídeo, además de ser bastante insípidas, no transmitían nada, en gran medida porque la música no era su mejor cómplice. Si a esto le sumamos que la puesta en escena consistía en una mesa rodeada de velas y saturada de cables y de enchufes (la postal era desordenada e incluso peligrosa), el concierto resultó bastante bochornoso. De hecho, hubo quien no aguantó y se levantó antes de tiempo, prefiriendo seguramente una cerveza en Lavapies.

Tras esta experiencia (buena o mala, lo es), un concierto en directo de música peruana, un pisco sour y una papa rellena hicieron que el sábado cambiara de mediocre a sabroso y amable. Lo que no nos dio la electrónica, lo conseguimos con folclore sudamericano.

Así es Madrid.

11 noviembre 2011

Albert Pla y Pascal Comelade en el Círculo de Bellas Artes

9 de Noviembre del 2011

Bienvenidos al mundo de los sueños. Un mundo onírico lleno de marionetas, siamesas, DJ's. Donde hay lugar para todo aquello que piensas antes de dormir. Sí, sí. También hay sapos amarillos, instrumentos pequeñitos y sombras, adornadas con capirotes de papel, burbujas y globos de colores.

Así es el espectáculo de la dupla Albert Pla y Pascal Comelade. Una oda a nuestros pensamientos más profundos antes de sumergirnos en el sueño. Somiatruites, obra teatral y musical acompañada de la crudeza de las letras de Albert Plá y la música de Pascal Comelade. Una mezcla perfecta si pensamos en voces suaves e instrumentos diminutos y agudos.

Con una escenografía que transmitía ternura y unos personajes presentados, como no podía ser de otra forma, con música, Pla y el resto del reparto nos transportan a un subconsciente gobernado por uno mismo. A una escuela donde caben aquellos que sueñan con volar; con hablar como los chinos o incluso conque su padre le deje de pegar. Porque así es la vida. Divertida y cruel en la misma frase. Y así es como la entiende Plá.



También el insomnio fue cuestión de estudio. Con sonidos estriónicos y desacompasados con los instrumentos minimalistas, Pla fue capaz de crear incluso agobio; de reproducir esos momentos en los que no se puede dormir por las vueltas que le damos a la toda la información que nos llega; todo aquello que no podemos procesar y que nos impide conciliar el sueño. Fantasías raras que nos hace levantarnos de la cama, abrir los ojos e intentar dejar la mente en blanco. Pero resulta imposible.

En este estudio al interior de la mente tienen lugar el "lo dejo para mañana" y echar de menos a los que ya no están. Todo en clave de humor sin perder la esencia de la lírica profunda y desgarradora. Un estilo que a pesar del ambiente infantil creado sobre el escenario hacía vislumbrar una vida paralela dura. A la vez que dulce. Terrible. A la vez que divertida. Y Paco León, por qué no.

Un paseo especial. Y si es en forma de susurro (un sonido espectacular en el teatro) para no romper el ritmo de nuestros pensamientos, perfecto. Porque Pla es así. Tiene esa mezcla rara que encandila, sea en catalán o castellano.

No sólo sobre sueños trató. También sobre la diferencia. Su anterior disco donde recogía canciones tan profundas como Ciego, que a base de rumba catalana, enseña y explica, clarísimamente por otro lado, lo que es el amor. Nada más y nada menos. En una sala oscura, con su habitual casco de tres luces, y paseando entre el público con su guitarra, Pla fue discurseando la letra de la canción. Impecable.

Sobra decir que, más allá de estremecer, se trata de un concierto teatral más que recomendable. Tanto si quieres reír como si quieres escuchar y dejarte llevar por la tristeza. Aunque siempre encontrarás una burbuja, un sueño, detrás de tanto sufrimiento. Porque somos libres de soñar lo que queramos. E incluso de hacerlo realidad.

Y sí, soy amigo de Teófilo Garrido.


06 noviembre 2011

Motociclón en Rock Palace

5 de Noviembre del 2011

Siempre es una alegría ver que más allá de garitos que cierran; de salas que se cansan de pedir permisos en este mundo burocratizado; de programas de televisión y cadenas de radio que nos abrasan los oídos con las mismas canciones día tras día; de ver cómo los discos son cada vez más caros con menor calidad en su edición; sigue habiendo luz. Y esa luz se presentó, en este caso, como reapertura de la sala Rock Palace.

No sólo es unas cuantas salas de ensayo o una sala de conciertos con aforo más que limitado. Se trata de un símbolo del panorama musical madrileño que, pasándose la crisis del ladrillo por la entrepierna, ha dedicado tiempo y esfuerzo en renovar sus instalaciones.

Durante todo el fin de semana (en Madrid éste empieza el jueves) se han estado organizando conciertos para celebrar tan magno acontecimiento. Los Imperial Surfers, Novak o Tetallica se subieron al escenario, entre otros. Y el sábado le tocaba a Motociclón y a Novedades Carminha, lo que prometía ser la prueba definitiva para ver si los cimientos del edificio estaban preparados para una verdadera dosis de watios y saltos de los asistentes.

Con puntualidad cuasi escrupulosa, a las 23 horas dio inicio el concierto de Motociclón, en una sala llena de gente (entre ellas, personalidades del mundo de la canción), bien insonorizada y con un precio de la cerveza bastante decente para tratarse de un bolo gratuito.



Y el grupo se dejó de tonterías desde el principio. Nada de ir poco a poco. De escatimar, de especular con la intensidad sobre el escenario. En el minuto uno aquello se convirtió en una fiesta en forma de punteos heavies, de letras divertidas y desenfadadas y de brincos, de implicación con el público y hasta de chistes verdes.

El grupo vallecano dio un recital de directo, acompañados por unos cuantos seguidores acérrimos que coreaban las canciones de su último disco, Gentuza, título muy acorde con la situación actual que vivimos. Una mezcla de punk y de heavy que es imposible que quede indiferente a nadie. Más aún si se leen los cortes: Autofelación, Carne de recortá o Los explotagüevos. Pero quien piense que estamos hablando de un grupo sin sensibilidad, se equivoca. Muestra de ello es su balada Comiéndote el ojal en un 127 abandonao. Puro pasteleo musical. Cerrando con Air Guitar (guitarras del rock), estos tíos consiguieron que la sala se fuera a fumar un cigarro con una sonrisa en la boca y con la sensación de que la noche era muy larga y acababa de empezar.

Más tarde llegó el turno de Novedades Carminha que, a pesar de pintar muy bien y de prometer mucho, varios compromisos nos impideron quedarnos en esta (para mí) nueva sala de conciertos. Sala que cumple varios requisitos imprescindibles: cerca de mi casa, cerveza buena y barata y una panda de colgaos capaces de, con los tiempos que corren, seguir apostando por los grupos nuevos y darle la oportunidad a aquellos que no lo son tanto.

Con dos cojones.

04 noviembre 2011

Los Cuantos en la Sala Sol

3 de Noviembre del 2011

Érase una vez un grupo de rock, por ejemplo. No uno convencional. Aparentemente podría parecer que sí lo era. Pero no lo es. Lo acabo de decir. Un batería, una teclista, dos guitarras y un cantante. Combinación capaz de descomponer la partitura más cuerda, más sensata, más melódica, en fracción de segundo. Ya.

Tras varias intentonas por asistir de nuevo a un concierto de Los Cuantos, con el recuerdo de una sensación de boquiapertura que me provocaron en el III Ferrarra Festival, por fin tenía la oportunidad de confirmar si aquello fue flor de un día. O si, y como suele ser habitual, las primeras impresiones cuentan. Enlace
El concierto servía de presentación del disco de descarga legal gratuita (pinche aquí) Love, Love, Love. Que puede que salga ahora, pero sus canciones llevan retumbando en las salas españolas durante algún tiempo. Tiempo que ha servido para crearse una panda de fieles seguidores animosos o, por el contrario, que buscan animarse con blues, jazz, psicodelia. Locura mezclada con un toque de sosiego. Pero sólo un poco.

No venían solos Los Cuantos en esta noche lluviosa. Les acompañaba Southern Arts Society (SAS). Grupo sevillano compuesto por tres sevillanos y un inglés. Y esto es de todo menos un chiste. En una Sala Sol bastante desolada, SAS nos trajo su último disco, Another life, completo de influencias pop-rock e incluso electrónicas. Melodías muy elaboradas pero a la vez agradables y fáciles de seguir para ser la primera vez que los escuchaba. Canciones potentes como Religion, The Window o Andalusian Morning. Tanto, que hasta el techo se les venía abajo en forma de poliespan. Música sin tapujos para cualquier momento del día. Contáis con mi seguimiento en MySpace. Hecho.



Poco a poco fueron Los Cuantos organizando su terreno. Cable por aquí. Cable por allá. El teclado aquí. Este taburete asao. Luego daría un poco igual, porque cada cosa acabaría en el otro extremo, pero es importante empezar organizados, para que el caos lo sea más aún.

Si no les has visto antes, quizás te llame la atención que todos los componentes empiecen sentados (a excepción de la teclista). Repito: empiecen. O quizá el ritmo frenético de la pierna del cantante. O quizás simplemente la belleza de la teclista. Pero esas percepciones se esfuman en el momento en el que todo empieza a sonar. Un halo de estridencia en los temas que desahoga.

Como era de esperar, dieron un buen repaso al disco, pero a diferencia de lo que creía, se desmarcaron con otros temas, mostrando que no sólo de Love vive el grupo. Love, Love, Love, Tree of Wood, His eyes keep moving towards her explotaron en la Sala Sol, entre otros, acompañados de un ajetreo continuo sobre el escenario (lo que me impidió sacar alguna foto decente del grupo).

El setlist fue intenso y corto, con un sonido bastante deficiente que, para quienes escuchaban al grupo por primera vez, pudieron llevarse la sensación de demasiado descontrol sobre el escenario. Fue una pena el no poder captar cómo la más absoluta anarquía se transforma en armonía melódica. Aspecto que se aprecia con creces en los temas del disco pero que en el concierto se perdió. Especialmente en The Roof, que considero el mejor corte del disco.

Con Hang me high Lord y un bis cerraron la noche, con lanzamiento de disco incluido. Noche cerrada por nubes y lluvia, pero que en La Sala Sol se abrió para dar esperanza a los buenos grupos del panorama musical español. Aún se pueden sacar discos y no morir en el intento. Ánimo.

Y...vivieron felices y comieron perdices.

09 octubre 2011

System of a Down en Santiago de Chile

7 de Octubre del 2011

Sudamérica siempre se ha caracterizado por la gran afluencia de grupos de rock, heavy y new metal. Seguramente por el calor de la gente, que a pesar de no venderse alcohol en eventos públicos, gozan de una vitalidad y de una sangre que en ocasiones, se echa en falta en países como España.

Lo que nunca podría imaginar es que en mi primer viaje a Sudamérica. Mi primera estancia en Chile. Mi primera visita a Santiago. Mi primer congreso de hidrometalurgia. Todo ello, coincidiera, en lugar, fecha y hora con mi apretada agenda, con el concierto de System of a Down. Y más allá, que el grupo se hospedara en el mismo hotel que yo.

Cuando les vi en Madrid, lo que vino a ser el final del hasta entonces encumbrado FESTIMAD tal y como se conocía, se cumplían diez años de su primer concierto como banda. El viernes, 7 de octubre, además del partido Argentina - Chile, significaba el final de la gira sudamericana del grupo tras su reciente vuelta a los escenarios. Un cúmulo de casualidades que hacían que todo fuera, si cabe, más especial.

El día en Santiago de Chile se fue cerrando. Después de una hora de trayecto para dar con el estadio Bicentenario, una comida rápida (aquí en Santiago tienen auténticas delicias) y algún que otro altercado con los Carabineros, entramos al recinto. Con respecto a los conciertos en España, dos diferencias significativas: en primer lugar, el amplísimo dispositivo policial y militar, seguramente promovido por los movimientos contra el sistema de educación universitaria en Chile; luego, la no venta de cerveza, que no impide que se anime desde el minuto uno.

A las 20 horas entró en escena el grupo Libra. Grupo de rock santiaguino que no gustó. Ni a foráneos ni a autóctonos. Poca fuerza en la que se supone es su casa. Temas fríos. La gente estaba más dedicada al resultado del partido clasificatorio para el mundial que del escenario. No cumplió con aquello de precalentar el ambiente. Muy necesario, por otra parte, porque la lluvia caía sobre el estadio y, aunque dejaba una estampa preciosa, el agua se empezaba a colar bajo el chubasquero.

Con media hora de retraso, y coincidiendo con el gol de Chile y con el cese de la lluvia, System salió al escenario sin concesiones. Prison Song, Soldier Side and BYOB del tirón. Dando la bienvenida a los miles de personas que allí nos reunimos. Como siempre, un dispositivo de luces y de vídeo sencillo, sin grandilocuencias, aunque con imágnes preciosas de fondo de pista. En cuanto al sonido, muy potente e intenso. Suficiente para hacernos delirar. Cantando. Saltando. Viviendo.


Fotos escasas por la batalla campal "amable" vivida durante el concierto


Especialmente emotivo fue cuando los videomarcadores mostraron una bandera de Chile que exclamaba "Fuerza Estudiantes". Además, Serj se marcó un discurso rindiendo homenaje a todas las naciones sudamericanas que habían sido capaces de sobreponerse al poder dictatorial que hasta hace no demasiado era más común que la democracia.

Siguiendo con la música, SOAD dio un auténtico recital. Más de 25 canciones de setlist de todos y cada uno de los álbumes. Especialmente destacables Needles, Psycho y Holy Mountains. Sin olvidar los clásicos Toxicity y Chop Suey, y a pesar de seguir faltando Soil en su repertorio, tras más de una hora y tres cuartos, cerraron con Sugar, por si había alguien que todavía le quedaba adrenalina.

Una suerte. Un privilegio. Sin fechas aún definidas para el tour de Europa, que me quiten lo bailao. Si ya de por sí esta experiencia estaba llegando a ser estratosférica, este inesperado encuentro la ha acrecentado. Gracias por volver. Gracias por elegir el 7 de octubre para vuestro concierto en Chile. Y Chile, mayor suerte contra Perú.

25 septiembre 2011

No te apures mamá, es sólo música pop

23 de septiembre del 2011

Madrid es una ciudad que siempre ofrece un buen puñado de alternativas. Entre ellas, conocer grupos españoles emergentes que, la mayor parte de las veces y desgraciadamente, no les es posible firmar con algún sello discográfico y sólo les queda el amor del público en los tugurios de la capital. Grupos de los llamados maqueteros que dan vida a un Madrid efervescente y en continuo estado de renovación.

Así surge "No te apures mamá, es sólo música pop", disco recopilatorio de algunas de esas bandas: Hazte Lapón, Cosmen Adelaida, Rusos Blancos, Betacam, Solletico. Podéis escuchar todas las canciones en este LINK. Grupos todos ellos de corte pop-indie que tienen en este tipo de celebraciones su oportunidad. La oportunidad de tener su reconocimiento y, quién sabe, si la oportunidad de tener una entrada propia en este blog. Qué más se podría pedir.


Recordaba la sala Siroco bastante pequeña para un evento en el cual, según facebook, más de 300 personas confirmaban su asistencia o su "quizás asista". De ahí que, aunque la hora de inicio eran las 21.30 horas, 20 minutos antes ya merodeaba la calle San Dimas, dónde un pequeño grupo de 20-30 personas se agolpaban alrededor de la puerta de la sala, aún cerrada.

Tras preguntar al mastodóntico segurata de la sala la hora estimada de apertura de puertas (según él, en unos 10-15 minutos desde entonces), fui a tomar una caipirinha en buena compañía. A eso de las 22:10 minutos, salgo del bareto y, oh, qué sorpresa. Desde la puerta de la sala Siroco hay una cola kilométrica que da la vuelta a la esquina de la calle. En fin, la caipirinha y la compañía merecieron la pena, aunque hubiera que pagarlo en forma de espera.

22:15; 22:30; 22:45. La cola no se mueve. Aquello no avanza. Miento. Sí que lo hace, pero en sentido contrario. La gente sigue y sigue llegando y cada vez más se empieza a colapsar la calle. El paso de un coche supone un ejercicio espectacular de coordinación para no recibir golpes contra los retrovisores del vehículo. Indignado, ahora que está tan de moda, fui de nuevo a preguntarle a mi amigo Puerta que qué previsión había para entrar y si en la sala había suficiente aforo para todo el mundo. A la primera pregunta me contestó igual que hace una hora: en unos 10-15 minutos. A la segunda, no supo qué decir. Así que me volví a mi posición, bastante lejos de la pole de carrera, sin saber si cuando abrieran la puerta podría entrar o no.

22:50; 23:00; 23:10. El nivel de indignación llegó demasiado alto. No es posible que grupos primerizos, que deben entender aquella masificación como una muestra de cariño, fueran los responsables de que se llevara más hora y media de retraso. Alguna razón sensata habría, pero nadie lo explicó. Ni nadie pudo hacer una buena previsión de cuándo se podría entrar a la sala. Un desastre. Una vergüenza. Una tomadura de pelo.

23:15. Ya estaba bien. Así es. Madrid siempre ofrece un buen puñado de alternativas. Y no lo iba a desperdiciar. Más aún. Por eso, sin saber qué diablos pasó. Sin saber si esos grupos merecen realmente la pena o no. Dejé mi puesto en la cola. Y por lo que vino después, me alegré.