La primera impresión es la que cuenta. El ambiente era magnífico. La gente amable, solidaria (¡cerveza gratis!), fanática sensata (depende de si el lector piensa que venir a Madrid desde Sao Paulo para ver a ACDC es sensato o no). Y por ello, los queridos hombretones de seguridad nos "permitieron" acceder a la pista, a pesar de no tener la entrada adecuada.
AC/DC es dinamita que explota cuando menos te lo esperas...¡boom!; Es rudeza clásica que excita...¡aaaahhh!; Es destreza sobre el escenario a cada disparo de Angus sobre su asshole...¡bang!; Es puto amor por el rock...¡We salute you!.
El concierto, espectáculo, show, orgasmo, vellopunta o como quiera que se llamen 2 horas de excitación e intensidad, tuvo desde videoclips hasta mujeres tetudas de 5 metros, pasando por confeti bombardeado al público, un striptease de Angus y una traca final de fuegos artificiales.
Uno de los mayores encantos de AC/DC es su clasicismo, al nivel de los trovadores medievales (salvando cierta distancia, eso sí). Que no les quiten las mujeres; que no les quiten la campana para Hell Bells; que a Angus no le quiten su vestimenta; que a Malcom no le quiten esa cara de "te comería un ojo y te mearía en las cuencas si hiciera falta"; que no les quiten lo que es suyo: el poder de haber vivido durante más de 35 años con un corazón negro y unos cuernos diabólicos.
Aun así, Brian Johnson no convence. Su torrencial de voz scottiana parece de plástico. Las comparaciones son odiosas y Brian seguro que está cansado de siempre lo mismo. Quizás por eso se haya planteado que esta gira sea su última. Probablemente sólo cuando nos falte, se le valore. Quién sabe. De todas formas son ya casi 30 años de la muerte de Bon Scott. Tiempo ha tenido para demostrar lo que vale.
Señoras y señores: bienvenidos al infierno musical: mujeres, cerveza y, sobre todo, AC/DC.










Sólo decir que ojalá esto suponga el comienzo de una gran amistad entre músicos y público. Porque Cáceres, ciudad candidata para 2016 como ciudad europea de la cultura, sabe lo que quiere su gente. Lo que queremos todos. Los cacereños le han dado al Play. Que no haya STOP.