16 julio 2018

MAD COOL 2018

12-13-14 de Julio de 2018

Mucho se ha escrito ya de lo que en los últimos días ha sucedido en el Espacio Mad Cool 2018, desde el caos organizativo del primer día para entrar al recinto hasta el autobús colgado literalmente de un puente, sin consecuencias importantes. Es cierto que hay cosas que mejorar, y que en ocasiones los organizadores pueden olvidar aspectos básicos como los accesos o la compra de bebida y comida, especialmente cuando a estas alturas se sigue prohibiendo la entrada de un mísero bocadillo. Sin embargo, han sido días de música. De buena, variada y, por momentos, excelsa dosis de watios y momentos espectaculares. 

El primer día la organización de la entrada fue horrenda. En un mundo ideal, en el que el civismo del público impere sobre cualquier otro impulso, el fallo electrónico de una de las máquinas lectoras de pulseras podría haberse sobrellevado. No fue así. La gente, guiada por un sentimiento de "no quiero ser el tonto que haga cola", se saltaba la línea a la torera, y aunque en ocasiones la vergüenza que ocasionaba los gritos de quienes estábamos tranquilamente esperando nuestro turno reducía a los jetas, no fue suficiente para que el tapón fuera creciendo hasta una hora y media que se hizo eterna. 

Toundra y gran parte de Fleet Foxes se esfumaron mientras esperaba, así que sediento y hambriento, me lancé a la segunda parte de la odisea: conseguir bebida y comida. Durante la tediosa espera, pude al menos escuchar gran parte del repertorio de Fidlar. No hay mal que por bien no venga, y estos tíos me devolvieron las ganas de disfrutar de la música y olvidar las casi tres horas anteriores. Descubrimiento top para comenzar.  

Con Pearl Jam en la mente y con ganas de relajarme e ir a contracorriente, me lancé al césped cual oveja para disfrutar de la tranquilidad de quien huye de las multitudes. ¿Era posible en un recinto para 80,000 almas diarias? Pues fíjese usted: así es. Sin ser una música que me atraiga excesivamente, la media hora que presencié a DVSN me devolvió ese momento tranquilo y sosegado que necesitaba para pasar de horarios e idas y venidas a escenarios. Un R&B tranquilo, con algún ritmo pegadizo. Con fuerzas renovadas volví a la batalla. 

El resto de la noche, con pinceladas de Yo la tengo y Carolina Durante, dio paso a Pearl Jam. Es que seguramente lo que pueda decir se quede corto para el concierto que se pegaron Eddie y los suyos. Fue antológico. Un sonido espectacular. Sonaron como nunca. Un repertorio sin peros que mantuvo conectado al público sin concesiones. Más de dos horas de bolo empezando con Release, continuando con Elderly Woman y sin faltar Even Flow, Jeremy, Do the evolution o Alive. ¿Más? Pues sí: una versión de Rockin' in the free world de Mr. Young. Durante dos horas se me olvidó la madrugada del día siguiente y todo lo que conllevaba. Y no me arrepentí. 

El viernes traía más platos gordos. Y con una guarnición de primera. Snow Patrol antecedió a un huracán. Jack White destrozó todo lo que pasó por sus manos. Si la existencia de la Tierra dependiera de un acorde de guitarra, Jack White sería el mejor posicionado para salvarnos. Es un animal. Un salvaje. Y lo demostró de principio a fin con una actuación soberbia. Acojonante, en otras palabras. Steady as she goes, Corporation y por supuesto Seven Nation Army, arrasaron. 

Alice in chains me dejó un sabor de boca tan maravilloso en aquel Sonisphere, que se sobrepuso a Artic Monkeys en mi lista de preferencias del festival. Rememoré aquel bolo, aunque el sonido estuvo por debajo de la calidad media. Aun así, volvieron a triunfar con Man in the box y Rooster. Vaya temazos. 

Así es. Fui de los que esperó a Massive Attack mientras Franz Ferdinand reventaba el escenario principal. El concierto se canceló porque al parecer hubo problemas que hicieron que el sonido de los Ferdis interfería en el escenario The Loop, donde iba a tocar Massive Attack. Así que sin ver a los ingleses contemporáneos de Portishead me lancé al escenario KOKO a ver a LA M.O.D.A. Estos chavales son tremendos. Canciones frescas, divertidas, bailongas. Con bases folk, blues y rock, transmiten una alegría y una energía que cae perfecto para el cierre de una larga jornada. Sirva de ejemplo este Nómadas. 

El sábado lo inauguré con Kaleo, grupo islandés de rock y blues que estuvo bien. Música ligera para empezar suavesito la que se avecinaba. QOSA estuvieron sublimes. Son un auténtico grupazo. No solo por sus temas, sino también por su carácter. Su líder, Josh, protestó en medio del concierto para que permitieran acceder al personal a las zonas VIP exageradas que había reservado el festival, y que desde mi punto de vista son un error ya que restan a los conciertos de ese ambiente tan característico y necesario para hacer de estos eventos algo especial. Alentando a las masas con No one knows, Burn the witch o el reciente The Way you used to do, se marcaron otro de los conciertos del festival. 

Previo al plato principal, Black Rebel Motorcycle Club sirvió de aperitivo como ese sorbete entre el pescado y la carne. Los Depeche Mode estaban ya más que vistos, y en cambio a la banda de California la tenía en mi lista en la columna de "Debes". Además, tenía yo cuerpo para más guitarreo, y aunque sinceramente no fue un bolo para recordar, cumplieron mis expectativas. Junto a Jardín de La Croix, mi cuerpo y mente llegó en estado óptimo a degustar el solomillo. 

Ahí estaba de nuevo Trent al frente de NIN para desmarcarse con otro concierto en el que este tío lo da todo. El grupo no fue ese oscuro, tétrico, banda sonora del Doom de antaño. Y también se notó de nuevo la dejadez del festival con esas zonas VIP ausentes, que aunque permitieron la entrada al público raso, el ambiente no acompañó a una pedazo de banda como la liderada por Reznor. Qué material que tienen. Aún recuerdo mi primera vez delante del videoclip de Closer. Inolvidable. Qué impacto. Al igual que la ira de March of the Pigs o la pausa contenida con The day the World went away. Qué grupo y qué nivel. 

Ángel Stanich fue un postre delicioso, chupito y puro incluidos. Carbura, Metralleta Joe y Mátame camión, entre otras, fueron un excelso colofón; un broche barbudo; una puntada con hilo de coco. Con Underwolrd de fondo y su Born Slippy, los decibelios iban menguando a lo lejos. 

Está claro que un evento de este tipo tiene errores. Y algunos de principiantes. Pero lo que manda es la música. Y esa, desde luego, ha triunfado. Que sigamos celebrando festivales en Madrid con fallos con este nivel. No se pueden ocultar los clamorosos patinazos, pero ha sido un regalo espectacular. 

Gracias. 

04 mayo 2018

Jesucristo Superstar en el Teatro de la Luz

Madrid, 2 de mayo de 2018

Si tuviera que elegir una obra completa, tendría muchas dudas. Por suerte, son varios los libros, películas, álbumes y conciertos que llenan mi cabeza. Sin embargo, fue en los albores de la adolescencia cuando ubico la semilla del rock, del blues y de determinadas actitudes que despertaron en ese momento y hasta hoy siguen floreciendo. Y le echo la culpa, entre otras cosas, a una ópera. 

Jesucristo Superstar no va solo de una de las historias más manidas de la humanidad, sino de un camino alternativo, rupturista; de un cambio de papeles donde el malo es un incomprendido y el bueno tiene una relación indefinida con una prostituta, porque es la única que le calma cuando no hay marcha atrás. Hay soledad, amistad, amor imposible, revolución social, comedia, belicismo, drama. Es una historia llena de marionetas. Ni Judas quiere traicionar (pobre Judas), ni Pedro negar (nunca, mi Señor), ni Pilatos sentenciar (ayúdame a salvarte, Jesús). No entienden hasta el final que el guion estaba escrito. Un Jesús humanizado duda, ama, se harta, se cansa, empuja, blasfema, teme. ¿Está ya todo escrito de antemano? ¿realmente podemos cambiar las cosas? ¿seremos juzgados por nuestros actos o podemos aspirar a bailar con ángeles incluso habiendo cometido los más terribles errores? Todo esto pasaba por mi mente adolescente, con una gran dosis de rock, blues y jazz. 

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"Dejad de tiradme del dedo o preparaos para poner la otra mejilla"
Presencié el musical en castellano hace algunos años en la Gran Vía madrileña, pero no podía perder la oportunidad de ver la gira aniversario con Ted Neeley a la cabeza, aquel que interpretara a principios de los años 70 la celebérrima película. Y más aún si tenía, como tengo, la oportunidad de difundir la buena nueva a una víctima de mis cantos de sirena. 

He de decir que, aun a riesgo de retratarme, la versión en castellano de esta obra por los Camilo Sesto, Teddy Bautista & Cia no tienen nada que envidiar de la original del mismo Ted y Carl Anderson. Y lo mismo para la parte instrumental. Esas voces, música e incluso la traducción estuvieron a gran altura, amén de algún arreglo excesivo para mi gusto con sintetizadores en alguno de los temas. Por poner algún pero. Sin embargo, ver un Neeley ya bien entrado en los 70 desgañitarse con Gethsemane era un momento que requería mi presencia. 

En general, la puesta en escena, vestuario, música, interpretaciones, etc. de este JC del 2018 recoge el espíritu hippie y transgresor del 73 (recordemos: un judas negro, una prostituta como ¿amante?, un Herodes mitad hipster mitad Drag). Por supuesto con más luz. Por supuesto con mejor sonido. Pero la misma esencia. Bien. Muy bien. 

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"Si os volvéis a meter con James Brown, os convierto en polvo"
Es cierto que juntar a un Jesús de más de 70 años, pasando por tener 33, con bailarines y cantantes que rondan la treintena desentona un poco. Es una temeridad, de hecho. Especialmente por la clara diferencia en la fuerza de la actuación, siendo demasiado evidente por intensidad, poder vocal y garra. Yo, sin embargo, soy de la opinión de que con su sola presencia, mitos como Mr. Neeley llenan teatros y todo lo que se propongan. Qué voz. Aunque menos frecuentes de lo que solía, esos agudos prolongados nos levantaron de un respingo del asiento, haciéndonos olvidar el drama de su personaje. Lágrimas y vellos erizados inundaron y poblaron un teatro de la Luz donde una cruz inmensa practicó el exorcismo con los allí presentes.

Hablemos de la música. El grupo en directo fue un espectáculo. Con los violines y vientos ocultos, las guitarras, teclados y tambores se adueñaban de cada movimiento, de cada escena, de cada gesto. La música es el verdadero canal de transmisión de esta ópera, facilitando la llegada de los múltiples mensajes que se leen entre líneas, y que conforman, creo yo, momentos mágicos sobre el escenario. 


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"¿Qué has hecho, Peter?" "No es No"
Si no lo sabéis, Jesús muere. La historia es bien conocida, y es más que recomendable que disfrutéis de esta banda sonora imprescindible que enseña, entre otras cosas, que todo depende del color conque se mire, y permite empatizar con quien a priori parece imposible. 

Ojalá más de uno tomara nota. 

29 junio 2017

Azkena Rock 2017 Parte II

24 de junio de 2017

Tras una ducha en una casa okupada involuntariamente, un café con leche vertido sobre mi entrepierna y un desayuno a base de pintxo pote, todo estaba listo para una segunda jornada que prometía. Y mucho. 

La sesión musical se iniciaba con un tal Loquillo, que abarrotaba los aledaños del escenario que homenajeaba a Sharon Jones y Gregg Allman, de los Brothers de toda la vida. Con la fórmula de siempre y la efectividad que le caracteriza, resonaron los clásicos que se han mencionado tanto en este blog que alguno ha perdido ya su sentido.  Los Josu, Mario, Igor y cia aprovecharon como siempre su hueco en el festival para traer un poco de rock patrio dentro de las murallas del recinto. En cualqueir caso, decir que en esta ocasión, la calificación de "clase" que suelo otorgar a los bolos del Loco se la llevó otro.


Tiempo para coger aire de cara a la traca final. Un poco de césped fresco aguantó nuestros traseros mientras Mickael Kiwanuka y Thunder se peleaban por ver qué notas se adueñaban del cielo de Vitoria. Claramente ganaron los segundos, que aunque en la distancia, sonaron muy potentes y entregados. Pude distinguir Love Walked In, con esa Intro que recuerda a Jethro Tull. Sin haber degustado el concierto en primera línea, dejó un regusto a rock que recargó las pilas para afrontar un último tramo más que interesante. 

Union Carbide Productions fueron para mí la gran sorpresa del festival (por desconocimiento). Con un cantante con el mismo perfil que Javier Coronas, en lugar de moderar debates trascendentales de personajes ilustres, Ebbot Lundberg dirigió a esta panda de suecos a un bolo tremendo. De sonido, de fuerza, de potencia, de carácter; que hicieron sonar las campanillas del rock a todo volumen (Ring My Bell). Ay, qué tendrán los suecos. 


Chris Isaak siempre ha sido ese señor elegante, de voz aterciopelada y con una personalidad sobre el escenario tan fina y estilosa que su presencia engalana cualquier atmósfera. ¿Exagerado? Es posible, teniendo en cuenta que una de sus canciones motivó un baile que nunca olvidaré. Pero este prejuicio positivo fue contestado por un concierto genial y transformó esta palabrería en hechos. Comencemos. 

Con un traje azul de lentejuelas y rodeado de una banda que se conocen a la perfección después de más de 30 años tocando juntos (a excepción del guitarrista, que se incorporó posteriormente, pero que en absoluto desentona), rápido se hicieron con el control del tiempo en el Azkena. Una voz perfectamente entonada y un sonido instrumental acompasado y sin un volumen mayor que el otro. Tras algunos temas de cosecha propia (I believe, Beautiful Homes), Isaak supo compaginar sus canciones con versiones de clásicos como Ring of Fire, Oh, Pretty Woman o incluso hubo tiempo para recordar al rey de los "yeah": Mr. James Brown (I'll go crazy). 


Entre medias, una clase magistral de tonos vocales con canciones guiño a España (Blue Spanish Sky) y en español (La Tumba será el final). Acompañado por la voz profunda del batería, dos temas en los que hacía imposible no acordarse de la que faltaba. Por supuesto, Blue Hotel, San Francisco Days, Wicked Game y Graduation Day. Todas ellas dejaron su marca en la noche vitoriana, y con una chaqueta de espejos como vestuario alternativo, Chris volvió a triunfar. Qué señor. 

¿Y ya está? Pues no. Aún quedaba The Cult. El Azkena tiene ese contrapunto entre estilos del rock que resulta más que atractivo. Una de Carbide, una de Isaak y una de The Cult. A por ellos. En el otro escenario el Wyoming hacía la competencia, aunque en este caso la elección era evidente. 


Sin una razón de peso, no he sido seguidor habitual de The Cult. Su música me ha atraído varias veces, pero por diferentes razones no he mantenido los oídos puestos en sus trabajos. Un bolo como el del Azkena desde luego hace que esa tendencia cambie radicalmente. Sin mediar palabra, bien por aprovechar el corto tiempo que suele ofrecer un festival o por el ímpetu de querer cerrar el festival en tó lo alto, Ian salió escopetado a por el micrófono y con varios temas seguidos sin descanso no dejó títere con cabeza. Rain, Peace Dog o Honey from a Knife sentaron las bases de una hora a todo trapo, sin respiro. Seguido de Sweet Soul Sister y adornado con clásicos como Fire Woman o Love Removal Machine, los británicos clausuraron un festival trepidante. 

Festival muy bien organizado. Asentado. Gran ambiente. Con propuestas musicales interesantes, novedosas y consagradas. Con mezcla de estilos dentro del marco rock y en un recinto accesible y cómodo. 

Desde luego que este puede ser el comienzo de una gran amistad. 

27 junio 2017

Azkena Rock 2017 Parte I

23 junio del 2017

Los planes no siempre salen como uno quiere, y aunque tras muchas idas y venidas me vi con un solo abono para el Azkena, el fin de semana de lanzamiento de los grandes festivales de verano patrios ha dejado un gran sabor de boca. A cerveza artesana y a música. 

Con la resignación de quien se hace 350 kilómetros sin su copiloto particular, la sonrisa empezó a mostrarse entre los pelos del bigote a medida que observaba cómo el termómetro indicaba temperatura exterior estabilizada en el entorno de los 24ºC a media mañana. Arriba los pijamas largos en verano. 

Una de las razones para el cambio Download - Azkena se debió al cartel. Grandes ambos, pero la mayoría de los cabezas más interesantes del Download en su edición madrileña ya habían pasado por mis ojos y mi teclado. Sin embargo, la interesante propuesta de rock duro y suave que ofrecía el festival vitoriano tuvo más tirón. Y desde luego que no defraudó. No se puede decir lo mismo de la carpa de lucha libre, en la que un señor enmascarado, supongo que mejicano, de brazos lánguidos alentaba a la masa allí reunida para saltar sobre un escuálido oponente que pedía clemencia. Demasiada burla para un episodio tan importante en las mañanas de domingo de mi pre-adolescencia. 

Con The Meteors fuera del cartel a última hora, y con The Soulbreaker Company ya revisados y en un horario demasiado tempranero, hasta Cheap Trick no hice acto de presencia, tanto física como mental. Una de las bondades de este festival es sin duda la ubicación. A un paseo del casco antiguo de Vitoria y con un suelo de asfalto rodeado de pequeños montículos de arena e hierba, el descanso y la posibilidad de conocer la ciudad y tomar unas cervezas y algo de comer son más que accesibles. De ahí que me demorara en el acceso, rápido e indoloro, al recinto. 

Con un potente Hello There, los americanos comenzaron un gran concierto. Lleno de fuerza y con un recital de Robin al mando, traje blanco con gorra, rápido nos llevaron a lo más alto con On Top of the World. Cuando una banda con más de 40 años de historia desde la primera formación se presenta en un escenario, uno tiende a pensar que estarán venidos a menos, pero he de reconocer que les esperaba ver bastante más diluidos y apagados de lo que mostraron. Incluso se marcaron una versión de The Velvet más que interesante (I'm waiting for the man). Dream Police, Surrender y Goodnight despidieron una más que decente actuación de estos señores. 


Sin apenas tiempo para darnos la vuelta y coger un sitio decente, Graveyard volvía después de una, por suerte, corta separación. Supongo que tomarse un tiempo para pensar nunca le viene mal a nadie. Y dejaron claro que ellos siguen en la misma onda. Un sonido genial, con sus temas llenos de energía, incluso siendo baladas en el fondo, retumbaron en Mendizorroza sin piedad. Hisingen Blues, Uncomfortably Numb, Evil ways o Blue Soul formaron parte del setilist; un setlist en el que se sigue resistiendo a mi pesar Fool in the End. Un pipa en pelota picada facilitó un cambio de guitarra y lanzó un saludo altivo de superioridad al público, que se miraba atónito para comprobar que el de al lado también lo había visto. Enorme. El gesto, me refiero. 


Un breve parón y aquí está. Uno de los más esperados. Un John Fogerty que es historia viva del rock and roll y que aglutinó la mayor cantidad de ojos y orejas en el primer día de festival. 

Con una puesta en escena haciendo un repaso de lo que supuso la Creedence en lo musical y en lo cultural, imágenes y vídeos multicolor revivieron aquellos maravillosos años de festivales en Woodstock en los que pocos eran conscientes del hito que estaba gestándose bajo sus pies.

Con la gente embelesada y pendiente del cine de verano, la banda con JF al frente se presentó en escena flanqueada por Chuck Berry y Chris Cornell, mostrando gran energía y algún que otro tono de voz desafinado. ¿Nervios? ¿Edad? ¿Heineken? ¿Resfriado? Qué más da. No sé si porque se fue entonando o porque cada vez se escuchaba más al público entregado con Down on the corner, Proud Mary, Who'll stop the rain, Rockin' all over the world, Have you ever seen the rain, Green River, Fortunate Son...en fin. Himno tras himno. Alma de rock and roll a la que unos cuantos gallos no van a restarle mérito ni adeptos. Love you. 


El cansancio acumulado y lo poco seguidor que me declaro de los Hellacopters hicieron que con 15 minutos de bolo tuviera suficiente para dar por cerrada una buena primera jornada. 

17 julio 2016

Gogol Bordello en La Riviera

14 de julio del 2016


Más de cinco años después vuelvo a encontrarme a Gogol Bordello, en el mismo sitio, misma hora. Son muchos los grupos que ver. Son muchas las músicas que disfrutar. Pero un concierto de esta panda tan peculiar y divertida siempre es un seguro, incluso cuando no se les ha seguido tan de cerca como hubiera gustado.

Me quedé en aquella gira del 2010 de presentación del Tanscontinental Hustle, donde el Pala Tute o My Companjera eran los principales himnos. Desde entonces, estos temas no han hecho más que impregnarse en la escena Gypsy Punk, no pasando de moda y elevando tus pies y tu cuerpo hasta posiciones inesperadas. Ya sabéis, ritmos gitanos de nuestra querida Europa del Este que sacan nuestras raíces peninsulares a relucir, porque la relación entre el folclore español y este frenesí tiene más de una nota en común.

A la hora exacta aparecieron los miembros habituales del grupo, como era de esperar, sin descanso. Con una puesta en escena sencilla y con un fondo que recordaba la portada del Underdog World Strike del 2005, los Bordello querían apuntar directamente a la tristeza y al racismo cultural con su mezcla de ritmos, de letras pegadizas llenas de estribillos bailongos, convirtiendo a la Riviera, una vez más, en una fiesta.






Dos horas duró el bolo donde Wonderlust King, Inmigrant Punk, Dogs were barking o Not a Crime encadenaron pasos de baile, gritos, aullidos, manos en alto y cánticos llenos de igualdad, fraternidad y libertad. Como premonitores de lo que estaba por llegar.

Violines, guitarras, bombos, cajas, acordeones, voces...todas al servicio de las raíces más puras de la Europa de siempre. Otra forma de expresar ese sentimiento de unidad que es el que nos hace fuertes, y el que hoy más que nunca parece debilitarse y derivar en un sinsentido. La actualidad vista a través de bigotes, camisas de rayas abiertas por la mitad y pantalones piratas conjuntados con calcetines de colores. Y vino. Mucho vino.

En una Riviera al setenta por cierto de su capacidad, a la salida los autobuses rugían para que Gogol Bordello continuara con su gira europea sin respiro. Ojalá traigan lo que muchos pudimos ver y compartir este 14 de julio fatídico en Madrid.

Just to thank you one more time, for everything you've done...

Alcohol.


10 febrero 2016

The Magic of Santana en el Teatro Mira

6 de febrero del 2016

En un inicio de año complicado, donde grandes de la música se han convertido en historia, el espectáculo que dieron estos señores el sábado entre las paredes del teatro Mira de Pozuelo de Alarcón fue un bálsamo. Un relajante muscular. Un buen antídoto frente a la sensación de que con la ida de Bowie, Lemmy, Bradbury o Frey se ha formado un hueco importante en la cultura musical. Disfrutar de la música de Santana supuso un positivismo complicado de sostener hasta ese momento. 

Como pasa muchas veces, las situaciones en la vida son imprevistas y, a veces, mágicas. En este caso, una visita querida, una búsqueda altruista y la casualidad nos postraron delante de una taquilla para adquirir por un precio módico un billete a los sesenta, a los setenta, a los ochenta...y así hasta el día de hoy. Porque la sensualidad de los sonidos de Santana tiene ese efecto explosivo que sale de dentro afuera. Porque Santana sigue entre nosotros, y aunque no pise el escenario, músicos como los de The Magic of Santana mantendrán su amor por los sonidos latinos reventados con riffs imposibles. 

La banda está compuesta por Alex Ligertwood y Tony Lindsay, vocalistas y músicos de Santana en diferentes periodos de tiempo, y un grupo de músicos extraordinarios que se encargan de teclados, bongos, batería, percusiones múltiples, bajo eléctrico y, por supuesto, guitarras eléctricas. Una puesta en escena sencilla pero efectiva y muy acorde a la que uno pudiera esperar de ritmos santanos. 



Voces quebradas, agudos imposibles, registros variados en un mismo tema y mucho sentimiento y pasión. Esto, y más, es lo que Alex y Tony aportan a esta banda. Podría caer uno en el prejuicio de que la guitarra es la base de las canciones de Santana, y no estaría muy desencaminado. Sin embargo, lo que realmente ha caracterizado siempre al maestro mejicano es la fusión de sonidos, la innovación musical y rodearse de los mejores. Y estos dos caballeros dejaron muy claro por qué Santana se fijó en ellos para sus canciones. Por añadir un "pero" al grupo, quizá el guitarrista principal resulta demasiado sobrio, erguido y monocolor. Aunque el papelón que tiene es de otro nivel, las cosas como son. Que si un vaso es un vaso...

Durante cerca de dos horas temas como Europa, Black Magic Woman, Maria o Hold On fueron el menú que los magos nos tenían preparado. Hubo incluso tiempo para el recuerdo con Somewhere in Heaven, con un componente, Raúl Rico, recientemente fallecido, que se las gastaba así. Por supuesto que no faltó Oye cómo va o Make Somebody Happy, con la cual despidieron un bolo tremendo, con todo el público levantado y vibrando mientras abandonaban el escenario para subir las escaleras listos para mezclarse con la audiencia. Un concierto lleno de paz. Lleno de rock. Lleno de amor. Lleno de pasión latina...bien llevada. 


Una válvula de escape en unas semanas complicadas llenas de calendarios apretados y citas previas. Un oasis compartido con quien quiero compartir más. Todo. Escalofríos y un alma reconfortada y fusionada. Como la música de este genio. Un homenaje pre-mortem, que es cuando realmente se disfrutan. 

Que siga el 2016. Ahora estamos más preparados. 


12 octubre 2015

Reverdeceremus Festival en Acebo

10 de Octubre de 2015

Lo único bueno de las tragedias es ver la respuesta de la gente. Darse cuenta de que la solidaridad, el apoyo y el buenismo habita en la mayoría de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, de nuestras aldeas. Es una pena que por un puñado de cabrones todo esto se vea ennegrecido y muchas veces le perdamos la pista a la buena senda.

Acebo y Hoyos, quizá las dos localidades más afectadas, se han unido para montar este Reverdeveremus cercando los robles, castaños y montes lacónicos de música autóctona. De aullidos y acordes que sirvan como la danza de Totoro. Crecimiento de nuevos brotes. Más verdes que nunca. 

Milana fue el primero de los grupos que disfruté. Además de más que agradables reencuentros inesperados, el ambiente country americano de la banda eminentemente cacereña fue más que bueno. Sobreponiéndose a los continuos problemas de ajuste de sonido (el técnico estaba claro que iba más a pinchar su música que a adaptarse a las necesidades de los músicos), temas como Niña de arena y sol retumbaron en la carpa, con esa guitarra acústica marcando el ritmo. Remolino también hizo presencia en el bolo, y canciones como Tu Olor en mi ojo izquierdo hablan de la ascendencia de esta banda, de marcado olor sureño, de mecedoras y carreteras a medio asfaltar. 

Era el turno de Pepe Peña y the Garden Band. Una panda de chavales que hacen las cosas bien. Muy bien. Brotes casi convertidas en realidad después de ver sus temas y su bagaje. Un sonido que recuerda a las tonalidades musicales de The Tallest Man On Earth y otros grandes cantautores alternativos actuales, con una pronunciada esencia en los sonidos acústicos mezclados con lo eléctrico. Fue un bolo marcado, de nuevo, por los defectos de sonido, que estoy seguro les impidieron demostrar lo que saben hacer. Aun así, temas como Home o Manuel hicieron suficiente eco como para convertirse en un grupo a seguir. 




 
La Bruja Roja y los Jacobos cambiaron el devenir del festival. El pogo se empezó a consagrar como el paso de moda en la carpa. La Bruja Roja llegó con un claro objetivo: olvidar el temporal que amainaba para que la gente se divirtiera, cantara y bailara como si allí no hubiera pasado nada semanas antes. Temas propios (No Volverá, La Marea) y versiones de los grandes (El roce de tu cuerpo) que hicieron las delicias de los asistentes, entre saltos, bailes y gritos canallas. También se notaba el toque de su técnico de sonido, con canciones como deben sonar. A ritmos kalimotxeros y con potencia e intensidad acaloraron la atmósfera a guitarrazo limpio. 

Y para continuar la onda, Los Jacobos, con el eterno Patxi (no por mayor, sino porque llevamos viéndole décadas haciendo de todo) pusieron la nota punk del festival, además de la belleza y hermosura con Samantha Fox. Chuck Norris entre otras canciones ponen de portada sus letras claras, de la calle, transparentes. Sin lujos, sin concesiones, sin virguerías. Simplemente, Los Jacobos. 

Un aplauso por los voluntarios. Un aplauso por los asistentes, las bandas (incluyendo las que no pude ver) e incluso por la lluvia, necesitada más que nunca. Un adiós al humo y un hola al verde. Porque la Sierra reverdecerá, con más vigor que nunca. 

Esta iniciativa, tan loable como su puesta en escena, debe mantenerse en el tiempo. No pensemos que una pulsera es suficiente. Cada papel. Cada colilla. Cada mierda que tiramos deja cualquier movimiento en inútil. No sólo se trata de colaborar, sino de concienciar. Porque la naturaleza es como una relación: cada día, cada acto, cada tú, cada yo...importa. 

Así que a currárselo. 

Charly González and the Crazy Bros en La Casa de Cultura

9 de Octubre de 2015

Quién me iba a decir a mí que la siguiente entrada de este blog iba a ser por un concierto en Coria, que nada tiene que ver con las fiestas de junio. Que nada tiene que ver con músicas comerciales. Que iba a ser en el mismo escenario donde durante años he representado desde Las Tierras de Jauja hasta Jesucristo Superstar. Pero sí, así fue. Como lo cuento. 

Charly y sus hermanos locos pasaron por el pueblo para dejarnos una actuación excelente, igual que inesperada. Haciendo memoria no ando muy desencaminado si afirmo que es la primera vez que veo un concierto de jazz/blues en Coria, con una entrada no gratuita, y con un aforo prácticamente completo. Sigue siendo cierto que el porcentaje de asistencia es bastante reducido para la población, pero quedémonos con lo positivo. Parece que algo se mueve. 

Con una banda muy completa que incluye hasta un "hechicero", Charly y los suyos, los suyos y Charly, nos presentaron los temas de su último disco, The last sun. Un disco con ritmos clásicos del jazz , swing y del blues de toda la vida. Esas notas que penetran y se ponen a bailar con tus glóbulos rojos y a cantar con los blancos. Temas como Nobody but you o Leave this town for money son un claro ejemplo de ello. También se incluye en su repertorio una versión del clásico Caldonia, dejando claras sus intenciones sobre el escenario. 



Hubo momentos para el gozo. Los solos de guitarra mezclados con los vientos, piano, batería y complementos varios. Entre ellos, la gran pandereta, que en estos estilos es más que necesaria para crear ese ambiente festivo y alegre, para salir de vías oscuras donde el blues puede llevar sin darse cuenta. También ese saxo que tanta clase y elegancia pone en todas las formaciones. Un sonido muy completo que tuvo su cúspide en la versión del Bolleré del querido Raimundo Amador, que sin ser la versión con Mr. King, fue la guinda tras hora y media de intenso concierto.

Una atmósfera de la música de principios de siglo XX que inundó por un momento una ciudad necesitada de actos culturales de este tipo, porque es lo que mantiene la inquietud y la riqueza espiritual. Y todo por tres euros. Bueno, 8. Porque cayó un Cd. 

Sigamos así. 

28 junio 2015

Loquillo en las fiestas de San Juan

28 de junio de 2015

En unas fiestas de San Juan marcadas por la tragedia y en boca de todos los medios este año por el morbo y la polémica, las actividades musicales han puesto una alternativa de fuerza que bien merecía un viaje rápido de fin de semana.

Todo giraba en torno a una figura alta y una banda a la que siempre es un placer incluir en este blog, porque por muchas veces que la haya criticado, sus letras, ritmos, estilo, carácter y sobre todo, sus canciones, nunca dejan de emocionar. 

Con algo de retraso frente al horario previsto, Loquillo, con pañuelo rojo al cuello, y los suyos saltaron al escenario con ganas y con su motivación habitual. Tenía curiosidad por ver cómo afrontaba un concierto en una ciudad pequeña que ha demostrado año tras año que la entrega y asistencia a este tipo de eventos musicales suele ser bastante decepcionante. También quería palpar de primera mano cómo congeniaba con un público tan complicado, a pesar de tratarse de una entrada gratuita. 

Debió generarse previamente algún rumor sobre si Loquillo finalmente aparecería en Coria, lo cual explicaría que las primeras palabras fueron dedicadas para los incrédulos: "Alguno decía que no íbamos a venir. Pues aquí estamos, joder". Acto seguido, y durante las casi dos horas que duró el bolo, canción tras canción Loquillo fue adueñándose de la plaza. 



Gente que inicialmente empezó fría en las primeras filas, pero que tras el El Creyente y algún tema de los más actuales como Línea Clara o El mundo necesita hombres objeto, llegó un chorro de temas de siempre que consiguieron meter a todo el mundo en el bolsillo y crear un ambiente de rock en Coria que yo, personalmente, sólo había vivido ligeramente en los antiguos conciertos de Rosendo o de otros que lo habían intentado. 

Es cierto que este era gratis, y daba gusto poder ver en las primeras filas a niños y niñas con camisetas del pájaro Loco disfrutando, pero esto nunca había sido garantía de éxito en las fiestas, donde "DJs" (sí, entrecomillado), el pachangueo y músicos casposos siempre habían llevado la nota principal, salvando a la charanga. Sin embargo, El Rompeolas, La Mataré, Rock&Roll Star, El ritmo del Garaje, Cruzando el Paraíso, Memoria de Jóvenes Airados, Quiero un camión, Cadillac Solitario o Feo, fuerte y formal fueron demasiado. Por fin, un sabor de rock&roll pasó y pisó por encima de muchos otros. Se notaba además la presencia de Mario Cobo de Nu Niles para dotar al grupo de ese toque rockabilly del álbum Código Rocker. 

Con un Loquillo entregado a la causa, incluso llegó a pasearse al lado del público. No sólo cumplió si no que se notó que se trataba casi de algo personal, demostrar que rumor arriba o rumor abajo, él y su banda de rock tenían claro que iban a hacer lo que mejor saben para salir por la puerta grande. 

Por una señora portona. 

21 junio 2015

I Edición MatMad Festival

20 de junio de 2015

Qué mejor época que el verano para volver a las andadas y sacar a paseo este blog, de todo menos olvidado. Junto con el solsticio de verano llegó a Madrid la I Edición del MatMad Festival, en vísperas del día europeo de la música. Es buen concepto celebrar las efemérides con antelación, que nunca se sabe lo que puede pasar al día siguiente. 

Con un sol de justicia, el Matadero de Madrid acogió este primer festival que reunió a algunos de los grupos patrios de ayer y de hoy para montar un cartel bastante interesante, con una base rock pero con referencias al flamenco, al punk o al pop. Todas las bandas del día habían pasado por este blog a excepción de dos a los que tenía ganas de cogerles por la pechera y disfrutar de sus directos: Ángel Stanich y Los Ilegales. 

Ángel Stanich fue el primero en saltar al escenario, algo más tarde de lo que estaba previsto, pero rápido mostró que su apodo de El ermitaño del rock no hace alusión solo a su aspecto, donde su nariz y ojos son los únicos resquicios donde el pelo aún no ha llegado, sino también a un estilo único de cantar, de componer y de tocar. Con una base de rock sucio americano y un tono de voz gangoso que al principio parece una parodia de José Mota pero que acaba por enganchar. Temas como Metralleta Joe o Carbura (que no pudo tocar porque le expulsaron del escenario) son una muestra de lo fuerte que viene pegando, de lo fresco que es su directo y de que la cantera sigue funcionando. 

Smile fueron los siguientes, a los que por cierto tampoco había tenido el gusto de conocer hasta el momento. Su concierto, pasado por un sol abrasador, enfrió al personal. Quizá sea porque eran del norte. O porque sencillamente su música después de la de Stanich apalancó. Un grupo con estilo muy british que nada tiene que ver con el grupo de los años 60 de Brian May, y que perdió su combate frente a la barra con sombra y la cerveza fría. Ni un ukelele ni un "me bajo con vosotros al foso" fue suficiente. 

Con el sol apagándose y el recinto llenándose, todo apuntaba a que el resto del festival iba a amontonar motivos para esta afluencia repentina: Kiko Veneno, Corizonas, Los Ilegales y Los Enemigos. 

Kiko Veneno puso el bailoteo en nuestros cuerpos con sus temas de siempre, con una banda estupenda y dejando ese buen rollo y esa sonrisa en el cuerpo y en la caras de todos, porque él es así. Feliz por cantar. Feliz por provocar ese movimiento de pies y de manos. Feliz de su lírica y de su halo. Un grande de España.

 

La traca final se inició con Los Corizonas. Ya convertidos en un clásico de cualquier encuentro musical que se precie, este grupo de potentes letras y melodías dejó entrever que les espera un periodo de descanso, y que Arizona Baby y Los Coronas dejarán de verse durante algún tiempo para darse aire, aunque dejaron bien claro que no será su última palabra juntos. Canciones como The Falcon Sleeps tonight o Run to the river quedarán por ahora en nuestras minicadenas para cuando queramos coger un buen punto, en un momento cualquiera. 


Los Ilegales. Ese grupo de letras rudas. Ese grupo con aquella portada del álbum en vinilo con nombre homónimo, y que se grabó en mi mente desde que mis pequeñas manos accedieron al surtido de música parental. Unos macarras de pro que completaron un bolo intenso y sin concesiones. Hasta Mr. Jorge Ilegal se tuvo que medio disculpar de la velocidad a la que salían temas de su Stratocaster y de su Gibson. Y para que os hagáis una idea de quiénes son Los Ilegales, pasad diez minutos escuchando esta entrevista. No tiene desperdicio. Sardinas, café y fantasmas. Y para terminar: eres una puta. Todo unos personajes que rompen con cualquier estereotipo y que bien se merecen el párrafo más largo de esta crónica. 

Y para finalizar, Josele Santiago y los suyos subieron al escenario para terminar con una ronda de temas que hicieron las delicias de los seguidores de las raspas de los Enemigos. Entre los clásicos, cuenta atrás o John Wayne, con esa voz tan peculiar y ese estilo elegante y tan rocker. Durante algo más de una hora, Los Enemigos remataron un día genial de música y de buen ambiente. 

El día en que se cumplían diez años de aquel FestiMad que marcó un antes y un después en la escena musical madrileña y en nuestros corazones, se bautiza un nuevo festival que se antoja duradero, dineros mediante. Porque arda lo que arda, siempre habrá resurrección en forma de rock. 

Es lo que tiene. 

07 febrero 2015

Por un Mundo sin ELA

31 de enero de 2015

La música siempre ha sido un medio para la revolución. Se ha utilizado a lo largo de la historia como herramienta, como arma, contra aquello que el autor consideraba injusto. Notas de sublevación y de inconformismo, algunas atemporales, con las que muchos nos seguimos viendo reflejados.

La solidaridad y el premio al altruista han sido algunos de los temas comunes que han servido para cantar por un mundo un poco mejor. Un lugar donde, por mucho que creamos avanzado, sigue habiendo motivos para luchar y unirnos por un mismo objetivo. En este caso, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Una enfermedad cruel de causa aún desconocida y donde la investigación jugará un rol muy importante.

En este marco de apoyo a una causa noble, el Palacio de los Deportes se plagó de estrellas nacionales de todas las épocas y estilos que vibraron junto con el numeroso público congregado clamando por la inversión en investigación con himnos tarareados, cantados, gritados. El Lichis, Siniestro Total, Rulo y La Contrabanda, Sôber, Los Enemigos, Burning, Quique González y Lapido, Miguel Campello, El Gran Wyoming y Última Experiencia, Miguel Ríos, Víctor Manuel, M-Clan, Rosendo, Amaral, Cuco Pérez y Luis Delgado. Rock, heavy, pop, cantautores, folclore. Todo ello dirigido por un maestro de ceremonias cuya risa y energía nos contagia y alegra cada mañana en Radio 3 (Ángel Carmona).

El setlist era muy esperable. Por la gran cantidad de artistas, los músicos tuvieron dos-tres canciones, por lo que tiraron de lo más conocido de su repertorio para participar en este evento solidario cuyos fondos se destinarán a un proyecto europeo de investigación para saber más sobre la ELA. El sonido, amén de algún error mínimo, estuvo genial, muy propio del Palacio. Y entre banda y banda, vídeos, información sobre la ELA y alguna que otra aparición estelar.

El foco hoy no estaba en la música, sino en el mensaje. Y para terminar de rematarlo, Carlos Matallanas, un enfermo de ELA, subió al escenario con unos carteles (la enfermedad ha paralizado los músculos de su boca y no puede hablar) para compartir ese momento con todos, lanzando un mensaje positivo y de lucha contra el enemigo. Minutos muy emocionantes y emotivos. Tremendos. Javier, hermano de Carlos y organizador del evento, también tuvo palabras de agradecimiento a los asistentes y músicos reunidos. Y un doctor. Un profesional dedicado exclusivamente a derrotar a la ELA y cercano a la jubilación, expresó la necesidad de investigar, investigar, investigar para tener el conocimiento que nos permita estar en mejores condiciones para erradicar esta espantosa enfermedad.


Fue un encuentro emotivo, canalizado a través de la música, y que acabó con un Agradecido de Rosendo que retumbó como nunca. Un empujón más. Un paso adelante. Un grito de rabia. Un peso sobre los hombros con manta alrededor  para levantar las manos lo más alto posible.


Un aquí estamos. 

11 enero 2015

Grison y Tuli en la sala Galileo Galilei

9 de enero de 2015

Como vuelta a los escenarios tras un parón medio obligado por los proyectos individuales y por una lesión inesperada, llenar la sala Galileo Galilei es una buena muestra del auge que está empezando a tener esta pareja. Un par peculiar, original. Que unas veces la tienen grande y otras pequeña. Donde la vergüenza se esconde detrás del desparpajo. Risas y aplausos que podrían haber rellenado el vacío de las campanadas en Canal Sur, sin que nadie las hubiera echado de menos.

El espectáculo tuvo que empezar más tarde de lo esperado para dar tiempo a que los asistentes buscaran su sitio en las esquinas del garito, usando escaleras como sillas improvisadas y los abrigos como respaldo. En este sentido, la gestión de la sala fue, a mi entender, bastante mala. No entiendo cómo se prefiere tener escaleras y salidas de emergencia taponadas con sillas en lugar de abrir la segunda planta de la sala, donde sólo se distinguía una mesa ocupada y, que según el personal del local, estaba reservada exclusivamente a músicos e invitados. Entiendo que en general existan tratos especiales. Yo no los quiero. Pero cuando antepones este ¿clasismo? en concepto a la seguridad, se merece, al menos, una mención en un blog de chichinabo.

Y pasemos a lo importante. A describir casi una hora y media de diversión, buen rollo y una actuación en la que el humor y la música, todo teatralizado y simplificado a dos tipos y un aparatejo, hicieron las delicias del público. Público donde se observaron hormigas (más preocupadas de recoger frutos para el invierno) y estrellas guaperas del rock (hasta hace poco pensaba que eran conceptos incompatibles).

Beatbox mezclado con música en directo y actuaciones perfectamente conjuntadas. Compenetradas. Asimiladas. No sé, un montón de –adas. Grison con sonidos y ritmos que ya se están empezando a convertir en habituales, sobre todo desde que se comió mis canapés. Campeón de España de Beatbox y del mundo de Loopstation. Ahí queda eso. Tuli dando una lección de sintonía con el público y dar vida a esos sonidos. No sé si será campeón de algo, pero qué importa. Este actor, músico, maestro de ceremonias y otro sinfín de habilidades sigue siendo cojonudo. Básicamente, dos artistas con un sentido del ritmo, del humor y del espectáculo especial.


Números ya conocidos como el dela batería, donde sonidos, humor y gesticulación se mezclan al unísono casi a ritmo de metrónomo. Incluso a ciegas. Otros donde se muestra que ambos son igualmente importantes, y que tanto Grison como Tuli tienen una implicación y una destreza en lo suyo que se complementa y fabrica momentos geniales. Pájaros, elefantes, delfines, perros. Un zoo ambulante sacado de un sombrero. Al son de improvisaciones. Y una banda, los Rolling Charlestones, para darle un toque final tremendo, haciéndose el escenario pequeño y ellos cada vez más grandes.



Ya sólo faltaba el sketch final. El momento álgido. La cúspide. Aquel instante en el que los corazones se encogen y claman al cielo por la victoria, la explosión contenida de emociones y el momento perfecto para usarlo como excusa para el contacto físico. Pero no era tan fácil. Tuli, Tuli Vidal anteriormente, frente al redoble de Grison, tenía por delante el más difícil todavía.

Y lo consiguió. 

Lo consiguieron. 

01 octubre 2014

Los Coronas en la Siroco

25 de septiembre de 2014

Con motivo de la celebración de los 25 años de una sala mítica del panorama musical madrileño, Los Coronas se pasaron por la Siroco para rememorar viejas historias de otros tiempos, cuando Madrid se agitaba a cada acorde sin necesidad de tener que hipotecar un pulmón. Pero sobre todo para pasar un buen rato en una sala acogedora y con, en general, una buena acústica. 

Era la primera vez que les veía en directo como tal, después de su aventura junto a Arizona Baby que ha dado mucho que hablar en este país. Y para bien. Y con razón. Los grupos instrumentales me han ido atrayendo cada vez más, y especialmente aquellos que maman del estilo de The Shadows con ese rock bailongo, que lo mismo te coge una ola que te desenvaina un revólver. Sólo puede quedar uno, ya sabéis, ese rollo. 

Con unos sombreros blancos y unas camisas negras con sus nombres bordados (no me voy a atrever a elucubrar si a mano) saltaron al escenario de la Siroco directamente al lío. Sin rodeos. Con sus instrumentos al viento haciendo que el público rápidamente sintonizara con el ambiente y dejara llevar sus pies, manos y cabeza a otra época y lugar. Por supuesto cada uno a su bola, en su mundo de olas, buen tiempo, ritmo, despreocupad@s y marcando tendencia en sus pensamientos. 

Guitarristas tremendos. Bajista espectacular. Y batería y trompeta geniales. Esta es la banda. Cada uno encantado con su rol. Adiós Sancho, Jinetes Radioactivos o Rockaway surfers retumbaron en La Siroco con una acústica muy buena pese a la combinación de sonidos. La trompeta, guitarra, bajo y batería se escuchaban muy nítidos sin solaparse, con el volumen perfecto. Entre canción y canción una historia, un chismorreo o un comentario divertido que no desentonaba y que junto a los "Heyyyy" marcaron la pauta lírica del bolo. 


Impresionantes sus versiones. Género que normalmente está desvirtuado y que en muchas ocasiones se quedan en copias de menor calidad que los temas originales. Sin embargo Los Coronas aplican su fórmula para dotar a cada composición de otros en algo suya. En el Lago de Triana (ésta con Jairo Zavala), Paint it black de los Rolling o Corazón contento de Marisol son un ejemplo de ello.  Temas de siempre pero con un sello acoronado que mola. 

Tras hora y media de concierto y de muy buenas sensaciones, Los Coronas son un grupo original en nuestro país (junto con Toundra seguramente los mejores del estilo "el gato me comió la lengua") que merecen mucho la pena. Lástima que el servicio de venta, con camisetas en una caja de cartón y los discos en una bolsa cerrada no esté a la altura. Tampoco quien los vende. Aunque no fue impedimento para que mientras escribo estas líneas me den ganas de darme un paseo en caballo mirando por encima del hombro a todo aquel que no aguante dos chupitos de güisqui de un trago. 

Tú tienes que estar en la próxima. Para que sea mejor. 

Grandes Los Coronas...Ohhhhh yeeeaaahhh...