06 junio 2011

System of a Down en Rock and Ring

05/06/2011

Que no. Que no. Que no estuve en Nürburg. Sin embargo, la noticia de que System of a Down había vuelto y que se retransmitía en directo el concierto desde la web Stream4U me llevó directamente a sentarme delante del ordenador con una cerveza y dejarme llevar.

¿Se notarían decaidos? ¿Les habría pasado factura, a Serj y a Daron, sus periplos en solitario, melódicos, con folk oriental? ¿Cómo seguirían sus voces, sus riffs, después de algunos años en el baúl? ¿Empolvados? ¿Agrietados? ¿Quizá sonaría a "estoy aquí por necesidad"?

A las 22:30 horas, puntualidad alemana, y con la web yendo a tirones durante los primeros minutos, SOAD apareció en el escenario. Con carteles de Welcome Back, una de las bandas más influyentes de los últimos tiempos y por las que uno estaría orgulloso de haber nacido en los 90, inició su torrente personal con Prison Song.

Como si hubieran estado encerrados en una celda durante 4 años, en barbecho. A la espera de volverse a encontrar consigo mismos y darse cuenta de lo que representan. Se les veía bien. Quizá Daron era el más cambiado, con un look más parecido al Arrebato o al Barrio que al guitarrista misterioso y oscuro que llegó a ser. Sin embargo, el sombrero no consiguió nublarle la mente y, más allá de perder cualidades, demostró que tiene una voz y una fuerza con la guitarra fuera de lo normal. Una mezcla de obscenidad, de rabia, de amor-odio que estalló sobre la alfombra mojada (no veáis la que debió caer) del escenario.

Serj sigue conservando su esencia. Una voz espectacular, con una variedad de registros que intimida. Un grito. Un Do mayor séptima. Otro grito. Un graznido. Y ahora un Re. Porque yo lo valgo.

Lo de Shavo y John también es de mérito. Mantenerse tanto tiempo al margen, siendo tan buenos como son, es para reconocérselo. Sin cambios de vestuario ni de look tan impactantes como el de Malakian, se mantuvieron increíbles durante el concierto. Dando muestras de que merecen estar en el grupo. Que dan valor añadido.

El repertorio fue espectacular. Querían resolver de un tirón todas las posibles preguntas que surgieran alrededor suya y durante la hora y media de concierto llegaron a la friolera de 26 canciones de setlist. Y aun así hubo tiempo para agradecimientos. Porque somos su fucking love. Y porque Daron se empeñó en que todos nos volviéramos locos. Ya fuera en cuerpo. O en espíritu. Porque el nosequé llegaba igual. A los que estuvimos en 2005 viéndoles mientras coches ardían y barras eran asaltadas por el público enajenado con más que motivos, esta videoconferencia ha supuesto un renacer.

Deer Dance, Suggestions, Hypnotize, Psycho, Chop Suey, Lonely Day, Kill Rock 'n Roll, Aerials, Suit pee, Toxicity, Sugar. Quién puede dar más en el metal. Claro que faltaron. Pero no sobraron. Un despliegue de ganas asombroso. Tenían motivos. Estaban de vuelta. Están de vuelta.

Sólo queda que, más temprano que tarde, vuelvan a desquitarse en los estudios. Sacando algo, como suele ser habitual, que merezca la pena ser degustado. Que aproveche.

21 mayo 2011

DinoZaurios en el Centro Cultural de La Elipa

20/05/2011

Las cosas se pueden decir de muchas maneras. A la tuya. A la mía. A la de la puta calle. Cada una de ellas original. Y es posible que, aun diciendo lo mismo, se transmitan diferentes cosas, porque cada uno acentuamos aquello que nos parece más importante. Que nos merece más intensidad.

Así es DinoZaurios. Una forma diferente de hacer música. Canciones de rock, heavy, pop-rock, psicodelia con un trombón, un contrabajo, una batería, y dos tipos de saxo. Sí. Sin guitarra. Himnos de siempre que no voy a desgranar, ni a valorar. Ni siquiera a mencionar.

Os propongo un juego. Una alternativa de crónica, en la que vosotros sois los que comentáis. Los que adivináis y expresáis lo que queráis sobre cada una de estas apoteósicas composiciones (mierda, se me escapó un adjetivo). Porque, ahí va una pista, esto va de fósiles. De desenterrarlos y de darles una nueva forma. No un nuevo fondo. El juego consiste en ver todo desde otro punto de vista. Desde un cristal de diferente color. La esencia se mantiene. ¿Quién es capaz de descubrir qué canción se esconde tras cada uno de los siguientes arreglos de DinoZaurios? Escucha, averigua y opina.

Tema 1: Temazo. Poco habitual en los directos, pero una de las joyas de uno de los grupos por los que uno bien podría cambiarse de religión.


Tema 2: Una oda a un elemento cotidiano que sólo Zappa sería capaz de plasmar en forma de música. ¿Os atrevéis?


Tema 3: Una de heavies. Un clásico americano del mundo del rock duro. Seguro que hubiera disfrutado viendo lo que escuchamos nosotros.



Tema 4: Quizá la más sencilla de todas. Y la última. Pero no por ello la menos brillante. Sobran las pistas.

Además de las versiones, hubo temas geniales, como The Eternal Time, composición original del grupo. Melodía melancólica, emocionante, íntima y potente que sirvió para demostrar que no sólo del fósiles vive la banda. También llevan su originalidad al pentagrama.

Siempre hay una forma original de hacer las cosas. Aunque nunca sepamos cuál es la mejor. O la correcta. Aun así, divirtámonos buscándola e improvisando.



TIP: Os dejo, a petición popular, otro acertijo; clásico apelmazado por la edad. Adivinanza 5. Que ustedes la disfruten. Y la comenten.

16 mayo 2011

WOMAD 2011

12-15 Mayo 2011

Hasta dónde hemos llegao. El WOMAD (World Of Music, Arts and Dance) sigue aquí, y esta vez, con la excusa de los 20 años, y a pesar de contar con una reducción de presupuesto, ha vuelto a desmostrar que sigue siendo toda una ventana de Cáceres, de las músicas del mundo y de los extremeños al resto del mundo. Que sí. Que merece la pena conservarlo. Aunque sea con un escenario menos. Que se ha convertido en una de las señas de identidad que nos deberían hacer sentir algo bueno. Y hay que mantenerlo.

Tras un viaje más que anecdótico (mitad dinosaúrico mitad black), Cáceres recibió a los visitantes del tren de las 19:30 horas con lluvia. Desde lejos quedaba una estampa preciosa, arco multicolor incluido. Pero la descarga de agua fue acojonante. Eso sí, la experiencia del año pasado hizo recordar que un impermeable nunca está de más. Sin embargo, y a pesar de que la gente (no todos) aguantó a que cesara el vendaval, Cánovas siempre recibe como uno se merece. A medida que se aproximaba la avenida, un tumulto de tambores, cajas, bombos y panderetas alborotaban a la multitud que se agolpaba en los puestos de hippies. Venían a decir algo así como: "Bienveníos, ehsto é lo que os aguarda de aquí en alante".

Llegar el viernes tarde, y más teniendo en cuenta la supresión del escenario de las Veletas, hace que el número de grupos que se puedan ver sea menor. Por ello, tras una breve incursión en la habitación que iba a servir de cobijo, y una degustación al más puro estilo alemán (buena noticia que los precios de las Comidas del Mundo no suban de un año a otro), la Plaza de San Jorge se abrió con BigotT.

Zaragozano de Zaragoza, este hombre con bigote dejó una muy buena impresión. Una mezcla de folk y rock en inglés muy propia de la intimidad que añade la Plaza de San Jorge. Buena acústica y divertidos bailes que, a pesar del aspecto desaliñado, sirvió de fórmula perfecta para entrar en la dinámica del festival. Primer concierto, primera sorpresa agradable. Como ejemplo, aquí tenéis She is my man.

Justo después, sin anuncios para dejar ir al retrete, en la plaza Mayor tocó La Orchestre National de Barbés. Orquesta de origen francés pero con estilo de África del Norte, Argelia, Marruecos con algo de mezcla folk. Quizás porque la acústica en la Plaza Mayor no es igual que en San Jorge, no transmitieron lo que se esperaba. Y más si se comparan con los geniales Speed Caravan, que participaron en el WOMAD del año anterior.

El encanto del WOMAD no sólo reside en la gente. En los grupos. En la comida y bebida (los madrileños, encantados con los precios, aunque les cueste asimilar aquello de "maceta"). Sino en la improvisación. Ese desparpajo que, a pesar de haber actuaciones programadas en los escenarios, te limites a comprar bebida, comida y sentarte en cualquier sitio a tener una conversación agradable rodeada de una batucada, de una performance con fuego, de algún truco de magia o, por qué no, a relajarse en el suelo empedrado mirando la luz tenue de edificios medievales. Y así transcurrió el viernes.



El sábado amaneció tranquilo y, como es habitual, con un casco antiguo impoluto. Olé de nuevo por los servicios de limpieza, que merecen todo el reconocimiento del mundo. Como si allí no hubiera pasado nada el día anterior.

Enlace
Como enamorado de los talleres vespertinos, nos esperaba Dobet Gnahoré con la mesa puesta, preparada para enseñarnos un plato típico marfileño y, de paso, al más puro estilo Arguiñano, echarse unos cantes también tradicionales con la compañía de su marido a la guitarra. De menú: bacalao harinao con patatas y banana (bacalao a loko, o algo similar). Increíble su voz. Porque a pesar de las tristezas cantadas, la alegría que emanaba de su cuerpo acojonaba.

Tras un breve refrigerio, les tocaba a los galeses 9 Bach. Un matrimonio, dos hermanos y dos grandes amigos forman este grupo de folk galés que pretenden darle una vuelta a la tradición sin olvidarse de la esencia de la misma, manteniendo melodías y letras pero con arpa e instrumentos de origen indio. Además de una explicación detallada de toda su historia y unas princesas sobre el escenario, dejaron una impresión buenísima, tanto por simpatía como por música (todo esto a pesar de que nos trajeron un chaparrón de sus tierras nada más empezar). Un espontáneo con capa y en trance hizo también más amena la actuación bajo la lluvia a los componentes del grupo...Grande.



Y es que el WOMAD, incluso si vienen grupos como el Viaje de Rose, que para mí no encajan demasiado con lo que es el festival, hace que esas actuaciones fuera de lugar tengan anécdotas y uno disfrute haciendo el payaso y dejándose llevar. Mami qué será lo que tiene.

No podía faltar la alegría africana, esta vez de la mano de Takeifa. Cinco hermanos (eso dicen) que, como raza superior que son los morenitos, tienen un don para aquello de los ritmos. Un concierto genial, divertido, escandalosamente amable, con las banderas del WOMAD y las cigüeñas revoloteando. La ostia.

Tras un pequeño descanso con revuelto de patatas (lo mismo que comí, pero arrejuntao), y observar cómo Dobet se dejaba la piel en el escenario principal del festival, faltaba en el WOMAD el nombre. Y ese no podía ser otro que Kiko Veneno. Un señor. Una figura viviente que se veía a lo lejos disfrutar con su rumba. Con su canción. Porque como él dice, hay cosas que no cuestan dinero. Porque es inspiración. De los que ya no quedan. Se fue volando del festival. Genio y figura.

Tras más conciertos inesperados (especialmente emotivo cuando vi, el día de clausura, al mismo gitano que el año anterior maravillándome con su guitarra y su voz...que aparezca en el programa, por dios), se cerró el WOMAD con el pasacalles. Más colorido que nunca. Y más divertido. Y más participativo. Este festival engancha, y se nota año a año.

Que 20 años no son nada. Ya lo decía Carlos Gardel. Que no son nada si llevan tras de sí mestizaje. Fusión. Música. Buen ambiente. Comida. Niños. Padres. Abuelos. Color. Que te busca y te nombra. Vivir...con el alma aferrada a un dulce recuerdo. Cáceres. WOMAD.


08 mayo 2011

The Gift en el Teatro Circo Price

07/05/2011

Tenía gran curiosidad por escuchar en directo el último disco de The Gift. Explode tiende más a continuar la senda de Fácil de Entender (con un mensaje colorido, tanto en letra como en música; y qué decir de su portada) que a devolver al grupo a sus raíces (aquellos geniales Digital Atmosphere, Film y AM/FM que tanto me sorprendieron y encandilaron). Pero aun así, el disco tiene himnos que daban la impresión de poder ser bastante potentes en directo con Sonia, Nuno y el resto de la banda.

Con una presencia de público que apenas llenaba el 75% del Circo Price, el sitio viene siendo el escenario estándar por el que los componentes del grupo se decantan para dar sus conciertos en Madrid. Ya lo hicieron en el teatro Joy, y en el del Círculo de Bellas Artes algunos años antes. No sólo la acústica suele funcionar (no olvidemos que Nuno es un fanático de los arreglos), sino que además, con aforo limitado, todo se vuelve más íntimo y facilita el esfuerzo que hace Sonia por involucrar al público en lo que dice, en lo que canta, en lo que gesticula.

El concierto empezó bastante frío. Pese al look estrafalario al que Sonia nos tiene aconstumbrados. Pese a que el escenario estaba lleno de teclados (hasta tres diferentes), músicos invitados y otros artefactos. Pese a la gran presencia de homosexuales que, quieras que no, siempre se hacen notar con sus bailes, grititos, etc. Pese a todo, las canciones iniciales no calentaron el ambiente. Los cortes iniciales del nuevo disco, RGB y My sun no tuvieron el efecto que yo esperaba.

Además, parecía que estuvieran obsesionados con darle al escenario la misma densidad de color que han puesto en la portada de Explode, porque entre azules, rojos, amarillos, verdes, etc. era imposible enfocar a ninguno de los miembros (especialmente a Sonia, que siempre da gusto quedarse un rato anodadado con ella).

Pronto empezaron a intercalar canciones antiguas como 11.33 o Music, pero ninguna de ellas daba exactamente con lo que necesitaba el concierto para despertarnos a todos y meternos de lleno en dinámica. Dinámica en la que, por cierto, podían meterse sordomudos, ya que durante toda la gira les acompañan traductores que van haciendo gestos para traducir las letras en el momento. Un gran detalle.

Con Driving you slow empezó a cambiar la cosa. No sólo lo notamos nosotros, sino que Sonia empezó a estar más activa. Nuno dejaba los teclados para acompañar las voces saltando por el escenario y, en general, el público se subió al carro del concierto. Siguieron Race is Long (de las más movidas de Explode) y la divertidísima 645 antes del primer descanso.




The Singles sea quizá una de las mejores composiciones del último disco. No sólo por letra y ritmos, sino por variación de registros dentro de la misma canción. Quizá demasiado alejada de cualquier otra cosa echa por The Gift, como la propia Sonia rezaba por el micrófono. Me pareció desde mi posición que fue una de las más aclamadas de Explode.

La cosa se veía que llegaba a su fin. Y yo seguía echando en falta un So free o un Front of, temas de electrónica con toques oscuros que en conciertos anteriores habían sacado lo mejor de Nuno y de Sonia. En lugar de esos temas, se lanzaron con In repeat, que es realmente buena. Muy al estilo de lo que le hacía falta al concierto, aunque insuficiente. Me quedé con ganas de más derroche.

Para cerrar la actuación, toda la banda se fue al patio de butacas, nos hicieron sentarnos alrededor suyo y, en acústico perfecto, se despidieron con Aquatica. Como siempre, cercanos a su público, emocionado de ver que las barreras entre ellos desaparecían.

En general, la segunda parte del concierto estuvo muy bien, aunque añoré su tendencia más electrónica, más oscura, más abrumadora. Que la tienen. Vamos si la tienen.


31 marzo 2011

Roger Waters: The Wall en el Palacio de los Deportes

26/03/2011

Se antojaba épico. Probablemente por ser un concierto con el que hace pocos años la gente no contaba con ver. Los fans de Pink Floyd no tenían otra por aquel entonces que hacer colas para ver a los Pink Tones, echarle imaginación, y pensar que volvían a los años 60, 70 u 80 y disfrutaban de los auténticos. Y el muro se vino abajo cuando se supo que Roger Waters, bajista, letrista, vocalista y fundador de la psicodélica banda, giraba por todo el mundo con el espectáculo de The Wall.

Con dos conciertos masivos en el Palacio de los Deportes, cuya acústica demostró que está hecho para las grandes ocasiones del panorama musical, los que acudimos a ver The Wall fuimos testigos de una ópera. De un teatro musical, con marionetas incluidas. De una historia basada en hechos reales y llena de mensajes, de imágenes, de música. Con un guión definido, siguiendo en gran medida la línea de la película del grupo.

El primer acto del concierto se centró en todo aquello que pone ladrillos en el muro. Educación, egoismo, miedo, pesadillas...Un mundo gobernado por la anarquía que no hace más que encerrarnos. Que nos provoca malestar y nos lleva a un acantilado sin fondo. La sensanción de construcción del muro con cada uno de estos sentimientos fue acojonante. Con una banda y escenografía que rozó la perfección. Con niños desbocados arremetiendo contra el profesor. Con un comienzo de concierto lleno de fuegos artificiales, de llamas, de banderas y trajes militares.

Las volúmenes 1, 2 y 3 de Another brick un the wall, The happiest days of our lives y Goodbye blue Sky entre otros fijaron la esencia de esta primera parte del concierto. También hubo tiempo para el descanso y la calma con uno mismo, con Mother, reflexionando con mamá sobre la necesidad de crear o no un muro.

Como buena obra de tetro, Roger Waters y su banda (qué banda), nos deleitaron con un intermedio. Y digo deleitaron, porque fueron 10-15 minutos muy emotivos en los que, con el muro totalmente construido, la pared de cartón se llenó de fotos de caídos en la guerra. Iraníes, americanos, españoles, alemanes, italianos, sudamericanos, africanos...gentes de todas las razas, etnias y pueblos del mundo que, ayer u hoy, lucharon por intentar derribar muros allá donde se los encontraron.



El segundo acto, a pesar de la sensanción de que el Big brother is watching you, empezó con el mensaje positivo y de esperanza de Hey you, porque tarde o temprano sabíamos que tiraríamos el muro entre las miles de personas allí presentes. Eso sí, no fue tarea fácil. Imágenes psicodélicas, escalofriantes e incluso desagradables llenaban el muro de pesadumbre que daba miedo tocar. Sin embargo, con Vera y Bring the boys back home, se devuelve un aire de luz, haciendo ver que hay gente feliz en este mundo, y que con el cariño de los suyos se puede vencer cualquier cosa.

El muro iba cayendo poco a poco, gracias sobre todo al solo de guitarra de Comfortably Numb, que fue escandaloso. Subido en lo más alto del muro, Snowy White (su nombre merece estar aquí escrito) estuvo acojonante. Con tintes quizás más jevis que la versión original (a mí me gustó más así), destrozó la mitad de los muros que tuviéramos a la entrada al Palacio de los Deportes. Maravilloso.

Al final, como con la burbuja inmobiliaria, no quedó un ladrillo en pie. Con Outside the Wall, una mujer quitándose los auriculares de lo que parecía un Ipod y una niña levantando los brazos en señal de victoria, los artistas salieron a saludar y se fueron yendo uno a uno ovacionados como se merecían.

Todo esto fue lo que Roger Waters, su banda, y la mente de todo este espectáculo (colaborador de U2, de hecho, en muchos momentos, el avasallo de imágenes capitalistas y frases antisistema me recordó a la gira ZOO TV) fueron capaces de transmitir en más de dos horas y cuarto. Un ejemplo de unir música, guión, vestuario, luces, mensajes en un mismo recinto y no morir en el intento. Gracias por recordarnos que día a día, un ladrillo se nos intenta echar encima. El sábado, muchos huyeron asustados de ver de lo que éramos capaces.

19 enero 2011

Letz Zep en la Sala Heineken

18/01/2011

Duele reconocer ciertas cosas. Se les puede dar todas las vueltas que uno quiera. Intentar buscar soluciones. Formas de evitar lo inevitable. Pero eso mismo hubieran querido Plant, Page y Jones con respecto a la muerte de Bohman. Que su vómito no le hubiera reservado una mala jugada. Por ese exceso de alcohol, Led Zeppelin se disgregó. Y yo con estos pelos.

Una vez asimilado, Letz Zep se presentó en Madrid. Y no quería perder la oportunidad de, según se comentaba, cerrar los ojos y verme en los años 70 en la tercera fila de un concierto de los auténticos Led Zeppelin. Me daba escalofríos sólo de pensarlo. Pero supongo que a ellos les debe pasar a menudo. No debe ser fácil intentar imitar a una las bandas más grandes jamás conocidas. Y tampoco ver cómo la gente te aclama por canciones y por riffs de otros. Letz Zep también debe asimilar otras cuestiones. Como esa.

La expectación era tremenda. Viejas y jóvenes glorias con camisetas llenas de frases, imágenes, conciertos que recordaban a la banda tributada. El Zeppelin volvía a coger altura. Y esta vez no había peligro de pincharse por el humo del tabaco.

Con 20 minutos de retraso con respecto a la hora prevista, saltaron al escenario. Vestimenta totalmente ambientada en los años setenta. Chaquetas estampadas y abiertas al medio. Pantalones acampanados. Cinturones de hebilla anchísima. Melenas larguísimas excelentemente cuidadas y un desparpajo asombroso. La cosa pintaba bien.



Y para qué andarse con tonterías. Todos sabíamos a lo que habíamos ido allí. A escuchar canciones de Led Zeppelin. Heartbreaker, Rock and Roll, Kashmir, No quarter...el concierto estaba siendo un auténtico desfase. Nunca había visto tantas guitarras imaginarias entre el público ni tanta voca abierta intentando reproducir canciones. Porque seamos sinceros. Los riffs nos los sabemos de memoria, pero las letras...tenemos que seguir practicando. No importaba; al fin y al cabo es como si estuviéramos en los setenta, y seguro que allí hacían de todo en lugar de cantar...

El concierto siguió con versiones increíbles de Dazed and confused, Moby Dick y Whole lotta love. Como las de antes. Canciones de 12 minutos en los que la anarquía se hacía dueña de la batería, de las guitarras y de los teclados, saliéndose del guión establecido y creando desconcierto. Una virguería.

Y él cogió su guitarra de dos mástires, de 12 y 6 cuerdas. Y la tocó. Y aunque sea tópico, Stairway to heaven enmudeció a todos. Una canción sobre esperanza. Que creó un ambiente tan espectacular de calma y de emociones que erizaba hasta el pelo más rizado. No sólo recordaba a los 70, si no también a micrófono sudado y a camisa desgastada. Pues eso, a los 70.

También llegaron Inmigrant Song, Communication Breakdown y Since I've been loving you, entre otras. Se podían haber pedido más, pero tras más de dos horas largas de concierto, necesitábamos tiempo para pensar en lo que habíamos escuchado y visto. Y yo para escribir sobre ello. Y sobre el ramalazo del cantante, que no dejó indiferente a nadie. Hasta en eso se parece a Plant. Aunque quizás demasiado exagerado. No todo puede ser tan fiel como se espera...

¿O sí?.

16 enero 2011

III Ferrara Fest en el Círculo de Bellas Artes

14/01/2011

Pasa el tiempo y cada año parece más complicado conocer grupos que motiven a seguir leyendo las revistas de rock y otras fuentes varias. Es increíble que con todo lo que se ha inventado y tocado y cantado siga habiendo resquicios para la imaginación y para innovar de forma brillante. Supongo que habrá quien lo vea fácil. Y que tenga pájaros en la cabeza que en un momento dado se conviertan en notas. En melodías. En letras. En cuerdas.

Con espíritu renovado tras el periplo japonés, me di de bruces con un cartel que anunciaba el III Ferrara Fest en el Círculo de Bellas Artes. Me parecía una buena forma de empezar al año, a un precio razonable, ir a un concierto de Toundra. Tenía ganas de verles en directo y disfrutar del virtuosismo de estos chicos. También de conocer a algún grupo nuevo, como Los Cuantos. Y no tantas de ver a Sou Edipo, que me parece que por mucho que digan, no aportan nada nuevo al panorama musical. Más de lo mismo.

La cuarta planta del círculo se convirtió en una reunión de tribus de toda clase de la noche madrileña, aunque quizás los indies del mercado de Fuencarral ganaron esta batalla. Al menos, en cuanto a marcas de ropa se refiere. Tardó en coger ambiente la sala. La gente quería ir a tiro hecho y decidió empezar a llegar con Toundra empezado. Craso error.

Puede que fueran sólo unos cuantos, pero se adueñaron del escenario, sin importar demasiado el ambiente poco cálido del público, de una forma que hacía tiempo que no veía. Con canciones que mezclaban melodías pegadizas con tramos arrítmicos de descontrol y de frenesí, Los Cuantos dieron muestras de que no hay que formar parte de la SGAE ni de ningún sello para hacer música de calidad.



A pesar de tener a los guitarras y al cantante, a ratos, sentados, transmitían una energía y una rabia en cada tiempo que acababa por ser contagiosa. No importaba no haberles escuchado antes. Ni siquiera el que hubiera momentos en los que se aporreaba el teclado o la batería. Todo acababa hilando de una forma tan sutil que acojonaba. Como si el tema tuviera aún margen para continuar y seguir impresionando. Media hora tremenda.

Los 15-20 minutos de espera se agradecieron para poder saborear la actuación de Los Cuantos. Aunque Toundra no se iba a quedar atrás. Eso sí, no contaba con el factor sorpresa. La sala se terminó de abarrotar y aunque sin letras ni tarareos, la gente se volcó desde el principio en los 45 minutos de concierto. Hicieron un buen repaso al último disco, tocando temazos como Zanzíbar y Magreb. Había quien comentaba que se echaba de menos algún grito de vez en cuando, pero yo pienso que quizás más de uno y dos grupos podrían tomar ejemplo y dedicarse a tocar y no a cantar, cuando no lo hacen nada bien...Estuvo genial. No sé, además, si se debe al ambiente sin humo, pero la acústica fue buena, a pesar de ser en un sitio tan cerrado y pequeño. Fundamental el buen sonido para un grupo que vive de ello en los directos. La gente se quejaba de deficiencias en la parte trasera, pero en el circo central se escuchó bastante bien.

Después vendrían Sou Edipo, pero yo estaba tan satisfecho por lo vivido y me apetecía tan poco venirme abajo que decidí marcharme. Aun así, en su MySpace podéis escucharles si estáis interesados. Yo desde luego prefería pasarme a la cerveza y a mi blog.

Feliz año nuevo. Akemashite Omedeto.

13 diciembre 2010

Ritmos africanos en Savina

12/12/2010

Hacía más de un mes que no pasaba por aquí. Un mes en el que sí que he acudido a actuaciones musicales, pero diferentes a las convencionales (tranquilos, no voy a seguir la crónica con pareados). Sin embargo, la cantidad de emociones que se han abalanzado sobre mí, y donde la música siempre ha estado presente, salía del alcance de este blog. El concierto de anoche sí que da lugar a crónica. Aunque tampoco estuvo exento de imágenes, sonidos y olores que, quizás por mi falta de habilidad con el teclado, me veo incapaz de transmitir como se merecen. Por eso me ciño a la música. Que ya son más de cien crónicas y le voy cogiendo el gusto.

Situémonos. Japón, Prefectura de Akita, Akita, Kobawata, Savina. Rincón alejado de los clubs de ladies, de los bares estrechos para beber (los que huelen a menta y los que no) y de todo aquello que se defina como aburrido en Japón. Recoveco donde una panda de japoneses transgresores (entendámonos: aquí transgresor es simplemente quien pasa de ir de traje todo el día) que quieren beber cerveza, comer arroz con curry (más conocido aquí como cali) y escuchar música en directo (eso sí, por un precio nada módico de 2,500 yenes).

Previamente invitado al evento e incluido sin comerlo ni beberlo en la lista de "conocidos", acudo puntual para desmentir aquello de que los españoles somos unos dejaos. Y, eliminando tópicos, ¿quién dijo que los japoneses eran fríos? Nada más llegar, quien me sugirió que fuera al concierto se lanzó a darme un abrazo como nunca antes había recibido de una desconocida, como si la presencia de occidentales augurara que su festival iba a ser lo mejor que ha parido madre. Y abuela. En fin, que a pesar de tener más pelo en la cara y ojos más grandes, me sentí como en casa desde el minuto uno. Sin necesidad de besar el césped. Ni de desplegar mi más que mejorable japonés.



El ambiente era sencillo. Una zona semicircular donde se acumulaban djembes y otros instrumentos de percusión similares, con un par de guitarras y varios micros. Y sillas sin mesas alrededor. Gente bebiendo. Charlando. Vamos, como en cualquier sitio. Esperando a que empezara el run run. Y tras 15 minutos de retraso, salieron tres japoneses a dejarse las manos sobre las pieles de los tambores. Tambores que sonaban a todo menos a guerra. No fue nada espectacular. 30 minutos de ritmos, muy animados, que aun así cumplieron su función: entonar el ambiente. Si estos japoneses levantaran la cabeza y miraran el Womad...

Tras melodías africanas cantadas por japoneses (nunca pensé que llegaría a estos extremos de combinaciones musicales-culturales), salió el rey. Y es que además de ir vestido como rey de la selva (chaleco muy africano; pantalones muy africanos; cinta del djembe muy africana; cara 100% japonesa), tenía algo que destacaba sobre el resto. Naturalidad absoluta. Tocaba como si se estuviera lavando los dientes o haciendo reverencias o comiendo arroz. Como si el djembé dijera: "Ei, tío. Que estoy aquí abajo. Cuidadito que te doy si te pasas de listo". Al rato descubrí que en el panfleto que me dieron a la entrada (en japonés perfecto), aparecía el paisano, un tal Mara, como la estrella absoluta. Quién lo pondría en duda.

Acabóse África y entró una mezcla entre Japón, África y Jamaica. Un grupo de 3, dos chicos (guitarra y Mara) y una cantante que era la primera vez que estaban en Akita, aunque según me contaron, se trataba de un grupo bastante famoso en la zona centro de Japón. Mezcla de tradición asiática, africana y reggae. No me preguntéis el nombre del grupo. No me preguntéis por nombres de canción (aunque había una que, en español, se podría titular Kimi la cagó, supongo que por marcharse de la fórmula uno...). No me preguntéis qué tal las letras. La música la verdad es que estuvo muy animada y fue de lo más variopinta. Desde baladas hasta canciones muy movidas. La guitarra ayudó a decorar mucho más las melodías, a diferencia del previo, basado sólo en percusiones. La voz también llenaba huecos que durante el telonero (por llamarlo de alguna forma) evitaban cierta continuidad en el sonido.

Lo mejor. La sensación. De estar en un sitio perdido. Como si estuvieras escondido para robarles su intimidad y te diera miedo que te observaran por si descubren tus supuestas intenciones de contar lo ocurrido entre aquellas paredes en un blog en castellano. Involucrándote en lo suyo. Que también hacen tuyo. La música estuvo bien, pero Japón, el interior, salió a la luz.

Y es que japonés en japonés es nihongo.

09 noviembre 2010

Turner Cody en la Sala Costello

08/11/2010

Un escenario. Dos guitarras. Una acústica y una eléctrica cariñosamente guardada en su funda acolchada. Un pequeño grupo de gente de lo más variopinto. Un sótano de un bar. Una barra. Una cerveza bien fría. Un chupito de Jack Daniels acompañando y un amigo. El escenario perfecto para conocer música y dejarse llevar por el ambiente oscuro y sucio, a pesar de tratarse del Costello Club.

Llegué con el telonero empezado, Pablo Galiano. A diferencia de lo que se puede escuchar en su MySpace, en este caso el acústico envolvía todos sus temas con un acento tristón que fortalecía las letras frente a los ritmos. Palabras de desamor y de amigos malos que van al infierno. Cerraba los ojos y podía recordar melodías de El viaje a ninguna parte o a algún disco de Le Punk. Acordes sencillos, sin florituras, que se sirvieron como aperitivo más bien frío. Notas que, desde el escenario hasta la barra, se iban empapando del escaso sudor del sótano para volver al backstage con un deje mejorado.



Turner Cody, Nueva York. Con sombrero, bigote rubio y una camisa blanca desgastada (quizás la usó el día anterior en su concierto en Barcelona), tomó su guitarra impoluta y sin dilación empezó a tocar y a contonear sus rodillas y las puntas de sus pies. Cantautor muy prolífico, tal y como proclama su página web, era la primera vez que aparecía por Madrid. Quizás por la fama bien ganada de lo mal que hablamos inglés los españoles (en términos generales). O quizás por las ganas de Mr. Cody porque los asistentes captáramos sus mensajes entre líneas. El caso es que se le entendía perfectamente. Cuando cantaba sobre cosas raras en el aire. Cuando cantaba sobre cuerpos inundados en güisqui. Cuando nos contaba sus experimentos para ver si para el cuerpo era mejor el agua o la cerveza, sobre lo que tenía grandes dudas.

Dejó sobre el escenario I'll be home, Something is strange in the air, Corner of my room, Don't refuse me, my darling y otros temas que traían a la mente a un Micah P. Hinson de buen humor. Que en lugar de gritar, entristecer al personal y enojarse con facilidad, transmitía cosas positivas y, cuando no lo eran tanto, siempre era de una forma amable y sincera.

Tras una hora aproximada, se despidió para verse entre nosotros a los 10 minutos pidiendo cerveza, siempre bajo su objetivo de ver si le afectaba más que el agua. Al día siguiente marchaba a San Sebastián. Un concierto que, pese al cariz nostálgico de la música de Turner Cody (amplificada por el acústico-eléctrico), dejó buen aliento.

Amargo. De la cerveza y del Jack Daniels.

24 octubre 2010

Depedro en el Café La Palma

23/10/2010

Tarde de sábado aburrida. Sin planes inmediatos y un ordenador encendido. Indago en la red en mis páginas habituales de información musical y me entero de un concierto, hoy mismo, en el Café La Palma de Depedro en acústico, presentando su nuevo disco, Nubes de papel. La sensación de poder escuchar buena música me anima y me veo allí, en primera fila.

La realidad, sin embargo, es otra. Madrid permite poca improvisación y, como suele ser habitual, el bar está lleno y no quedan entradas. Sin embargo ponen la música en directo por el hilo musical, por lo que depués de cenar salchichas suecas, me siento a escuchar y a beber, en buena compañía.

Nunca antes había disfrutado de un concierto como música de fondo. Sin luces, sin gestos, sin deslizamientos sobre mástires que se puedan ver. Pero la banda sonora estaba ahí. Y era (es) lo que importa. Al menos eso creo yo.

El nuevo disco trae canciones con ciertos retoques electrónicos que se desmarcan del disco homónimo de la banda. Eternamente es ejemplo de ello. Por otra parte, Todos lo saben sigue dejando de manifiesto ese matiz tan personal y cálido en las canciones de Depedro. También es cierto que, al ser el concierto en acústico y con el murmullo del bar, lo que más destacaban eran las notas menos acústicas y la voz. Buenos temas. Pero fueron Llorona, Como el Viento o La Memoria los que me hicieron perderme en la voz de Jairo y desconectar de un diálogo, de una conversación, de un tú a tú que, siempre que es con un amigo, deja enseñanzas que hace que una cerveza se quede corta.

No hay fotos esta vez. Ni impresiones visuales. Sólo un presentimiento y una afirmación de que Depedro se puede convertir, si procede, en una buena melodía para hablar a gusto de la vida en general, y por qué no, en particular.

Un acierto. Un "acuerdo" de arriba abajo. Vueltas y vueltas para llegar al mismo lugar: en primera fila para coger el metro.

22 octubre 2010

Décimo aniversario de FNAC.ES

21/10/2010

Hacía más de un mes que no aparecía por aquí. Está claro, pero aun así lo comento, que no ha sido por falta de ganas. Sucesos en pequeñas dosis que desestabilizan han tenido la culpa. Acontecimientos buenos, regulares y malos. Ha sido un mes de recogimiento musical. De escucharla tranquilamente en casa y de no pensar en nada (o intentarlo).

Las entradas para el décimo aniversario de FNAC.ES las tenía desde hacía más de dos meses. La Habitación Roja, Sr. Chinarro y Delorean iluminaban el cartel de entrada de la Riviera. No me apetecía demasiado una noche melancólica basada en un tío al que no se le entiende muy bien (Chinarro), música indie a flor de piel (La Habitación Roja) y música techno-pop que puede llegar a rayar (¿o rallar?) de forma irreversible (Delorean). Sin embargo, el concierto se convirtió en un tío peculiar con grandes canciones que se podían escuchar tranquilamente; en un festival indie que puso patas abajo a toda La Riviera y en una discoteca móvil que iba aumentado el ritmo poco a poco, sin que nos diéramos cuenta, hasta explotar en un "Hasta la próxima".

Con una presencia y una voz qu recuerdan a cantautores de los años sesenta al estilo Manifiesto Canción del Sur, Sr. Chinarro entró en el escenario sin hacer demasiado ruido y ante una Riviera más bien vacía. Desde el principio el sonido fue especialmente bueno. Quizás ayudó también que Chinarro dejó el acento cevillano en el backstage. Temas como Del Montón, El alfabeto morse, Esplendor en la hierba, Tímidos...resonaron muy bien bajo un espacio casi sin humo. Casi una hora en la que la gente entró en calor. Genial.

Si hubo un grupo que me sorprendió fue La Habitación Roja. Había escuchado poco de este grupo y nunca me dio la impresión de que pudieran armar tanta fiesta en un concierto. Quizás por el público, acojonantemente entregados. Quizás que subieron en un par de niveles la intensidad de Chinarro. O simplemente porque la gente tenía más cerveza encima, La Habitación Roja me dejó muy buen sabor de boca. El sonido, igual de bueno. Las luces, sin embargo, molestaban mucho al público. Se empeñan en poner esos focos directos a las caras de la gente y lo único que consiguen es evitar ver algo. Una pena. Voy a hacerte recordar, El eje del mal, Nunca ganaremos el mundial (dedicada, obviamente, a la selección española) y Cajas tristes fueron algunas de las canciones que se dejaron en Madrid.


Perdonad por las fotos...pocas y malas: "No battery".

Por último, era el turno de Delorean. De otro corte diferente a los anteriores, fueron el complemento perfecto para el festival. Sin duda, el orden de los grupos fue un acierto total. No por el hecho de quién es más o menos famoso, sino que la noche fue, en ritmo y en ajetreo, siempre de menos a más. Delorean fue un no parar. Estos vascos dieron muestras de que en España también nos podemos salir de los protoipos de música establecidos y hacer mezclas que merezcan la pena. Lo peor en este caso fue el sonido. Un poco aturullado y, en mi opinión, demasiado bajo para una música de este tipo. Al fin y al cabo, no son las letras lo que importan en este caso...

Una vuelta al cole, después del parón, genial. Cumpliéndose muy bien los horarios y permitiendo que, aquellos que currábamos al día siguiente, pudiéramos despertarnos sin demasiado esfuerzo.

Felicidades, FNAC.

12 septiembre 2010

Coque Malla en las fiestas de La Melonera

10/09/2010

Como diría aquel, Coque vuelve en solitario a la carretera. Nunca había tenido la oportunidad (tampoco la había buscado, siendo sinceros) de ver al señor Malla (Mr. Mesh). No sé si porque para mi generación (mediados de los ochenta) había otros mitos de la música española y me centré en ellos demasiado. También podría ser que no di con la canción, el hit, que me hiciera preguntar "¿De quién es?". Hace no demasiado, 2009, fue cuando con esto del spotify descubrí La Bola Extra. Y bien por la situación de aquel entonces o por el mensaje que transmite, se puede decir que fue ahí donde inicié mi andadura ronaldera y coquense (que no conquense).

Yo creo que ha sido la primera vez que un músico toca a mi puerta para invitarme a un concierto, pues me di de narices hace una semana con un cartel cerca del dintel de mi casa donde se anunciaba, entre otras celebridades como Leticia Sabater, la actuación de Coque Malla con motivo de las fiestas del barrio de la Arganzuela, comúnmente llamadas de La Melonera. Gratis. Me faltó tiempo para incluirlo en la agenda.

Tenía dudas sobre si las obras del Manzanares iban a desvirtuar un poco el entorno, pero la noche, los focos del escenario (pequeños pero matones...hablen con mis pupilas) y el sonido de fondo del tomboloero ("Otro perrito piloto, señores...otro perrito") hicieron olvidar completamente las grúas y demás artefactos que por allí se podían vislumbrar.

Con algo más de media hora de retraso (habiendo casetas para tirar dardos y coches de choque, chocones, yo también hubiera llegado tarde a mi concierto...) empezó la actuación. La primera sorpresa, ver que la bajista era la misma que la de la nueva banda de Loquillo. La segunda, no tan grande y muy esperable, que todo el mundo se agolpaba en la primera fila cantando "No puedo vivir sin ti...no hay manera". Pon una canción en la tele y verás lo que es publi efectiva. Y más si es para IKEA. Qué tendrán estos suecos...

El concierto en general estuvo bien. Con ese carácter macarrilla que por momentos me recordaba la escena de la película Todo es mentira...un villancico. Increíble. Musicalmente tuvo altibajos para mi gusto. Temas como Saca la lengua para bailar o Berlín (cambiando Berlín por Madrid, qué fácil es ganarnos) estuvieron realmente bien. Lo mismo con la versión de Heroes de David Bowie. Sin embargo, hubo algunas baladas un poco ñoñas que hacían que la adrenalina disparada se disipara como una botella de cocacola abierta durante toda la noche. Con el gustito que da cuando la cocacola te pica en la garganta...




Algo similar pasó al final. Tras dos bises, el primero de ellos fue muy movido, cantando aquello de que la verdad no existe. En una versión bastante rockera. Hubiera sido un buen colofón para un buen concierto. Nos hubiera mantenido firmes para el resto de la noche. Hubiéramos ido a tirar con la perdigonera y los dardos con más ganas que nunca. Pero el segundo bis, muy lento, me apagó. Decía: "venga, a casa, que estamos molestando a los vecinos". La hora de los gigantes terminó. Supongo que Coque Malla es de esos personajes musicales a los que tienes que entender, a los que tienes que sentir para que uno de sus conciertos pase de estar bien a ser grande. A mí todavía me queda para eso.

Ni bola extra,ni sabor salado, ni adiós papá...Esperar y esperar. Ni mú de estos temazos. Quizás La bola extra hubiera aliviado un poco la noche, después de saber que una bola que me dio la vida hace ahora casi dos años, se había esfumado, al menos, temporalmente. Eso sí, creo que la he (hemos) jugao lo mejor que hemos podido. Y hemos batidos todos los récord.

Un placer haberte conocido, Mr. Mesh.

16 agosto 2010

Sonorama 2010, Día 1

13/08/2010

Lástima que uno sea tan...¿profesional? como para preferir (entrecomillado) trabajar a ir a un concierto, gratuito, de Loquillo y de Arizona baby. Y más si después me entero de que Loquillo ha vuelto a incluir La mataré en su repertorio sobre el escenario. Pero no nos molestemos en apesadumbrarnos por lo no visto. Pese a todo, el viernes fue también un buen día de conciertos.

El Sonorama se está convirtiendo, si no lo es ya, en todo un referente en el panorama indie nacional. Poco a poco ha ido ganando terreno a los grandes festivales del país campéon del mundo de fútbol. Puede que sea por sus precios, no sólo de la entrada, sino de todo lo que se vende dentro. Quizás sea por el encanto de hacerlo en una pequeña ciudad a orillas del Duero (con lo que ello implica: cordero y vino). Sea lo que sea, es una buena muestra de que con ganas y una buena organización se puede poner en boca de media España a un pueblo. Más de uno debería aprender (¿qué fue del Humanta, señores?).

Con dos escenarios y dos carpas, es destacable el nivel de la organización. Se podrían dar bastantes motivos, pero hubo un detalle que me ganó. Como viene siendo habitual, este tipo de festivales se hace a las afueras de la ciudad, en polígonos industriales. Pues bien, parece que alguno de los organizadores del Sonorama debe haber sufrido con las polvaredas que se suelen formar y, antes del festival, sacaron la manguera para regar el suelo y, así, evitar que se levantara polvo. Por fin alguien lo hace. Años y años tragando tierra y tiene que ser algún arandino el que saque a relucir su grifo. ¡¡Arriba el agua del Duero!!

Por lo demás, ningún jaleo con las pulseras, comida y bebida a precios aceptables (al menos para los que estamos malacostumbrados a Madrid)...eso sí. Pude ver con mis propios ojos el escenario donde Robe dio el plantón a los burgaleses por ver el concierto desde el andén de la carretera sin pagar entrada. Pues sí, Robe, eso no se hace. Pero a ver si al mismo que regó el suelo le da por poner vallas más altas, porque se te queda una cara de tonto tremenda cuando ves que hay gente sin pagar entrada que está viendoel festival en mejores condiciones que tú.

Metiéndonos de lleno en lo que importa, había varios platos interesantes para el viernes. Aunque no tenía mucha hambre de pop, basta oler un buen solomillo al horno para despertar el apetito. Napoléon solo, Zenttric y algun grupo de la carpa Future Stars pasaron sin pena ni gloria. Algún tema que merece la pena pero, sinceramente, nada nuevo que rascar. Quieren, quieren...pero a mi juicio, no pueden. Lo mejor, una versión de Los Brincos de Mares (Nadie te quiere ya). Hubo otros grupos previos, pero fue Nudozurdo el que abrió la boca del estómago.



Tiene algo el escenario que sobre él, hay algo más que la música y las letras. Nudozurdo tiene estas dos cosas, pero además, esa pose del cantante, de mirada infinita, de seriedad extrema que hace que canciones como El Hijo de Dios sean especialmente creíbles y, aun siendo la primera vez que se escuchan, calan hondo. Es indie oscuro. Sin florituras extra. Música que va de dentro hacia fuera. Genial.

Tras hincarle bien el diente, la noche se antojaba mejor de lo que fue. Tras perderme Standstill (me hubiera gustado verles sobre un gran escenario), llegaban del tirón The Sounds, Los Planetas y Love of Lesbian.

The Sounds, con una cantante sueca de piernas sugerentes, dejó sobre el escenario temas muy melódicos, fáciles de oír y muy cantables. Potentes, no me dio sensación de que fueran un grupo que mereciera la pena seguir demasiado. Aun así, su concierto estuvo divertido. Fue diferente al resto. No tan indie, sino más dentro del New Wave.

El Sonorama también me sirvió para darme cuenta de que no soy capaz de aguantar 1 hora seguida de los Planetas. Lo siento, es así. Y, además, si empiezan cantando casi por bulerías con toques flamencos, apaga y vámonos. Tras unos problemas iniciales de sonido que no tardaron mucho en solventarse y pasarse la fiebre granadina, tocaron temazos como Un buen día y Pesadilla en el parque de atracciones. Es cierto que a Jota se le escuchaba incluso mejor que en disco, que hubo grandes canciones y que el público deliró con ellos. Pero para mí fue demasiada psicodelia indie en vena.

Tras ver dos veces a Love of Lesbian en un año, sólo me faltaba verles sobre un gran escenario (en tamaño). Y sabe tan a poco una hora, en la que 1999 prácticamente llenó el setlist de la banda. No se les puede culpar de nada, la promo es la promo. Aunque también hubo alguna maniobra de escapismo con Noches reversibles. Por lo demás, el sonido fue, a mi gusto, un poco bajo. Costaba escuchar la voz. Pudiera ser que la pesada de al lado, que no paraba de decir tonterías, ayudaba a que no me concentrara mucho en la música, pero en todo momento escuchaba mejor a los fanáticos que me rodeaban y chillaban las canciones del grupo que a Santi. No sé si es la edad, pero las cuestiones de familia, mejor que queden en familia. Como tenemos un grupazo, nada. Hubo de nuevo coreografía para Algunas plantas y mezcla con el público presente. Sin embargo, me da que se quedaron con ganas de más...

Aranda. Todo un movimiento indie que parece haber iniciado una era. La de la sonoramadependencia. Pero yo a lo mío. Y Loquillo y Arizona Baby gratis el jueves...y yo con estas pintas.


16 julio 2010

The cabriolets en Sony Style

15/07/210

Aquí va una muestra de la flexibilidad de este blog. De cómo cualquier excusa y situación es buena para poder escuchar y conocer música. De cómo se puede pasar de un festival metalero lleno de camisetas sudadas a una tienda cool del centro de Madrid donde el sudor es de Channel número 3 (hay que evitar posibles demandas por copyright).

Por si no os habíais enterado (yo lo hice hace dos días), ha salido un nuevo portátil VAIO. Al parecer, este motivo es más que suficiente como para reunir a gente conocida y no tanto en una tienda comercial de producots Sony y darles de comer y de beber. Y desde que entré y vi el percal, a mí me pareció lo mismo. A base de pinchos de jamón y de cerveza se puede convencer a indrédulos de los tejemanejes del mercado. Qué le vamos a hacer.

El caso es que gracias a la de siempre y a ese tal VAIO tuve la oportunidad de escuchar a The Cabriolets en directo y, casi, en privado (aforo de 30-40 personas). Y allí estábamos. Después de un pequeño problema de logística por un fallo en el callejero de las páginas amarillas, llegamos a la tienda Sony Style de la calle Serrano que, con invitación conseguida por el facebook (he aquí una razón por la cual es bueno tener facebook), nos endiñaron una camiseta nada más entrar. Hubiéramos preferido un versión de prueba del nuevo VAIO para contarle a nuestros amigos lo bueno que es, pero a caballo regalado...

Me costó adaptarme, lo reconozco. No a coger pinchos y beber cerveza, que yo creo nadie necesita aprender; sino al ambiente tan pijo que parecía reinar en el ambiente. Gente conocida que no había visto en mi vida. Gente haciéndose fotos en la típica movida donde los famosos se hacen fotos. Gente que...bah. Fui a coger otro pincho.

Todo cambió cuando empezó el concierto, que era realmente lo que nos llevó a la tienda (además de la ilusión de que quizás nos podía caer del cielo uno de los VAIO colgados en el techo). Y gustó. Mucho. Me sorprendió bastante el tipo de música. Normalmente, cuando pasas un rato en un ambiente pre-concierto puedes intuir más o menos qué tipo de música vas a escuchar. Sin embargo, no tuvo nada que ver con mi prejuicio. Otra señal de que los pensamientos antes de tiempo no llevan a ningún sitio.



No me pareció que sea una de las grandes voces del panorama actual la de Bimba Bosé, pero le pone un carácter y un dinamismo a las canciones del grupo que ayudan a no perder comba en el concierto, algo bastante fácil cuando se trata de una banda que no has escuchado nunca. Sin embargo, me pareció que, además de tener unos músicos bastante buenos, tienen algún que otro temazo que merece la pena escuchar más de una vez. Es increíble la sensación que puede recorrerte cuando escuchas, lees, ves, tocas...¡admiras! algo que te era desconocido.

Entre esos temas están Crepuscular y Fast and slow. Los dos pertenecen a su último disco, Close. Podéis escucharlas en su página web (pinchad aquí). A pesar de estar sólo una hora sobre el mini escenario, y además de esos temazos, The Cabriolets dejó muestras de su cercanía con el público. Sonriendo, bailando con nosotros, con miradas cómplices...Sólo faltó que se lanzaran a versionar el Waka, Waka, pedida insistentemente por más de uno. Fueron capaces de que me olvidara del ambiente y me centrara sólo en lo que hacían. Genial.

Como pero, decir que se trata al parecer (supongo que por que Bimba fue portada de Zero y similares) de un grupo que es icono gay entre los gays. Sinceramente, no considero nada lógico que un grupo tenga que gustar sólo por ser un icono de lo que sea. Lo digo porque había más de una loca en el concierto que querían que todos nos enteráramos de su presencia. Parecían más preocupados de eso que de escuchar y disfrutar. No todo puede ser perfecto, qué le vamos a hacer...

Pinchos, buena compañía y grupo descubierto. Una noche muy agradable antes de unas merecidas vacaciones. Sí, Bimba. Ayer no, pero hoy ya estoy de vacaciones.

A mamarla.

12 julio 2010

Sonisphere 2010 (día 2)

10/07/2010

No hay nada como acostumbrarse al terreno. Además de coger la tarde con más ganas que el día anterior (la tarde se presentaba tremenda), hasta las 18 horas no empezaba el primer plato fuerte, Coheed and Cambria. Esto permitió tomarse la tarde de forma más relajada, disfrutando de unas cervezas a la sombra de los pinos (olé). Esto, unido a que descubrimos unos pequeños trucos (de cómo refrescarnos cuando el sola pretaba y de cómo meter comida en el recinto), hicieron que todo fuera menos agobiante y pudiéramos disfrutar más del cartelón que teníamos por delante.

Coheed and Cambria no decepcionaron. Su espectáculo no fue nada del otro mundo, pero sobre el escenario pequeño dejaron auténticos temazos para disfrute del personal. Es curioso comentar que originariamente el grupo se dedicaba a escribir comics y, de hecho, parte de su discografía está basada en personajes e historias que suceden en sus fantasías. Vaya personajes. A pesar de no ser puramente músicos, tienen una música viva, que alegra, divierte y de nuevo se desmarca del metal duro y rocoso; se aleja de gritos y aullidos, con un tono de voz muy peculiar que podría reconocerse a leguas. Un gran descubrimiento.

Era el turno de Deftones. Con un repertorio basado en su nuevo disco, no faltaron algunos temazos del grupo como Minerva o My Own summer. Con unos kilos de menos, el Chino se dejó algo más de peso sobre el escenario, siendo bastante más activo de lo que yo le recordaba. Aun así, para mí tocan la delgada línea roja de grupos que, en algunos casos, parecen no transmitir nada. Sinceramente, y aunque le duela a los miembros, me parecemás transcedental su música cuando se calman y entonan baladas que cuando bociferan y pierden el control de sus actos. Divertidos, sí. Agresivo, también. Sin embargo, falta gancho en su actuación. De ahí que, al menos en mi opinión, se les vea en general como relleno de festivales y no como grupos principales.



Se iba notando en el ambiente que esta noche iba a ser grande. La calidad de los grupos estaba siendo bastante alta y la gente empezaba a enseñar sus cartas en forma de vestimentas: querían ver a Rammstein. El recinto se iba llenando de intentos de alemanes (menos mal que les ganamos en las semifinales)con botas altas, corbatas y pelos rapados a estilos esperpénticos. Pero aún quedaba mucha tela que cortar...

Tanto a Soulfly como a Megadeth los vimos de lejos, sirviéndonos de minicadena perfecta para acompañar nuestra cena. Especialmente Megadeth, que siguen demostrando que el jevi de siempre sigue muy vivo.

A quien no nos podíamos permitir perdernos era Alice in Chains, otro de los platos fuertes del cartel del sábado. Como muchas otras bandas de rock, Alice in Chains tuvoque cambiar a su cantante tras muerte por una desafortunada mezcla de heroina y cocaína. De hecho, hasta hace bien poco no volvieron a juntarse, que sucedió "gracias" al terrible tsunami asiático. Llegó un cantante nuevo e intentó hacerse notar lo menos posible. Sin embargo, no lo hizo, porque su energía, desparpajo y voz no podían dejar indiferente a nadie. Temazos como Man in the box o Them bones fueron una delicia. Aunque yo disfruté muchísimo con Rooster. Me parece una canción increíble. Vaya tarde estábamos viviendo. ¿Quièn da más?.

Y al fin llegó el momento que estaba esperando el 75% del público. Tras unos sandwiches oportunamente colados en el recinto, se hizo la oscuridad y el silencio. Le tocaba a los reyes del espectáculo visual: Rammstein. Y así empezó todo...



Gran vacile lo de la bandera alemana. Pero a lo largo del concerto demostraron que pueden permitírselo. Ya sabéis que musicalmente no pasarán a los anales de la historia. Tienen grandes temazos que, gracias al bozarrón del cantante, se hacen más grandioso si cabe. Pero en ese sentido no son ni Faith No More ni Alice in Chains. Pero todo lo que montan alrededor. Ese concepto de concierto como un circo del sol en llamas, donde todo está medido hasta el último detalle. Genera una expectación en el público que hace imposible perder la concetración del concierto, temiendo que haya una llama no vista; un fuego de artificial no captado con la cámara o un gesto que provoque euforia.

Al igual que la mayoría de grupos, Rammstein tenía muy claro que había que promocionar disco y por ello el repertorio cojeó en cuanto a temazos clásicos. Eché de menos especialmente Mein Herz Brent, aunque hubo sitio para Links 2,3,4, Sonne o Engel. Hora y media de escándalo visual, que seguro que incluso algún vecino de Getafe pudo admirar desde su casa con un bol de palomitas. Un bis con Rosenrot entre otras y un aplauso y una ovación infinitos. Merecidos.

Y así dio por finalizado el festival. Y soy tan tajante porque mejor que Messugah no hubiera subido al escenario. Ya es marrón tocar después de Rammstein, pero si encima te dedicas a gritar y a golpear la guitarra con saña, no ayudas. Cinco minutos observando aquel dolor de estómago mezclado con jaqueca fue suficiente como para tocar retirada.

Ya teníamos el buen sabor de boca. Y no nos lo queríamos quitar.

Gran organización. Buenos grupos. Variados. Cerveza cara. Buena compañía. Os echaba de menos, metaleros.

Sonisphere 2010 (día 1)

09/07/10

Mayo de hace unos años. Empezaba a convertirse en un ritual anual asistir al Festimad, pero pasó lo que pasó y desde entonces no había vuelto a ir a un festival metalero en Madrid. Lo echaba de menos. Y con esa mezcla de morriña, interés por conocer nuevas bandas, reencontrarme con mi parte oscura y el olor a camisetas sudadas ajenas compré el bono de dos días para ir al Sonisphere 2010.

El festival está organizado de forma itinerante, de manera que visita varias ciudades europeas manteniendo el núcleo de grupos y el espectáculo. Ha venido a ser lo que en su día se llamó Getafe Electric Festival. Pero tal y como están las cosas, es un lujo que sólo se haya cambiado el nombre y no haya menguado, en absoluto, la calidad de los grupos que han congregado.

El recinto estaba perfectamente comunicado con Madrid. A menos de media hora en autobús, entre los pinares del Cerro de los Ángeles se escondían todas las tiendas de campaña. Una zona aparentemente apta para acampar después de ver la amplia densidad de sombra que caía sobre las lonas de los campistas. Eran las 17 horas y hacía un calor de justicia.

A 5 minutos andando de la zona de mochileros estaba el acceso al festival, lleno hasta la bandera para conseguir el identificativo de "portador de bono", o lo que es lo mismo, "melómanos por necesidad": una pulsera anaranjada de plástico.

La primera sensación que recorrió mi cuerpo fue un deja vu espantoso. No pude evitar recordar el secarral de aquel polígono industrial de Fuenlabrada donde se gestó el último festival de la antigua era FestiMad: suelo basado en polvo, arena fácilmente levantable, grava y gravilla. Dos aisladas y minúsculas carpas de redBull daban alas a unas 50-100 personas bajo la sombra. El resto, al solamen.

Cuando llegué sonaba Anathema. Me dio bastante pena no poder escuchar el concierto completo, porque la verdad es que sonaban genial. Muy melódicos, potentes y un pequeño toque gótico que me sorprendió bastante, ya que no suele ser muy habitual en ambientes tan metaleros. Tocaron en el escenario principal, y a pesar de que no había demasiada gente, ya se podía apreciar que en los conciertos grandes aquello podría ser criminal por la cantidad de polvo que íbamos a ingerir. De tripas corazón.

Uno de los puntos a favor de la organización fue la estupenda sincronización entre los dos escenarios. En ningún momento se solaparon y se siguió el horario con gran puntualidad. Cosa de agradecer cuando te caen unos 40 ºC sobre tu cabeza y la maceta de cerveza asciende a los 8€. Además, la situación de los escenarios era bastante buena, ya que permitía divisarlos desde gran distancia.

Era el turno para Bullet for my Valentine. De aspecto totalmente jeviorros, musicalmente me recordaron muchísimo a Avenged Sevenfold, aunque para mí, salvando las distancias si se piensa en temazos como Chapter Four. Aun así, el concierto estuvo bastante bien. Podría haber sido mejor si durante los 45 minutos no nos achicharrara un sol de invierno que, no sé por qué, nos la tenía jurada. Qué calor. Al menos el concierto fue en el escenario 2, donde había más asfalto y no se notaba tanto la nube de polvo. Un alivio para nuestros pulmones.



De los siguientes grupos: Porcupine Tree, Saxon, Sober y Slayer, sólo Saxon estuvo a la altura. En realidad, es posible que tanto Porcupine como Slayer hicieran lo que se esperara de ellos, pero es que yo no los soporto. No soporté el aburrimiento de Porcupine Tree, que además de tener el marrón de sustituir en el cartel a Dio por causas ajenas a la organización (muerte), su música desentonó muchísimo con el resto del festival. No cautivó. No daba sensación de desgaste, de entrega, de...esfuerzo. Quizás el calor les afectó más de lo que se podría imaginar. De Sober, poca cosa. Que se han vuelto a unir quién sabe por qué, pero musicalmente como siempre. Poco donde rascar para un concierto serio. En cuanto a Slayer...Una, está bien. Dos, bah. Tres, por qué no. Pero cuatro...es demasiado para mí. Esos acordes que suenan a mamporreros haciendo su trabajo delicadamente me superan. Esos aullidos-berridos unidos a la polvareda de gente incontrolada golpeándose mutuamente hicieron de Slayer una pequeña tortura que servía de ganzúa para mis oídos.

Y entre medias, Saxon. Qué cracks. Los únicos que se dignaron a dedicarle una canción a Dio. Que a pesar de sus seitantos siguen animando al personal y haciendo ver a muchos que no es necesario reinventar música para divertir y animar a la gente. Que con una fórmula sencilla, carácter y complicidad con el público puedes hacer olvidar los rayos del tan temido Sol. Olé, chavales.

Durante WASP, preferimos tomar un refrigerio para ver en perfectas condiciones a Faith No More, que era lo que realmente nos llevaba al festival en su primer día. Así que compramos algo de comer, de beber y ya con el Sol descansando (joder, qué alivio), nos posicionamos tan bien como pudimos para ver al majareta de Mike Patton.

Como no podía ser de otra forma, entraron rompiendo la pana. Aprovechando la flexibilidad de ese crack apellidado Patton, el grupo entró enfundado en trajes y entonando una baladita, Reunited. Vaya panorama...Pero fue un simple espejismo. Rápido cambiaron de tercio para, acto seguido, con From out of Nowhere, dejarse la piel sobre el escenario y sobre el público. No faltaron temazos como Epic o Ashes to ashes. Por supuesto que también hubo tiempo para excentricidades. Ni corto ni perezoso, Mike se lanzó al público y fue transportado en el aire por el público durante más de 30-40 metros. Es cierto que hubo algún problema de coordinación, pero qué demonios. Salió genial. Deseando suerte a la roja y lanzando improperios a los holandeses, Faith No More dejó un sabor de boca grandioso.

El primer día acabó con Suicidal Tendencies. A pesar del cansancio de todo el día, demostró que tiene materia prima de sobra como para hacer más de lo que hacen. Es una música bastante escuchable, divertida y propensa a meterse en el grupo de "se dejaba llevar", es decir, en el grupo de bandas con unas individualidades tremendas que no sacan todo su potencial. El batería era enorme, en todos los sentidos, y el bajista también dejó muestras de ser un puto amo. Sin embargo, lo que demostraron musicalmente en la hora larga que estuvieron no fue gran cosa. Estuvo bien, pero daban sensación de poder hacer mucho más.

Sobre las 3.30 se cerró el chiringuito para mí. Había música de "DJ" metalero que sonaba de fondo mientras abandonaba el recinto. Para ser el primer día, no había estado nada mal. Aunque las duras horas bajo el sol y la falta de agua habían pasado factura en el cansancio final. Gracias a la buena organización del festival, había autobuses cada 15 minutos a Madrid. Así que viaje en autobús lleno, paseo a casa acompañado por extraños, ducha para recordar que no estoy hecho de barro, ración de ensaladilla casera y a dormir. Mañana sería otro día. Y vamos que si lo fue.

18 junio 2010

Muse en el Vicente Calderón

16/06/2010

No sé muy bien si esto era una pruba para Muse. Un ahora o nunca. Quizá algo parecido al a por ellos futbolístico que tanto nos ha emocionado (¡já!). Lo que no cabe ninguna duda es de que se lo tomaron en serio desde el principio. Y mucho.

Nada más entrar llamaba la atención el escenario. Se veía demasiado rígido. Muy en plan edificio comunista de la antigua URSS o de la actual Serbia. Chapas de aluminio; algunas pantallas; luces no demasiado llamativas...Nada del otro mundo. Era similar al concierto del Palacio de los Deportes, al inicio de la gira, pero en lugar de tres columnas, sólo una.

Antes de Muse, sobre el escenario saltaron The Big Pink (TBP) y Editors (TE). Como suele pasar, muchas veces de manera injusta, a TBP no les hice demasiado caso. Ya habían empezado cuando entré al estadio y, mientras uno se acomoda, habla con el compañero y pregunta por los felinos, se le pasa la primera hora. Y al mirar al escenario lo único que ve es un mujer batería con rasgos asiáticos vestida con unas bragas rosas. Eso por no mirar donde se debe.

A los que sí tenía ganas de ver era a TE. Había oido maravillas de sus directos, del desgañitamiento público del que presume su cantante, y además de grandes temazos como Racing rats o Smokers outside the hospital doors, me decepcionó el tono electrónico que ha tomado su último disco, y que hasta hoy no lo había escuchado. Mantienen la esencia, pero una de las principales virtudes de este grupo, su cantante, se ve envuelto en una marabunta de sonidos que hacen que pierda protagonismo. Y esto es malo. Aun así, el ratino que se mantuvieron en el escenario fue divertido.

Sinceramente, tenía dudas. Dudas de que Muse se ahogara en el pozo de un estadio. Llevaba mucho tiempo extrañándome por la excesiva publicidad que había sobre el concierto. Eso me hacía ser pesimista sobre un hipotético lleno del Calderón.

Pasaban quince minutos de las diez cuando una panda de encapuchados con banderas y pancartas y un vocerío que juraba que They will not control us asaltó el escenario doomniano para dar paso al grupo. El inicio no fue especialmente impactante, pero poco a poco se iba mascando en el ambiente que algo bueno había en el backstage.

El espectáculo que montó Muse fue de otra galaxia. Luces delicadamente seleccionadas; imágenes en las pantallas que recordaban al ZooTV de U2 (siempre guardando las distancias); Sistemas hidráulicos para articular plataformas, haciendo que Muse se sintiera, más que nunca, cerca del público. En fin, una auténtica arquitectura ingenieril que tuvo su clímax con la aparición inesperada de un Ovni, que a simple vista incluso se podría tachar de cutre, pero que cuando dejó caer de su interior a una bailarina, me maravilló.



El repertorio fue similar al del concierto del Palacio. Uprising, NewBorn, Bliss, Interlude, Hysteria, Resistance...Una cantidad de temazos considerable donde sólo faltó In your World que, a pesar de hacer dos bises, no apareció entre los acordes de las guitarras, bajos, batería y teclados.

Puede que el concierto no se llenara. Puede que hubiera quinceañeras gritonas y demasiado novio con tantas ganas de echar un polvo que exagerara cuánto le gustaba Muse. Puede incluso que hubiera algún momento en que se echara de menos una cerveza y no una mixta. Muse se acaba de doctorar en España. Ya no sólo son los U2, Madonna, ACDC, Rolling...Muse también se merece un estadio. Se lo ha ganado.

13 junio 2010

The Solvers en la sala Tempo Club

12/06/2010

Se puede acabar en un concierto por millones de motivos: porque lo llevabas planeando meses; porque conoces al tío del garito o algún miembro del grupo; porque paseando por la calle oyes un ruido que sale de un tugurio y que te atrae sin más; porque no tienes nada mejor que hacer esa noche. Todas estas situaciones, y alguna más, han dado con mis huesos en una sala, normalmente oscura y pequeña, escuchando grupos de los que, desgraciadamente, muchos de ellos no recuerdo si su nombre.

Pero nunca me había pasado encontrarme en un concierto que se celebraba por una boda a la que no estaba invitado. Ver ir y venir al novio y a la novia, con sus trajes inmaculados, rodeados de sus amigos más íntimos, entre vítores y cánticos familiares. Y yo (nosotros) allí.

The Solvers son un grupo madrileño que han participado este año en el proyecto demo de Radio3, cuyo ganador tiene derecho a participar directamente en el FIB. En general, se trata de maquetas de grupos españoles que superan lo alternativo hasta el punto de, en algunos de los casos, necesitar escuchar más de una y dos veces las canciones para que te digan algo. Al menos eso me pasa a mí. Me recuerda muchísimo a mi estado cuando me inicié en el mundo NIN o cuando escuché por primera vez a Aphex Twin, aunque, desde mi punto de vista, siempre guardando las distancias. Ya me entendéis.

Entre los coros tradicionales "que se besen" y "que vivan los novios", The Solvers subió al escenario del garito. En una sala completamente insonorizada, muy acogedora y, a pesar de todo, bien ventilada, el grupo empezó a lo suyo.




Son grupos que no me transmiten nada. Tocan bien. Son melodías, en algunos casos, que te llaman la atención e incluso esperas que vayan a más, aunque nunca lo hacen. Sin embargo, todos los ritmos están orientados a no dejar escuchar nada la voz, como si los componentes del grupo fueran conscientes de sus carencias vocales. Es cierto que sólo estuve escuchándolos media hora y que les faltaba el bajista. Pero una de dos, o el bajista es el ser supremo que hace que cada nota que sale por sus 4, 5 ò 6 cuerdas sea deleite celestial o The Solvers se quedan ahí, en lo que vi.

Desde luego, de la hora que estuve allí, lo más divertido y que mereció la pena fue la curiosa situación de ir a una boda en la que a pesar de no estar invitado, nadie me miraba mal (además de tomarnos una cerveza a su salud).

Ojalá coman muchas perdices.

22 mayo 2010

Gogol Bordello en La Riviera

21/05/2010

Con entradas en la mano, tuve que quedarme sin ver a Gogol Bordello cuando cerraron temporalmente la Riviera por temas legales. No quería desaprovechar de nuevo la ocasión de ver, quizás, a uno de los grupos más divertidos y alegres que yo haya visto.

Llegué con tiempo de sobra a la sala; es lo que tiene el salir de trabajar un viernes al mediodía. No sólo me permitió coger un sitio privilegiado en primera fila, sino dar un paseo por los alrededores y ver cómo Madrid Río empieza a ser una realidad.

A las 19:30 horas empezó la música en La Riviera. Uno de los componentes de Gogol, Mac en mano, pinchó varios temas mezclados con bastante buen gusto para los escasos 20 incondicionales que ocupaban las primeras posiciones. Tras unos 20 minutos, los pipas prepararon rápidamente el escenario para la puesta en escena de los Mariachi El Bronx. Quien me conozca sabrá que aborrezco a los mariachi. Me parece que, en general, son una mezcla de la tuna universitaria con música andina. Sinceramente, pupa en los oídos. Sin embargo, Mariachi El Bronx dejaron el listón bastante alto. Además de su indumentaria peculiar (imaginaos a los componentes de Green Day y Blink 182 vestidos de mariachis) y su acento californiano,tenían dejes de punk-rock que, para media hora, resultaron entretenidos.

Diez minutos pasados de las nueve, hora fijada en la entrada, aparecieron todos, Gogol Bordello al completo. Bajista, guitarrista, cantante, violinista, percusionista, cheerleader, batería y acordeonista. Vaya panda. Con fundamentos gitanos, estos americanos rozan una actuación no forzada en un teatro. Aún me cuesta entender cómo es posible que en todo el concierto no se chocaran unos con otros. Con intercambios de micro continuos, saltos, cambios de instrumento, acercarse y alejarse del público, alentar a las masas, etc. Una auténtica fiesta. A diferencia del "concierto" de Emir Kusturica, Gogol Bordello no sólo es salto y diversión. También es pasión por sus orígenes de europa del Este. Toda una declaración de intenciones.




En casi dos horas de show, Gogol Bordello se dejaron todo en el escenario y fuera de él (fue apoteósico el momento en el que uno de los miembros del grupo se lanzó al público con su bombo). Con un repertorio escaso pero intenso (la penúltima canción duró unos 15 - 20 minutos), hubo momentos para saltar y para el relax. Tras dos bis, se despidieron con Alcohol. No faltaron otros temas como Wonderlust King, My Companjera, Sun is on my side o Start Wearing Purple.

Todos unos artistas. Unos personajes dignos de ser vistos. Más aún después de, bien cerca de mí, se despedían casi entre lágrimas de emoción por cómo eran acogidos en La Riviera. Entre lalalalás, lalalalalooos y otros cánticos fácilmente recordables y cantables. Gogol Bordello. Sin más.

10 mayo 2010

WOMAD 2010 en Cáceres

6-9 de Mayo 2010

"A vé quié le dice ná al d´arriba. Ni VOMA ni ná". Con esta frase tan resolutiva resumía un vecino en castellano-castúo el tiempo que ha hecho durante todo el fin de semana en Cáceres. Vamos, que porque fuera el WOMAD no iba a dejar de llover.

A pesar del temporal, se vieron y se descubrieron grandes cosas. Este WOMAD, el XIX que se celebra en Cáceres, descafeinado por la lluvia, siguió haciendo que la gente disfrutara y, dando muestras de la admiración y fanatismo, estuviera al pie del cañón con paraguas, impermeables, bolsas de basura o a pelo. Poco importaba el tiempo si se trataba de bailar danzas de Kenia, entender los misterios y la intrahistoria del folclore verato con L'Mentos (que además nos cocinaron unas migas marca de la casa, con patata y pimentón de la Vera y mucho ajo), de bailar Ska jamaicano o indagar en la rumba catalana y sus variantes con el Tío Carlos y el resto de tíos.

Destacar en este caso a Speed Caravan, con unos ritmos geniales y unas voces maravillosas. También me llamaron mucho la atención y son muy recomendables los gabachos Bratsch. En el terreno regional, Debarro, Los increíbles alfalfadores y Ayahuasca pusieron los colores verde,blanco y negro en el WOMAD, siempre presentes.




Muchos de los talleres se tuvieron que cancelar por la lluvia, ya que aunque muchos nos empeñábamos en continuar cantando y bailando, no dejaba de ser un peligro el tener material eléctrico debajo de tal diluvio. Aun así, la organización estuvo genial, ya que modificó la planificación de los conciertos acorde a las inclemencias y metió en el escenario central a todos los grupos principales del sábado, aumentando la frecuencia de músicas del mundo en la Plaza Mayor de Cáceres. Además, en menos de media hora ya había panfletos con los horarios nuevos. De impresión.

Llegó el domingo con la sensación de no haber perdido el tiempo pero sabiendo que el fin de semana podía haber dado más de sí. Un pasacalles bastante pobre por el tiempo, dio carpetazo al WOMAD 2010.

Así es, ni WOMAD ni ná. Llovió en tres días lo mismo que en muchos inviernos enteros en Cáceres. Pero como agradecimiento, un viaje de vuelta en tren escandalosamente espectacular: campos de encinas verdes, de margaritas, violetas, amapolas y arcoiris despedían un buen fin de semana.