29 septiembre 2012

Ol' 74 Jazz en Barley's, Spindale

27 de septiembre de 2012

La gracia de la música es que es universal. Mejor dicho, Universal. Vayas donde vayas, estés donde estés. En tiempo y lugar. Siempre puede haber un grupo, una persona, un instrumento o una historia que te cambie la forma de ver las cosas. Que te haga sentir como nunca. O simplemente que te sorprenda.  

En Spindale, North Carolina, las cosas ya no son como antes. Llamada así por la fuerte industria textil que albergaba, el concepto de economía global acabó por llevarse el trabajo a China, y con él el futuro de muchos de los habitantes que tienen que asumir que ahora viven en una región deprimida donde las cabras, el algodón y semillas de soja son de lo poco que da color al paisaje. Y es en ese ambiente de desolación cuando abrir la puerta de un restaurante puede emitir destellos de lo que el pueblo fue en sus mejores días. De lo que la gente del pueblo todavía es. Este paralelismo con la sociedad americana del Mississipi hace cien años es escalofriante.

Lo que en principio no iba a ser más que una cena con agradable conversación se convirtió en un concierto de jazz de unos tal Ol' 74 jazz formados por dieciséis personas, donde la comida (realmente excelente) pasó a un segundo plano. Saxos, trombón, batería, guitarra y bajo eléctrico, trompetas, teclados. Todo al servicio de aquel jazz de los cuarenta, iniciado en Chicago, y que es tan ameno, divertido, alegre.



Aquí hay hueco para todo. Desde los clásicos de toda la vida como Birdland hasta versiones de Respect donde las piernas y los hombros empiezan a descontrolarse como si tomaran vida propia. Por supuesto que hubo muchos otros temas, desconocidos para mí, pero que gracias a las películas de Woody Allen y All that Jazz Chicago todo suena tan extrañamente cercano y familiar. La incursión de una bella cantante en un par de canciones acabó por dar ese toque sensual que tanto favor le ha hecho a este estilo, a veces no tan fácil de entender. Poca gente se atrevió a irse antes del fin del bolo, pero los osados no podían hacerlo de otra manera que bailando y agradeciendo con gestos a la banda el regalo que les estaban ofreciendo.

La calzone que me calcé bien hubiera merecido un post en sí mismo, pero el concierto, la atmósfera, la delicada situación de una zona venida a menos y un Chevy Camaro aparcado en la puerta me dieron el último empujón para escribir unas palabras. 

Cada vez necesito menos para añadir una entrada al blog. ¿No os parece?

22 septiembre 2012

Dropkick Murphys en el AE Stage

19 de septiembre de 2012

Tenía ganas de ver a estos americanos de raíces irlandesas sobre el escenario. Todo lo que había oído era bueno. Y todas sus canciones suenan a una mezcla de metal, rock, punk y folk que desde luego desata adrenalina que ni siquiera sabías que tenías. Y me apetecía comprobar si el efecto escenario tenía el mismo impacto. 

En el AE Stage de Pittsburgh (American Eagle, uno de muchos edificios corporativos que adornan la ciudad) se unieron americanos (demócratas y republicanos) con faldas, barbas, caras pintadas y latas de cerveza para ver a los Dropkick Murphys. Pero antes, teníamos un par de entrantes para irse haciendo a ese moderno recinto. 

Le tocaba a Elle King. Una cantautora acústica tatuada que dejó música agradable, tranquila y letras que clamaban "Right now lick it good, suck this pussy just like you should". Toda una declaración de intenciones...que dejó tras de sí una ristra de carcajadas y alguna sonrisa picarona que otra. Fue un bolo sencillo, corto y que sirvió para empezar a mover ligeramente los pies. 

Turbo AC's parecían desde la tercera fila un grupo punk que vivía más en su estética que en su música. Y aunque la gente empezó a motivarse para la batalla que estaba por venir, la verdad es que para mí la música del grupo quedó totalmente enterrada por el Let's Go Murphys que el público aclamaba cada 4 minutos y 25 segundos, aproximadamente. Sonidos previsibles, nada nuevo. Melodías secas y ritmos del que cualquier aprendiz de guitarra querría evitar. Sin embargo, resaltar el tema Nomads, que por sorprendente, merece la pena escuchar. Aun así, con un estudio mejor que su directo, fue la nota creciente que hacía falta para calentar al personal. 


Personal que a las diez de la noche se volvió loco. Loco de atar. Loco de remate. Majareta perdido, cuando saltaron al escenario a los que llevaban esperando desde hacía un buen rato. Esos chicos que nada más aparecer desbocaron una batalla campal entre las filas dos y doce. Con The State of Massachusets se sucedió un huracán acompañado por banjos, gaitas, acordeón, guitarras de todo tipo, batería y bajo. Ah, y una voz que bien podía ser la de cualquier grupo de new metal. O del old. Qué puta fuerza.

Con una puesta en escena sencilla, sin alardes de luces y colores o decoración original, los murfis se hicieron fuertes a lo largo de las 2 horas de concierto dode tuvieron cabida Bastards on parade, The Irish Rover, Rose Tattoo y por supuesto, I'm shipping up to Boston, que les lanzó a Hollywood cual polizones. O infiltrados. Con momentos para la acústica (que no el relax), el concierto fue intenso, animado y potente. Muy potente.Incluso hubo hueco para una versión del T.N.T. de AC/DC.

Tras el típico "me voy, no me voy", estos señores no podían despedirse sin hacer lo que más les gusta: rodearse de la gente que se desfoga en sus conciertos. Así que como suele ser habitual en sus actuaciones, abrieron las puertas del escenario y decenas de personas (sólo chicas, al menos al principio) se animaron a bailar y a cantar entre los protas de la noche.

Una noche que bien podría haber sido la de San Patricio. Por el verde de las faldas, la música y la cerveza. Pero sobre todo porque fue cojonudamente divertida.

17 septiembre 2012

Robert Johnson, Buddy Holly, Aretha Franklin, Johnny Cash, Bob Marley...y por supuesto Bobby Darin

16 de septiembre de 2012

Así es. Todos juntos. ¿Que algunos están muertos? ¿Que lo están todos? No, no, no. En el Rock and Roll Hall of Fame de Cleveland, OH, siguen vivitos y coleando. Allí es donde todos los grandes del rock, de todas las décadas; los conocidos y los desconocidos; los que salen en las portadas y los que no; los que tienen la estantería llena de premios y los que murieron sin conocer el éxito. Todos (casi, no nos engañemos) están. Y perdurarán. Por lo que hicieron. Por lo que nos dieron y crearon. 

Un paseo por la historia de este género que proviene de unos y que deriva en otros, y entre medias está lleno de caras, de letras, de acordes, de pasión, de variaciones, de luces, de bailes, de peinados, de trajes, de instrumentos exóticos, de hombres, de mujeres, de grupos, de solistas, de genios, de pobres, de ricos. Sin embargo todo tiene un nexo común: transmitir cosas a través de la música. Grandes cosas que, independientemente de cómo seas, de dónde estés y de quién te parió, te van a calar. Y si no es uno, es otro. Y si no es otro, es uno. Y puede ser con una guitarra de 6 cuerdas o una de doce. O con un banjo y una armónica. O con una voz gangosa. O con un movimiento de caderas. Y qué caderas...

Este museo al rock tiene un encanto especial, más allá de los documentales en pantalla de cine o de que te puedas parar en cada esquina durante horas a escuchar los grandes temas de todos los tiempos, y ponerte a bailar y cantar más fuerte y con menos ritmo que el que está a tu lado. Y ese fondo delicado es que hay un hueco especial para todas las personas que están detrás o al lado del escenario. Nombres que no suenan y que ni siquiera tocan un instrumento. Pero que han ayudado a la creación y a la difusión de eso, tan apasionante, que es el Rock and Roll.


Están Chuck Berry, The Rolling Stones, The Beatles, U2, Greatful Dead, Led Zeppelin, AC/DC,  Tom Petty, Santana, Van Morrison, Iggy, Alice Cooper, Michael Jackson, Queen, John Lee Hooker, The Supremes, Elton John, B.B. King. Una lista casi infinita que, por supuesto, está por terminar. Y que cada año recibe nuevos y merecidos miembros como los Guns N' Roses o los Beastie Boys.

Y ya no habrá programas como American Bandstand que aguantó treinta años del tirón en la televisión americana de la mano de Dick Clark. Pero la cadena no se va a romper. Porque los cimientos son fuertes y están bien profundos. Son más de 50 años los que lleva el R&R como género dando guerra. Y más de nisesabe revelándose. Porque también va de eso. De gritar aquello de que educar significa enseñar a pensar, no el qué pensar. De influir en una sociedad que despertó recogiendo algodón.

Señoras, señores. Un memorial hecho por americanos que deja buen sabor de boca. Quién lo iba a decir. 

13 septiembre 2012

MONO en Mr. Smalls Theater

11 de septiembre de 2012

Como todos sabéis, los recortes abrasan a la educación. Hasta tal punto que van a impedir que los suertudos trabajadores puedan simultanear estudios. Porque hay menos dinero. Porque hay menos profesores. Porque la flexibilidad de los horarios se reduce. Con la decepción del que se ve inmerso en semejante panorama, un día de música, en una calle de Millvale (Evergreen Avenue, cerca de la Terrace de la familia Simpson), devuelve la sonrisa a la cara. Y qué puta (bonita) casualidad. Es un grupo japonés. 

En un sitio remoto, que hasta a la gente de aquí le cuesta localizar, se levanta el teatro Mr. Smalls. Al estilo de las salas Ritmo y Compás en Madrid y el archiconocido Silo en Coria (Cáceres), esta sala de grabación se erigió para dar cabida a la inmensa cantidad de grupos de la zona que ansiaban un refugio. Un sitio donde les escucharan y se les diera esa oportunidad que tanto agradecen y pelean.

Podría ser el caso del telonero de la noche, Chris Brokaw. Pero no. Se suponía un tipo experimentado. Un hombre con mucho camino recorrido y respetado en el mundo de la música como un artista profundo y con personalidad. Y desde luego, si vemos vídeos como We'll see you all at Oki Dogs, podría parecer eso. Al menos alguien con historias que contar. Sin embargo, el concierto fue deprimente. Demasiado visceral. Escasos agradecimientos al público. Parecía que se iba a consumir así mismo sobre ese escenario: ritmos demasiado pausados, letras gangosas. Era la versión triste de Micah Paul Hinson. Pasemos página.


La sala se fue llenando poco a poco, ya terminado el aburrido bolo de Chris, para ver a MONO. Un grupo de 4 japoneses que no necesitan decir una sola palabra para soltar emoción por cada cuerda, tecla, bombo. Y es que este grupo instrumental nacido en Tokio hace más de 10 años no ha parado de inventar melodías que encandilan. Que cautivan. Que envuelven y que resulta imposible que haya alguien a quien no le lleguen. 

Con unos riffs que en ciertos momentos recuerdan al sonido metálico de Nine Inch Nails en sus últimos discos, de repente todo coge forma para acabar en notas perfectamente nítidas, con el momento justo de melancolía y de subidón. Y esa estética tan japonesa que a pesar del sonido desgarrador parece que todo lo acarician con esa delicadeza única. 

Degusten temas como Everlasting night, Burial at Sea o Nostalgia, que ya se encuentran en la guantera de mi coche. Porque además, el tacto en los diseños de los discos se nota. Garabatos y diseños originales con poemas (con algún que otro haiku) que atraen también a la vista, y todo a precio razonable.

Lo único que se echó en falta fue unos sillones tipo puff para haberse podido dedicar en cuerpo y alma a estos nipones en su viaje. Un viaje que llenó de recuerdos de una tierra. De gente. De un sol. Naciente. Épico.

Casi dos horas donde hubo de todo. Menos recortes.

10 septiembre 2012

Lovebettie en Fair in the Park

8 de septiembre del 2012

Pittsburgh es una ciudad de actividades fuera de casa. Sí, sí. Tienes también museos, exposiciones y por supuesto bares. Pero es en las zonas verdes, en las terrazas de los garitos y en las calles donde se cuece lo bueno de este lugar. Y eso, para mí, habla muy bien de la ciudad del acero. 

Este fin de semana se organiza lo que llaman, llanamente, A Fair in the Park. Unos cuantos stands con artesanía local, otros tantos con artefactos curiosos y por supuesto, un puesto de hamburguesas y perritos calientes, y ya tienes una feria local montada para sacar a la gente de sus casas, a pesar del viernes y mañana del sábado pasados por agua. Ah, y gratis. Ah, y con un escenario. Y ya van 43 ediciones.

Ubicado el jaleo en lo alto del parque Mellon, unas decenas de carpas blancas ofrecían jarrones aretesanales, pinturas de Pittsburgh y alrededores, decorativos de hojalata que, dependiendo como se mire, podían llegar a dar miedo en una noche de tormenta en tu casa, mirándote desde la mesilla de noche. Y ya sobre el escenario, los miembros de Lovebettie poniendo a punto sus intrumentos para el bolo. 

Autoproclamados como los pioneros del Swagger rock, a este cuarteto de Pittsburgh liderados por Ali, una chica de armas tomar con el pelo alborotado y las medias de color, le tocaba desplegar su rock arrogante delante de un español con un blog, señores mayores con batamantas y familias preocupadas porque sus niños no se volvieran locos moviendo las caderas (sí, alante y atrás). 

  
Sin parar de agradecer al público (alguna que otra docena) sus aplausos tras cada uno de los temas, Lovebettie se empleó a fondo sobre el pequeño escenario. No sé si fantoche o no, pero la música desplegada tampoco es que sonara excesivamente original. Nada que no se haya re-inventado a estas alturas de la película. Rock con algunos toques de heavy melódico y cada nota de guitarra, bajo o batería enterrada por la voz de la chica. Are you out There, Red Roses o Monsters son el eje central de su último disco, The Red Door. Tampoco faltaron los covers en el parque, destacando el Material Girl de Madonna, muy apropiado para una época de elecciones estadounidenses. 

Tras una hora de concierto, una charla con la banda (venga va, sólo fue con la cantante) y la compra de un par de discos dedicados, Pittsburgh volvió a recibirme como sólo él sabe: dándome a conocer otra banda local que merece la pena seguir.

Dame. ¡Dame más!.

07 septiembre 2012

The Spinning Blowfish, Radge Against the Machine y otros inesperados

Agosto 2012

Cuando uno llega a Escocia, otra cosa no, pero gaitas, sabes que vas a escuchar. Quieras o no quieras. Y si no quieres, ¿para qué vas a Escocia? Con la de sitios libres de gaitas que hay en el mundo. La India, por ejemplo. Ya sería una sorpresa encontrarse un gaitero en una calle de Bombay. El caso es que en Edimburgo se celebraba el festival Internacional (de teatro, de música, de comedia...de espectáculo). Y había guitarras. Y bañeras. Y gente en calzoncillos. Y malabares. Y monólogos. Y claro. También gaitas. 

Pero de entre todas ellas destaquemos la de The Spinning Blowfish. Un italiano, un español y un escocés que con guitarra, batería y gaita se patearon las calles de Edimburgo animando a personas. Levantando ánimos. Alegrando espíritus. Intentando vender discos. Con un estilo divertido, aunque quizás demasiado repetitivo, estos tres chicos acompañaron el ocaso en Edimburgo con gente a su alrededor bailando, bien o mal; aplaudiendo, con o sin ritmo; pero sobre todo, con una misma sensación de pasión. Y ya que estamos en tierra de Wallace: de libertad. 

Edimburgo no es sólo una ciudad a cielo abierto. Sus centenares de pasadizos, muchos de ellos perfectamente conservados, dan ese toque lúgubre, tétrico, a una ciudad con tanta historia sin contar. De ahí que sea habitual chocarse casi de frente con bares como el Whistle Binkies, donde la música en las profundidades de un sótano retumba, y no hay otra que entrar. 

Fue donde Radge Against the Machine tributaban a ese grupo por todos conocido. Californianos que quizá nunca pensarían que un grupo de jóvenes escoces intentarían reproducir sus riffs, repetir sus letras e incluso imitar sus gestos sobre el escenario. Es una tarea difícil la de dar caza a uno de los grupos de rock más revolucionarios, originales y talentosos de todos los tiempos. Pero la cerveza y el whisky ayudaban a imaginárselos sobre el escenario. Los chicos sabían que eso, al menos, estaba de su parte para conseguir la hazaña. Y huevos no les faltaron.

Un viaje lleno de canciones, de ritmos; en cada pueblo, en cada bar, en cada esquina. Notas que empapaban (calaban) hasta dentro y que inspiraban paz. Armonía en esos grandes mantos verdes, cementerios de gigantes, que llamaron algunos. Arcos iris que parecían haber sido inspiración y castillos que transportaban a otros mundos. Agua que manaba como sangre a borbotones. Colores que maquillaban pómulos de cardos, margaritas y roca.

Los blowfish (son colegas) nos acompañaron con sus 5 canciones durante más de 1,500 kilómetros. Fueron testigos de lo que vimos. Ayudaron a emocionarnos y a sentirnos parte de esa tierra que la gente ha hecho suya y de la que se sienten tan orgullosos. Y con razón. 

Porque diez años no son nada. Y porque Escocia es, está claro, muy brava.

07 agosto 2012

Flood City Music Festival en Johnstown

4 de agosto del 2012

Un país donde la palabra pionero tiene un significado especial. Un estado donde la naturaleza, la minería, la industria pesada y varias decenas de comunidades de inmigrantes de primera generación conviven rodeados de memoriales. Y una ciudad que, cada cuarenta años, como un reloj, sufre una inundación. Así es. Se trata de Estados Unidos. De Pensilvania. Pero esta vez no es Pittsburgh. Es Johnstown. 

Conocida como la Ciudad de las Inundaciones (the Flood City), esta población ha sobrevivido desde finales del siglo XIX (ya está bien para ser los USA) a desastres acuáticos periódicos que han llevado a la ciudad a un éxodo casi permanente de sus habitantes, hasta convertirse en un pueblo fantasma. Baste decir que el casco "histórico" está formado por un pequeño parque y un museo donde rememoran la primera de las catástrofes, donde murieron más de 2,000 personas. 

Con un recinto la mar (sin segundas) de humilde, donde humildes puestos de comida étnica daban sabor, humildes zonas ajardinadas daban frescor y humildes hippies daban color (y olor), el cartel del festival lo formaban básicamente grupos de la zona.

El día empezó fuerte, con la actuación de la Chandler Travis Philarmonic. Este grupo de chicos, con una media de 60-65 años, no dejó a nadie indiferente. Ataviados con batas de enfermos de hospital, pijamas con pantalones de los Angry Birds y sombreros con orejas de conejo, dejaron muy claro su estilo desde el principio: "Si profundizáis en mis letras, hablo de dos cosas: de excusas y disculpas o de mi maravilloso y perfecto pelo". Esto, mientras se quitaba el sombrero y dejaba ver un flequillo con calva, demostraba un sentido del humor que quedó patente durante toda la actuación. Y hoy día esto es difícil: ver a una panda de músicos de verdad, tocando clarinetes, trompetas, piano, guitarras, contrabajo, etc. poniendo un toque de humor en cada nota, estribillo o mirada es tan antiguo y poco frecuente que casi parece original. Sirva de ejemplo Fruit Bat. Excepcional.

Tras el descanso rutinario festivalero para el almuerzo (comida polaca), y mientras seguía el movimiento en alguno de los cuatro escenarios del festival (perfectamente preparados para la lluvia), llamó nuestra atención un tal Eric Tessmer. Un tio solitario, con una guitarra, pelo desaliñado. Prometía y no defraudó. Rock y country fundidos en ritmos potentes donde la guitarra gritaba de dolor y pasión a cada puto acorde. Hubo también momento para la espiritualidad, con baladas y sonidos que rememoraban la norteamérica profunda. Claro ejemplo de que hay material para seguir enganchados a este estilo perenne que una vez magnificó SRV. 

Era complicado seguir la senda marcada y aunque Anders Osborne lo intentó dejando algunos destellos de rock sobre el escenario (Eric Tessmer se le unió en ese momento), no se pudo igualar el subidón, la senda, que Eric dejó. Sin embargo, la mezcla de estilos con reggae, boogie y rock fue conseguida, con canciones más largas de lo que me hubieran gustado, pero con una buena dosis de calma y de saboreo de las notas y melodías. 

Llegó el toque soul y funky con The Revelations, que aunque con ritmo en el cuerpo, no llegaron a enganchar como para evitar otra parada para el relax en forma de tallarines y pinchos de pollo al curry. Curry que se entrecortó con la actuación de Steve Kimock y Cia. Con la esepectación levantada (el escenario abarrotado), uno creería que iba a disfrutar de algo grande. Pero de ese tamaño fue la decepción. Melodías tan tan tan elaboradas que aburrían, y eso, en un festival cuya intensidad iba creciendo, no pegaba nada. Tras unas canciones de margen, el Dr. John esperaba en el escenario principal. 

Personaje que no es doctor y cuyo primer nombre es Malcom. Pero, ay madre. Nació en Nueva Orleans y puede ser lo que quiera ser. Y más después de ver cómo a sus 72 años sigue dándole al piano cantidubi y desgañitándose con los clásicos. Con sus clásicos. Como suele ser habitual en estos históricos del blues y R&R, rodeado de una banda genial. Con un bastón adornado y una calavera sobre su piano, este señor de coleta y sombrero extravagante en pelo, se marcó una Revolution, Such a Night como la del sábado. Sin duda, el más aclamado del festival, que despidió con una canción profunda, solitaria, con sus manos entre las teclas. 

Y tras bailoteos relajados llegaba el momento de la fiesta. Que la puso Big Sam's Funky Nation. Un auténtico espectáculo lleno de música de altos decibelios bailable, con guitarreos y con estribillos fáciles de recordar que hicieron que quedaran atras más de 5 horas de festival. Nos importaba una mierda todo, excepto ser, como decían, un Funky Donkey.

Lo que para muchos pudiera ser un hecho para olvidar, en Estados Unidos se convierte en una razón para dar tributo a los caídos, evitar que se pierdan en el olvido y, por qué no, organizar un festival de fin de semana que tenga por nombre el apodo de la ciudad. Porque se suele decir que la mejor forma de hacer de olvidar la pena es acostumbrarse a ella. Es muy interesante ver cómo un pueblo así de deprimido puede llegar a albergar un festival de este calibre, cuando otros (y no miro a orillas del Alagón...) han muerto en el intento. Mezcla de rock, blues, country, clásica, funky que levantan ciudades durante un fin de semana. 

Y no es gratis. Olé sus cojones.

23 julio 2012

Pittsburgh Blues Festival at Hartwood Acres Park

21 de Julio del 2012

En un fin de semana en el que la tristeza ha vuelto a asolar a los Estados Unidos, esta vez en una sala de cine como marco sangriento, el decimoctavo festival anual de blues de Pittsburgh podía servir en parte para aliviar la rabia, dándole salida en forma de acordes. En forma de pelos de punta. En forma de voces rotas y profundas. En forma de letras melancólicas. Y todo ello rodeado, como no podía ser de otra manera, de naturaleza. Y cerveza. Y perritos calientes. Y puestos de Harley Davidson. 

Tras una ruta en coche sencillamente espectacular, donde ciervos, mapaches y otros bichos varios te hacían sentir como un auténtico intruso en esas tierras, surgía la entrada al parque regional Hartwood Acres. Parque que es, y ya son varios, otro de esos puntos que los amantes de los paseos y los picnics deben visitar. Solos o acompañados. Con camioneta o sin ella. 

Con un carisma benéfico (todos los ingresos iban destinados al banco de comida comunitaria, organización encargada de distribuir alimentos a las familias más necesitadas), si había un día que motivaba musicalmente era el sábado. Porque no siempre se tiene la oportunidad de ver a una eminencia viva del blues como Bobby "Blue" Bland. Porque no siempre se tiene la oportunidad de ver a una banda que compartió escenario con Jimi Hendrix y Janis Joplin en el Woodstock original de 1969, como Canned Heat.  Y porque era el día que me venía bien. 

Situémonos. Un verde descampado del Hartwood Park. Docenas de camionetas. Centenares de familias enteras con sus sillas, sus mantas traperas de campo y sus bolsas nevera llenas de hielo, cerveza y bocadillos. Y dos escenarios, uno fijo de tamaño estándar y otro, portátil, tamaño la parte trasera de un camión. Que me parta un rayo si nos os ubicais en una escena de película americana. Sólo faltarían motocicletas, puestos de comida y bebida y algún pasao que otro. Ah, calla. Que también había todo eso. 

Los PGH Blues All Stars (PBAS) en el escenario principal y Jimmy Thakery & The drivers (JTTD) sirvieron de anticipo a las grandes estrellas de la noche. Previamente, Albert Cummings y Jill West & Blues Attack aparecieron tras el telón, pero dificultades técnicas personales y mi embelesamiento por algunas postales que regalaba el paisaje me impideron atenderlos. 

Lo de JTTD fue genial. Hoy día es difícil que a los amantes del blues se nos sorprenda. Tantos años escuchando la misma escala repetitiva crea callo. Incluso a veces pecamos de puristas en este sentido. Pero Jimmy y su banda hicieron un acopio de originalidad para una mezcla super fresca de blues y surf al puro estilo The Shadows o de los recientes Satan's Pilgrims. Sin perder nunca la comba del blues tradicional, supieron atraer al público a su pequeño escenario y encenderlos de dentro hacia fuera. Sobre todo cuando se lanzaron con una versión guitarrera del himno de los USA.


 

Bobby "Blue" Bland (BBB) es de esos a los que la edad no perdona (¿y a quién sí?). Sobre todo porque tiene 82 años. Así que lo mínimo que puede necesitar es cantar desde un sillón que sus músicos desplazan a su gusto por el escenario. Porque le tratan como lo que es. Una de esas personas que tiene todo el derecho a cantar desde donde quiera. Porque un día se le ocurrió mezclar blues, gospel y R&B. Obviamente ya no despierta ese twist en las jovencitas. Sin embargo, sigue siendo muy, muy bueno transmitiendo con su voz gangosa. A las pruebas me remito: una versión del St James Infirmary que me dejó tiritando.

Tras hora y media de congoja con BBB, le tocaba el turno a Canned Heat. Con los miembros fundadores de la banda enterrados ya desde hace algún tiempo (y con historias truculentas, como no podía ser menos), los calores enlatados despertaron una admiración sorprendente nada más pisar el escenario. Bueno, no tan sorprendente teniendo en cuenta su trayectoria y su popularidad en este país de donde salen leyendas musicales de debajo de las piedras. 

Rápido se apoderaron de la noche. Del público (al que con sus ritmos forzó a levantarse de sus sillas con porta-bebidas). De los ciervos. Con un Let's work together, que recordaba a Bob "el oso" Hite. Con un On the road again que gritaba a Alan "Búho ciego" Wilson. Y con un directo lleno de energía y fuerza reivindicando que sí, que tienen un pasado que llevar sobre sus espaldas. Pero que todavía está el horno para bollos. Que todavía pueden seguir llevando el boogie, el blues y el rock a muchas otras nuevas bandas. Con Going up the country el grupo terminó de mostrarse como los aclamados de la noche festivalera. 

Puede que los americanos sean un pueblo con sus cosas. Por ejemplo, que masacre tras masacre en insitutos y ahora en cines la justifiquen con bajas notas en el instituto, la falta de amigos o un porro a los 16, pero nunca con la facilidad de conseguir armamento militar. Sin embargo, como ciudadanos que debemos aprender de las habilidades y virtudes ajenas, son únicos en hacer actos donde se reconozca el trabajo, la dedicación y la pasión. Y encima son eventos divertidos. E incluso benéficos.

Y el blues como música de fondo. Y ya van 18 años. Larga vida. 

31 mayo 2012

Afrika Bambaataa en U street music hall

27 de mayo de 2012 

Quién me iba a mí a decir que asistiría a un concierto de un DJ. Que fuera en Washigntong DC. Que fuera en el barrio donde se crió Duke Ellington y donde otros muchos (Louis Armstrong, por ejemplo) dejaron conciertos históricos. Y que, además, me gustara. 

La U street es de esas zonas de una ciudad que crean afición. Desde una paradisíaca piscina en la terraza de un edificio abierta para todo el público hasta la comida rápida más sucia del mundo (y por tanto, deliciosa). 

Atraídos por ser la cuna musical de Washington (de la buena música), el U street music hall ofrecía un espectáculo bastante atractivo, con Afrika Bambaataa a la cabeza. Un personaje más que popular en los ambientes hip-hoperos y DJeros, por ser de los pioneros del llamado Electro Funk (aunque más conocido como el Grandfather). 

Y después de un poco de Wikipedia, vamos a lo importante. En primer lugar, Nappy Riddem. Un grupo washingtoniano que con ritmos reggaes y funkies resultaron de lo más divertido. En un ambiente a su favor, la voz profunda del cantante combinaba a la perfección con unos músicos de escándalo. Con unos bajos potentes y un teclista que en ocasiones estaba fuera de sí, el bolo resultó idóneo para lo que se venía encima. 

All Good Funk Alliance (AGFA), con batería electrónica y un Mac, apareció en escena tal como se fue. Sin mencionar palabra. Con voces grabadas y ritmos propios, este par de individuos dejó un sabor agridulce. Y el dulce se debía principalmente al regustillo del grupo anterior. Su disco, lanzado desde el escenario como premio, no merece una escuchada. Mucho ruido y poca música de fondo de este grupo sintético. 



 


Sin hacer mucho ruido, por la puerta de atrás apareció una sombra negra con un Mac y más que unos cuantos collares de oro. Era, al parecer, Afrika Bambaataa. Un tipo silencioso que durante más de hnora y media, sin descanso ninguno, convirtió un garito en una auténtica fiesta. Una de esas de playa. Una de esas que marcan época. Intercalando ritmos propios con mezclas estremecedoras de temas de toda la vida (Billy Jean, Ain't no mountain high enough, All night Long, Fast Car) la que montó el paisano newyorkino fue floja. 

Rodeado continuamente por una panda de seguidores que lo único que hacían era estorbarle detrás suya, el abuelo dio una muestra de cómo debe ser un DJ: discreto, con buen gusto por lo clásico y con ritmos electrónicos que más allá de estropear o hacer insoportable una canción, mantenga su esencia y la eleve a un extremo de épica. 

Pues sí. Quién me lo iba a decir. Pero quién le iba a decir al señor Bambaataa que su nombre aparecería en un blog de un tipo de Coria. 

That's your loss, buddy!

10 mayo 2012

New York Miscelánea

30 de Abril hasta 7 de Mayo

Bien podría ser el nombre de algún grupo alternativillo, popero, de estos de "vivan las vespas y las marcas de ropa cara que no lo parecen". Pero no. Miscelánea hace referencia a una serie de conciertos, todos ellos improvisados, que una ciudad como Nueva York puede ofrecer. Mientras paseas. Mientras observas. Mientras hablas. O mientras rezas. 

Si hace pocas semanas estuve en The Altar Bar, qué mejor que continuar el festival que una iglesia. O una catedral. O una iglesia cuyo tamaño intimidatorio hace las veces de catedral. Tras cruzar un inoportuno cartel de "donativo sugerido", no satisfecho, al fondo se encontraba un grupo de chicos y chicas que estaban practicando las canciones del domingo. Pero no. No penséis en una guitarra sostenida por un cuarentón con gafas y acompañado por un par de monaguillos entonando el Padre Nuestro. Se trataba un estilo americanizado. No gospel, pero se le parecía, si no fuera por la pureza de sus voces melódicas y su piel blanca. 

Lo que en principio no era más que un ensayo, los allí presentes provocaron que el grupo, director incluido, se vinieran arriba y durante más de 20 minutos nos deleitaran con cantos celestiales que hacían que las paredes lloraran. Que el edificio religioso se iluminara y que los santos se estremecieran.  

Sin apenas descansar, una plaza, rodeada de ambiente universitario donde el ramen y el curry llenaban de olores las calles, dos "paletos", armónica y banjo en mano, hiptonizaron a todo bicho viviente que por allí pasaba con melodías folk americanas, al puro estilo Cletus. Vestidos para la ocasión, amenizaron las esperas de los estudiantes para enfrentarse a sus exámenes y de los turistas que, totalmente perdidos, seguían un mapa. 


Un atardecer, con la señora de hierro a un lado y unos viejos lobos de mar intentando cazar algún pescao al otro. Unos bancos, unas flores, unos cuantos memoriales a los caídos en una guerra, y en otra, y en otra...Y al fondo, una boda. Una boda que para animar a sus invitados contrató a unos músicos cubanos que, en la terraza del restaurante, no sólo tocaban para los que iban de gala. Sino para aquellos que circulaban y que, haciéndose los despistados, se paraban a escuchar y a bailar en el aire. 

Llega la noche, y tras conversaciones que siempre estarán ahí, tras charlas que acortaron la espera y tras razonamientos compartidos, un ruso cogió una guitarra española de cinco cuerdas (es decir, una de seis, pero con cinco) y demostró que para tocar piezas clásicas y conociendo las escalas, se pueden hacer auténticas maravillas sin el Re de la cuarta. 

Días rodeados de rascacielos. De fríos choques en las calles con lo que parecían ser personas. De miradas desafiantes en el metro. Que la música, improvisada e imprevista, les devolvió el color. 

¿Os sorprende?
 

29 abril 2012

Gallery Crawl en Pittsburgh

27 de Abril de 2012

A veces no se necesita otra excusa más que un buen evento cultural para lanzarse a la calle. Un puñado de artistas que intentan hacerse hueco en la literatura, la pintura, la escultura. Y cómo no, en la música. Gente que empuja. Que provoca. Que simplemente quiere romper moldes y hacer algo que merezca la pena ver. Escuchar. Tocar. Oler. Degustar. 

En el ambiente universitario que llena Pittsburgh de actuaciones todas las semanas, el Gallery Crawl se convierte en una razón para que aquellos que estamos muy apegados a la música y no tanto al resto de las artes, nos dejemos llevar por unas cuantas experiencias nuevas. Y darnos cuenta (mejor dicho, recordar) de que hay vida después de la música. Exposiciones de cómics, habitaciones a oscuras con sonidos de ultratumba, cuadros que ni fumao se podrían llegar a entender (o sí). O hasta una pantalla gigante con láseres que averiguatú cómo funcionaba. 

Imaginemos un cuento. Con tres historias. O una película. Con tres cortos. O un festival. Con tres conciertos. Cada uno en una atmósfera diferente. Igual de baratos todos ellos (patilla mix). Ahí va. Con orden aleatorio.

En una plaza pequeña. Al lado de una fuente. Con escasos árboles jóvenes y rodeados por edificios altos, de esos que intimidan. Fueron breves compases, pero The Color Fleet me metieron las ganas en el cuerpo. De seguir disfrutando de la noche. De seguir escuchándoles. Y de seguir su sitio web y su calendario por si encuentro alguna oportunidad donde me demuestren que sigo teniendo buen ojo a primera vista. 

En un rincón de una calle cualquiera, bajo estatuas que defienden una pequeña tienda donde el cómic cobra vida. Justo ahí cuatro descerebrados versionaban canciones con un trombón, un slack key, una batería y una voz desacompasada y chirriante. Todo a escala pequeña, pero con un entusiasmo y una alegría en el cuerpo que, pese al creciente frío, hacía que simpre hubiera alguien ocupando las sillas que tenían justo delante, para disfrutar del...del...bolo, por ejemplo.  

En un bar, bajo un toldo que le refugiaba del frío y del viento, pero no de los clientes que a las diez de la noche ya gastaban melopeas de escándalo. Un hombre con una guitarra acústica transformó una plaza de mercado en un ambiente country donde conversaciones y dibujos en servilletas se unían a "bailes" (las comillas están adrede) improvisados, aplausos y hasta acompañamientos vocales. 

Mucha pintura. Mucha escultura. Mucho de todo. Pero al final la música es lo que, como casi siempre, suele dar la última pincelada. En este link podéis ver algunas fotos de los eventos, donde, como veis, no sólo se trataba de mostrar, sino de que la gente interactuara. Olé.

Que cada uno saque su moraleja. 


24 abril 2012

Soulfly en The Altar Bar

22 de Abril de 2012

Tocaba cambiar. No sólo de bar. Sino de tendencia. Llevaba varios días enganchado a una tal Mi hermana pequeña, cuya dulzura sobrepasa los límites de lo conocido. Y que me había encandilado a niveles inusuales. Sin embargo, tras un vistazo en diagonal al periódico local gratuito, me percaté de un evento que no podía dejar pasar: Soulfly en The Altar Bar. 

Hacía tiempo que no sabía de ellos, y como pasa de vez en cuando, el tener la entrada en mano me incitó a repasar su vida, milagros y obras. Especialmente estas últimas, de las cuales estaba totalmente perdido. Lo que siempre me llamó la atención de esta banda liderada por un ex-sepultura (Cavalera, no confundir con Calavera) fue su mezcla. Porque te podrá gustar o no. Pero es innegable el afán del grupo por añadir ritmos heavies melódicos con el hard rock más gutural y otras tendencias del rock machacante. 

Con hora de empiece las 6.30 pm, The Altar Bar emerge casi de la nada en uno de los barrios más pintorescos de Pittsburgh, The Strip Disctrict. Mercados callejeros, restaurantes a pie de calle y un sinfín de restaurantes asiáticos pueblan las calles principales, justo detrás de unas zonas de carga-descarga que crean un ambiente bastante lúgubre al desaparecer el sol. Perfecto para lo que se venía encima. 

Además de Soulfly, ni más ni menos que otras 5 bandas saltaron al escenario. Incite, Lody Kong, Stinkpalm Death, Storm King y una quinta de cuyo nombre ni quiero acordarme. Porque en general, desafortunadamente, los grupos de chiquillos piensan que el hard rock es subirse a un escenario, gritar un poco (si es en americano nativo, pues mejor) y destrozar guitarras y oídos. Es cierto que el sonido de la sala no ayudó (fue bastante malo), pero exceptuando Incite y a Stinkpalm Death (tuvieron su momento), el resto se quedó en un vocifero y no puedo. 




En un ambiente eclesiástico (el bar se llama así porque tiene la misma fachada que una iglesia, y por dentro está decorado con cruces que hacen las veces de ventanas) y lleno de humo (artificial), Soulfly salió casi 4 horas después del inicio del "concierto". Con toda la fuerza del mundo, con una guitarra donde la bandera de Brasil hacía eco de la nacionalidad del líder y con un Cavalera bastante desmejorado (más gordo de lo que le recordaba y con unas rastas que rozaban la dejadez absoluta), el grupo empezó fuerte. Y querían que el público estuviera al mismo nivel. 

Desde el primer momento incitaron al público a hacer su famosa "ruleta de la fortuna". Bueno, así la llamo yo. Porque lo mismo te toca un comodín (en forma de ratoncito Pérez por perder algún diente) que la bancarrota absoluta (mejor ni pensar equivalentes en la realidad). Eso sí, siempre con amor. 

Tras un desgaste físico importante (contando las opening bands, unas 5 horas y media), los brasileiros cerraron el chiringuito después de desmostrar que hay una grandísima diferencia entre hacer hard rock o new metal o como se llame y saber hacerlo. Y esta gente sabe. 


28 marzo 2012

Lucid en Bocktown

27 de Marzo del 2012

Así es. Mismo sitio. Mismo ángulo de las fotografías. Una semana después, y un cambio radical de grupo. Eso sí: diferente menú y diferente cerveza. En serio, quizás haya dado con uno de los sitios con mayor densidad de cervezas por metro cuadrado...En fin, que me voy. Hoy toca hablar del concierto gratuito de Lucid.

Sólo hay que ver la furgoneta que se gastan los paisanos pittsburguianos (la del pez azul de las fotos) para no poder esperar otra cosa más que rock, diversión y espontaneidad. Para estar el local prácticamente vacío y ser grupete de la zona, la banda tenía su propio relaciones públicas, que además de recordar que había merchandising a la entrada del pub, se encargaba de hacer señales positivas a la banda, pulgar en alza, paseándose por el local y dando asentimiento de que la armónica, el saxo, la guitarra, los teclados, las voces, la batería y los timbales sonaban como debían hacerlo. Más que bien.

Con ritmos de reggae, rock, funk y algo de blues en los tracks lentos, el bolo estuvo más que divertido. A pesar de la escasez de público. Durante hora y media estos chicos combinaron en canciones momentos de subidón con melodías desacompasadas. Música excitante que provocó en mí la necesidad de comprar un Cd para hacer más amenos mis viajes matutinos al curro.

Enlace

Si el concierto de la semana anterior me hizo ver dónde estaba, este me recordó que independientemente del sitio, grupos que merecen la pena siguen saliendo de debajo de las piedras pidiendo a voces que alguien les escuche y poder dedicarse a algo que se les da bien. Me vi a mí dándoles esa oportunidad. Pero para su desgracia, nada irá más allá de este blog (y que ni siquiera ellos entenderán). Aunque quién sabe.

Como es habitual, os dejo el link de su MySpace, para que echéis una escuchada. También podéis encontrar vídeos de sus actuaciones en directo que dan mejor idea de lo que dio de sí el concierto en el ya mencionado Bocktown.

Música en directo con matices. Música en directo intensa. Música en directo que transmite. Música. Y nada más. Y menos mal que sólo es música.

22 marzo 2012

Back Stabbing Good People en Bocktown

20 de Marzo de 2012

A pesar de llevar una semana en suelo norteamericano, quizás fuera ayer cuando realmente fui consciente de ello. Y eso que el castellano ha pasado a segundo plano. Y que ahora ceno a las 6 de la tarde. Y que para mí los grandes almacenes se han convertido en un concepto nuevo, que hasta ahora desconocía. Seguramente lo que pasa es que la música, y si es en el día de tu cumpleaños más todavía, ayuda a hacerte una idea de dónde estás.

El nombre del grupo ya anima. Estaría bien que algún entendido hiciera un estudio sociológico de las bandas de música sobre el origen de sus nombres. En este caso, a las afueras de Pittsburgh, Pensilvania, se alza el que puede ser un punto de retiro para los días agotadores. Música en directo gratuita, comida americana In God We Trust y más de 100 cervezas para elegir. Aún me quedan por probar...

El plan estaba hecho: día de cumpleaños, concierto gratuito, buena cerveza y seguro que buena compañía. Ah, y música. Jazz/Funk, se comentaba en la publi del grupo para esa noche en el Bocktown.

Las 9 en punto (eso aquí entre semana es casi trasnochar) y en un pub más vacío que lleno, un par de guitarras, un bajista, un teclista y un batería se colocaron en una esquina del pequeño garito, sin hacer demasiado ruido. Pero pronto se empezaron dejar a escuchar.

El repertorio estuvo más que divertido. Con mezclas de todo tipo. Tiempo para el baile con un funk super atrevido con unos teclados que sacaban humo. Tiempo para el relax con canciones que hablaban de la cárcel. Tiempo para lo acústico, con voces profundas que transformaban el bar en un ambiente sesentero que ponía los pelos de punta. Y tiempo, cómo no, para la improvisación. Con melodías arrítmicas, difíciles de seguir con las piernas, pero que seguían enganchando.




Durante más de una hora, en la que dio tiempo a seguir con la degustación de cerveza, estos tipos animaron mucho el ambiente. Y lo que en principio no era más que una restaurante americano con unos paisanos tocando un bolo se convirtió en un pub con todo el mundo de pie y pasándolo en grande. Os dejo aquí el MySpace de Back Stabbing Good People (aunque sinceramente, en la web tienen menos ritmo que en directo).

Estos tipos nunca lo sabrán (bueno sí, porque se lo dije). Pero hicieron que el día de mi cumpleaños fuera consciente de dónde estaba. Aquí. Y con ganas de que esto no pare. Porque, no nos engañemos. Todo acaba de empezar.



11 febrero 2012

Stafas en la sala Derry

9 de febrero del 2012

El rock patrio siempre ha contado con músicos que, como de flor en flor, cambian de grupos buscando nuevas sensaciones. Un cambio de estilo (o no). Una evolución (o no). Proyectos de renovación que marcan la senda musical de estos personajes que siempre hacen cositas buenas y que no pueden evitar estar sobre un escenario, por pequeño que sea. Stafas parece ser uno de esos proyectos, en este caso, liderado por Michel Molinera, un ex canalla. Y quién no lo es.

Sin ni siquiera una escuchada previa al último disco, Volverán los viejos tiempos, ni lectura de críticas en blogs amigos, me presenté en la Sala Derry de Leganés para ver de qué iba esta nueva noche de rock and roll. Y de paso, tras muchos años sin hacerlo, volver a pisar Leganés para asistir a un evento musical.

Con puntualidad extrema empezó el bolo. En una taberna irlandesa, en una esquinita, donde se improvisó un escenario que suele estar bastante concurrido (la programación de la sala, con conciertos gratuitos, es extensa). Batera, bajista, guitarrista y cantante pusieron sobre la mesa las canciones de su último álbum. Volverán los viejos tiempos, Me he acostumbrado, Dos corazones. Sonó especialmente bien (el sonido no fue bueno, al fin y al cabo no es una sala de conciertos) Déjame decirte, que me pareció de las más potentes del breve setlist (con la misma puntualidad que empezaron, terminaron en poco más de una hora).

Con un Michel Molinero con una voz genial y un carisma de esos que distiguen a los que valen para liderar una banda (él sí) y dejar siempre un pequeño grupo de nuevos seguidores después de cada concierto, la propuesta en general tampoco es nada del otro mundo. Es rock nacional. Simple. Sin virguerías. Con letras apoemadas que dan fondo y que intentar cargar de fuerza al guitarreo. Canciones que exprimen la voz y donde los estribillos son cortos o largos, pero siempre con algo que decir. Que puede ser burdo o delicado, o mezcla de los dos.

Con una afición especial por las versiones de coplas y un mono tabaquil patente, Stafas puso el toque de humor en un concierto (sinceramente, me pregunto si es un acierto meter este tipo de canciones en un disco...) que además de dármelos a conocer, me sirvió para no olvidar a todos aquellos grupos que intentan ganarse un hueco en el difícil mundo de la música.

Va por vosotros.

29 enero 2012

Black Rock y Nagasaki en Audio Rock

28 de Enero del 2012

Una noche de metal nunca se puede dejar pasar por alto. Y más si es en Vallecas. Y más si es en una nave de un polígono industrial rodeado de edificios siniestros y coches siniestrados. El marco estaba más que preparado.

La sala Audio Rock acogía la presentación del disco Nagasaki, de la banda de metal que tiene el mismo nombre (no confundir con el grupo japonés de metal de verdad). Junto con ellos, Black Rock hizo de artista invitado, aunque para mí se convirtieron en la auténtica dinamita de la noche.

Tras un pequeño problema de logística interna, el concierto empezó puntual a las 22 horas, recién entrados al local. Un primer vistazo al escenario y a la sala dejaba claro dos cosas: la primera era que Black Rock, con un guitarra desvocado y una cantante explosiva, iban a dar que hablar. La segunda era que el poco público presente esperaba más a Nagasaki, pues la distancia entre el escenario y el respetable era importante. Aun así, cerveza en mano, nos acercamos lo posible para saltar y empaparnos del heavy ochentero que puso Black Rock encima de la mesa.

Con una puesta en escena subidita de watios, como era de esperar, y con un componente menos (el teclista hizo mutis por el foro y su sonido se tuvo que "reemplazar" por una grabación), durante cerca de una hora se vio un espectáculo divertido, ameno, potente. Digno de un concierto de heavy, el bolo motivó al personal, que aunque le costó entrar en calor, al final no le quedó más remedio que dejarse llevar por el metal. Sirva como ejemplo el vídeoclip de En mi cama, donde se queda claro que las sorpresas que te encuentras al día siguiente de una borrachera no es sólo cosa de hombres...En su Myspace, cuando se cambie el link (actualmente debe estar dirigido a Megaupload), podréis descargaros gratuitamente el primer disco de la banda.



Tras una media hora de descanso y buena música de fondo, apareció Nagasaki en escena. A priori, la propuesta parecía prometedora: dos teclistas, bajista, guitarrista, batería con kimono y cantante melódico. Y cuando digo "parecía prometedora" quiero decir "decepcionó". Más allá de las letras, que me parecieron bastante ñoñas para un grupo de metal (pasamos del "¿Qué haces en mi cama?" de Black Rock a "si estiro la mano sé que te puedo tocar" del Sin Rumbo de Nagasaki), la voz del cantante no daba la motivación necesaria en una banda de metal, la esencia, esa mala leche y descarga de adrenalina.

Además, hubo un break donde se tocaron en semi-acústico dos baladas que acabaron por romper el ritmo del concierto. Y luego no hubo manera de levantar aquello. Destacar que la canción instrumental que se marcaron dejó evidencias de que los músicos son buenos, sin duda. Pero a mi entender, aún les falta dar con la tecla adecuada.

Noche del sábado en uno de los barrios con más tradición de tugurios, música entre cualquier pared y músicos y grupos madrileños de todos los palos (desde Ismael Serrano hasta Ska-P). Anochecer que empezó con gran fuerza pero que poco a poco se fue disipando en la sala Audio Rock.

Mejor al revés.

21 enero 2012

Los Corizonas en la Joy Slava

20 de Enero del 2012

Este país está de enhorabuena. El momento musical por el que atravesamos es bueno, después de unos años en los que parecía que estábamos condenados a seguir escuchando a los clásicos de siempre para limpiarnos los oídos por lo que nos llegaba a través de la radio y televisión patria. Puag. Pero ya no. Eso se acabó. Hoy día grupos como Corizonas, situados en la cabeza de la popularidad tras la unión de Arizona Baby y Los Coronas, se escuchan por doquier y son capaces de abarrotar la sala Joy Slava en su primer concierto en Madrid. Esto es otra cosa.

Una propuesta interesantísima. Mezcla del más puro country rock and roll y el surf americano instrumental de los años 70 en la USA que enamoró, esa marcada por hippies, sueños, ilusiones. Y el resultado no puede ser más alentador. Música que engancha desde la primera escucha, y que sin darte cuenta te lleva a mover pies, manos, cuerpo y liberar tu mente.

Con bastante puntualidad empezó el concierto y todo fue como cabía esperar. Los temas de The News Today, el primer album de Corizonas tras la gira que provocó su unión, es genial. Ritmos que combinan perfectamente el rock y el surf. Las películas de vaqueros con las olas del mar. Letras que estimulan y que hablan de limpieza de pecados. De despertar. De sentir que se está vivo. De querer seguir creyendo. Y todo ello acompañado por una banda que, pese a partir de épocas y estilos diferentes, se han compenetrado a las mil maravillas para hacer algo que les gusta. Que nos gusta. Y eso se nota.

Enlace

Una acústica muy buena, como suele ser habitual en la Joy, ayudó a que Run to the River, Thieves and Liars o The Falcon Sleeps Tonight retumbaran en toda la sala como un ciclón, que junto con los cánticos del personal allí presente, convirtió el concierto en una auténtica fiesta. Además de la música, el concierto estuvo acompañado en todo momento de vídeos al fondo del escenario que, por si fuera poco, aumentaba esa sensación de viaje en el tiempo y en el espacio, a un lugar donde nada importaba excepto la humanidad.

Es cierto que el sonido de Corizonas tiene un problema: y es que ese mitad hombre mitad bestia llamada Señor Marrón que toca la guitarra sentado como si la vida le fuera en ello y que es buenísimo se luce menos que en Arizona Baby, donde sin batería ni tanta guitarra eléctrica, quedaba un sonido mucho más limpio, que los puristas encontrarían más agradable. Sin embargo, pese a esto, el resultado no podría ser mejor.

Tras una más que merecida mención a la labor de Radio 3 por los grupos emergentes, y una versión de Wish You Were Here genial, una bajadita al infierno con Nothing is sacred y dejar claro que I am (What I am), se dejó paso a una gran rueda de luces en el fondo y todo se transformó en una alianza Corizonas con el público que fue la manera perfecta de empezar el fin de semana.

Nos gustan las aventuras. Y esta unión parece una grande, en los tiempos que corren. Una en la que se desafía lo convencional y donde el público ha respondido. Mucha suerte en el viaje y que el sueño no desvanezca. Por el bien de todos.

19 enero 2012

The Gift en el Teatro Lara

18 de Enero del 2012

Sí. Para qué nos vamos a engañar. Tengo debilidad por The Gift, y especialmente por Sonia Tavares. Quizá por esas composiciones tan curradas que desde Vinyl he acompañado. O porque se convirtió en uno de esos grupos que abrió las fronteras portuguesas a mis listas de grupos de música. O simplemente porque son un grupazo, que hacen algo diferente y que engancha.

Tras sacar hace menos de un mes su sexto trabajo, Primavera, y después del exitazo de Explode, el grupo se va a marcar una gira de dos meses por toda la península presentando este álbum operístico donde un tema enlaza con otro y todo en sí forma una narración de una primavera cualquiera. Con ello, y como suele ser habitual en las actuaciones de The Gift, el teatro se convierte en el escenario perfecto. Tras esos dos meses, Sonia, embarazada a más no poder, se tomará un respiro, por lo que esta gira suena a algo así como drogarse antes de una larga etapa fuera del stage.

El Lara quizá no tiene el encanto de otros teatros madrileños. Algo descuidado, especialmente el anfiteatro, donde los asientos parecían tablones recién cortados y la iluminación era pésima para acceder a la localidad; sin embargo el escenario y la platea quedaron geniales. Lleno de instrumentos, a cual más peculiar, distribuidos aleatoriamente, sin orden establecido, y aunque con algunos problemas de sonido, con buena acústica.

El concierto-ópera-obra se compuso de dos partes. La primera de ellas integrada exclusivamente por temas de Primavera. Donde el sentimiento, la voz grave y profunda de Sonia y el piano de Nuno acabaron por crear un ambiente nostálgico y calmado con La Terraza, Meaning of life o con el tema principal del disco, Primavera. Una atmósfera delicada, tranquila. Sólo interrumpida por los comentarios de Sonia y Nuno, este útlimo especialmente hablador en el concierto para lo que suele ser normal en él. Destacar especialmente Blindness, con toques de lo que fue The Gift en los primeros discos. Voces de fondo, electrónica suave de base. Especial.



La segunda parte, explosión. De color. De ritmo. De Primavera. De The Gift. Instrumentos de colores. Vestidos llamativos que dejaban al descubierto el nuevo perfil de Sonia. En este segundo acto, temas como Race is long, Singles o Fácil de Entender nos levantaron del asiento más de una vez, al teatro abarrotado. Para terminar, y tras casi dos horas de espectáculo con descanso corto entre acto y acto, In Repeat. El quizás sea, junto So Free, de los mejores temas con base electrónica de la banda. Nuno sacó aquí su theremin para que al final nos fuéramos con la sensación de que, aun siendo miércoles, queríamos más.

Otro concierto donde Sonia sigue demostrando que su voz es especial, mezcla del alma de los fados y la profundidad de las mejores voces femeninas de siempre. Donde Nuno dejó claro que es un músico de los pies a la cabeza. Y donde quedó patente que The Gift, en España, gustan. El día siguiente, otra vez lleno el teatro.

Até breve.

12 enero 2012

Noche Funky en la Sala Siroco

11 de Enero del 2011

Nada mejor para empezar el año que asisitir a un concierto de un estilo poco común en este blog. Hablemos un poco de Funky. Y es que este este género creado, como suele ocurrir, por los afro-americanos y que combina R&B, jazz, soul y algunos matices de otros tipos de música, tiene poca publicidad en la capital, al menos en las fuentes que este blog suele manejar. Sin embargo, la noche Funky organizada por la Siroco puede ser el comienzo de una gran alianza OpiO-Funk. Por qué no.

Para los que somos incultos musicales en este ámbito, los grupos de la noche, Funkin' Donuts y Nazan Grein tenían la misión de hacernos ver que no sólo Jamiroquai, Michael Jackson y la panda de clásicos (Hendrix, Stones, Corea, etc.) pueden hacer buen Funk. Sino que aún hoy, en España, existe una buena cantera para que este género, que siempre estimula, siga pululando y haciendo levantar las manos al personal.

Turno de Funkin' Donuts (no confundir con The Funkin Donuts). Tras un pequeño traspié al subir al escenario, este grupo de 6 se comió el mundo a base de rimas, ritmos pegadizos, letras divertidas y mucha, mucha energía. Canciones alegres y positivas, con melodías que se metían en el cuerpo y que te hacían fluir como si los conociéramos de toda la vida. Jugando, además, con la electrónica, metiendo bases al más puro estilo hip-hop y combinándolas muy bien con los instrumentos de toda la vida.

Atraco Perfecto y Fiesta Cuarto Computador pueden ser buenos ejemplos para que os hagáis una idea de lo que estamos hablando. En su página web podéis encontrar más sobre este grupo que creo merece la pena seguir y, si podéis, dejaros caer por uno de sus conciertos para animaros y divertiros. Puede convertirse en un buen plan para empezar una noche con ganas. Y es que, si te paras a pensar, poco se necesita para montar un guateque en tu dormitorio.



Nazan Grein hizo su puesta en escena con un formato diferente. Con trombón, trompeta y saxo, se veía que el bolo iría por otros derroteros a los presentados por Funkin' Donuts. Con un estilo más decantado hacia el jazz y la fusión del funk con estilos tan dispares como el beat-box (espectacular el solo que se marcó el cantante con un juguetito graba-sonidos a mitad del concierto), Nazan Grein, con un bajista colosal, hizo las delicias de la peña con canciones anárquicas, muy al estilo jazzero de jam sessions, pero sin perder la cordura entre las notas.

Temas largos, muy currados; todo con un toque en clave de humor que se agradece para no perder el hilo de la actuación. AgroFunk y, sobre todo, el vídeo-corto El Robo del Funk os darán una idea de por dónde van los tiros. De hasta dónde son capaces de llegar para promocionar un álbum (Funky Lights). En su MySpace, más material.

Una noche que ha devuelto, entre otros a este blog, la sensación de que un género como el Funk, divertido, alegre y estimulante sigue vivo entre las paredes de la noche madrileña. Y sin rebuscar demasiado.

Que sí. Que sí. Que Funkin' Donuts somos todos.