17 julio 2016

Gogol Bordello en La Riviera

14 de julio del 2016


Más de cinco años después vuelvo a encontrarme a Gogol Bordello, en el mismo sitio, misma hora. Son muchos los grupos que ver. Son muchas las músicas que disfrutar. Pero un concierto de esta panda tan peculiar y divertida siempre es un seguro, incluso cuando no se les ha seguido tan de cerca como hubiera gustado.

Me quedé en aquella gira del 2010 de presentación del Tanscontinental Hustle, donde el Pala Tute o My Companjera eran los principales himnos. Desde entonces, estos temas no han hecho más que impregnarse en la escena Gypsy Punk, no pasando de moda y elevando tus pies y tu cuerpo hasta posiciones inesperadas. Ya sabéis, ritmos gitanos de nuestra querida Europa del Este que sacan nuestras raíces peninsulares a relucir, porque la relación entre el folclore español y este frenesí tiene más de una nota en común.

A la hora exacta aparecieron los miembros habituales del grupo, como era de esperar, sin descanso. Con una puesta en escena sencilla y con un fondo que recordaba la portada del Underdog World Strike del 2005, los Bordello querían apuntar directamente a la tristeza y al racismo cultural con su mezcla de ritmos, de letras pegadizas llenas de estribillos bailongos, convirtiendo a la Riviera, una vez más, en una fiesta.






Dos horas duró el bolo donde Wonderlust King, Inmigrant Punk, Dogs were barking o Not a Crime encadenaron pasos de baile, gritos, aullidos, manos en alto y cánticos llenos de igualdad, fraternidad y libertad. Como premonitores de lo que estaba por llegar.

Violines, guitarras, bombos, cajas, acordeones, voces...todas al servicio de las raíces más puras de la Europa de siempre. Otra forma de expresar ese sentimiento de unidad que es el que nos hace fuertes, y el que hoy más que nunca parece debilitarse y derivar en un sinsentido. La actualidad vista a través de bigotes, camisas de rayas abiertas por la mitad y pantalones piratas conjuntados con calcetines de colores. Y vino. Mucho vino.

En una Riviera al setenta por cierto de su capacidad, a la salida los autobuses rugían para que Gogol Bordello continuara con su gira europea sin respiro. Ojalá traigan lo que muchos pudimos ver y compartir este 14 de julio fatídico en Madrid.

Just to thank you one more time, for everything you've done...

Alcohol.


10 febrero 2016

The Magic of Santana en el Teatro Mira

6 de febrero del 2016

En un inicio de año complicado, donde grandes de la música se han convertido en historia, el espectáculo que dieron estos señores el sábado entre las paredes del teatro Mira de Pozuelo de Alarcón fue un bálsamo. Un relajante muscular. Un buen antídoto frente a la sensación de que con la ida de Bowie, Lemmy, Bradbury o Frey se ha formado un hueco importante en la cultura musical. Disfrutar de la música de Santana supuso un positivismo complicado de sostener hasta ese momento. 

Como pasa muchas veces, las situaciones en la vida son imprevistas y, a veces, mágicas. En este caso, una visita querida, una búsqueda altruista y la casualidad nos postraron delante de una taquilla para adquirir por un precio módico un billete a los sesenta, a los setenta, a los ochenta...y así hasta el día de hoy. Porque la sensualidad de los sonidos de Santana tiene ese efecto explosivo que sale de dentro afuera. Porque Santana sigue entre nosotros, y aunque no pise el escenario, músicos como los de The Magic of Santana mantendrán su amor por los sonidos latinos reventados con riffs imposibles. 

La banda está compuesta por Alex Ligertwood y Tony Lindsay, vocalistas y músicos de Santana en diferentes periodos de tiempo, y un grupo de músicos extraordinarios que se encargan de teclados, bongos, batería, percusiones múltiples, bajo eléctrico y, por supuesto, guitarras eléctricas. Una puesta en escena sencilla pero efectiva y muy acorde a la que uno pudiera esperar de ritmos santanos. 



Voces quebradas, agudos imposibles, registros variados en un mismo tema y mucho sentimiento y pasión. Esto, y más, es lo que Alex y Tony aportan a esta banda. Podría caer uno en el prejuicio de que la guitarra es la base de las canciones de Santana, y no estaría muy desencaminado. Sin embargo, lo que realmente ha caracterizado siempre al maestro mejicano es la fusión de sonidos, la innovación musical y rodearse de los mejores. Y estos dos caballeros dejaron muy claro por qué Santana se fijó en ellos para sus canciones. Por añadir un "pero" al grupo, quizá el guitarrista principal resulta demasiado sobrio, erguido y monocolor. Aunque el papelón que tiene es de otro nivel, las cosas como son. Que si un vaso es un vaso...

Durante cerca de dos horas temas como Europa, Black Magic Woman, Maria o Hold On fueron el menú que los magos nos tenían preparado. Hubo incluso tiempo para el recuerdo con Somewhere in Heaven, con un componente, Raúl Rico, recientemente fallecido, que se las gastaba así. Por supuesto que no faltó Oye cómo va o Make Somebody Happy, con la cual despidieron un bolo tremendo, con todo el público levantado y vibrando mientras abandonaban el escenario para subir las escaleras listos para mezclarse con la audiencia. Un concierto lleno de paz. Lleno de rock. Lleno de amor. Lleno de pasión latina...bien llevada. 


Una válvula de escape en unas semanas complicadas llenas de calendarios apretados y citas previas. Un oasis compartido con quien quiero compartir más. Todo. Escalofríos y un alma reconfortada y fusionada. Como la música de este genio. Un homenaje pre-mortem, que es cuando realmente se disfrutan. 

Que siga el 2016. Ahora estamos más preparados. 


12 octubre 2015

Reverdeceremus Festival en Acebo

10 de Octubre de 2015

Lo único bueno de las tragedias es ver la respuesta de la gente. Darse cuenta de que la solidaridad, el apoyo y el buenismo habita en la mayoría de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, de nuestras aldeas. Es una pena que por un puñado de cabrones todo esto se vea ennegrecido y muchas veces le perdamos la pista a la buena senda.

Acebo y Hoyos, quizá las dos localidades más afectadas, se han unido para montar este Reverdeveremus cercando los robles, castaños y montes lacónicos de música autóctona. De aullidos y acordes que sirvan como la danza de Totoro. Crecimiento de nuevos brotes. Más verdes que nunca. 

Milana fue el primero de los grupos que disfruté. Además de más que agradables reencuentros inesperados, el ambiente country americano de la banda eminentemente cacereña fue más que bueno. Sobreponiéndose a los continuos problemas de ajuste de sonido (el técnico estaba claro que iba más a pinchar su música que a adaptarse a las necesidades de los músicos), temas como Niña de arena y sol retumbaron en la carpa, con esa guitarra acústica marcando el ritmo. Remolino también hizo presencia en el bolo, y canciones como Tu Olor en mi ojo izquierdo hablan de la ascendencia de esta banda, de marcado olor sureño, de mecedoras y carreteras a medio asfaltar. 

Era el turno de Pepe Peña y the Garden Band. Una panda de chavales que hacen las cosas bien. Muy bien. Brotes casi convertidas en realidad después de ver sus temas y su bagaje. Un sonido que recuerda a las tonalidades musicales de The Tallest Man On Earth y otros grandes cantautores alternativos actuales, con una pronunciada esencia en los sonidos acústicos mezclados con lo eléctrico. Fue un bolo marcado, de nuevo, por los defectos de sonido, que estoy seguro les impidieron demostrar lo que saben hacer. Aun así, temas como Home o Manuel hicieron suficiente eco como para convertirse en un grupo a seguir. 




 
La Bruja Roja y los Jacobos cambiaron el devenir del festival. El pogo se empezó a consagrar como el paso de moda en la carpa. La Bruja Roja llegó con un claro objetivo: olvidar el temporal que amainaba para que la gente se divirtiera, cantara y bailara como si allí no hubiera pasado nada semanas antes. Temas propios (No Volverá, La Marea) y versiones de los grandes (El roce de tu cuerpo) que hicieron las delicias de los asistentes, entre saltos, bailes y gritos canallas. También se notaba el toque de su técnico de sonido, con canciones como deben sonar. A ritmos kalimotxeros y con potencia e intensidad acaloraron la atmósfera a guitarrazo limpio. 

Y para continuar la onda, Los Jacobos, con el eterno Patxi (no por mayor, sino porque llevamos viéndole décadas haciendo de todo) pusieron la nota punk del festival, además de la belleza y hermosura con Samantha Fox. Chuck Norris entre otras canciones ponen de portada sus letras claras, de la calle, transparentes. Sin lujos, sin concesiones, sin virguerías. Simplemente, Los Jacobos. 

Un aplauso por los voluntarios. Un aplauso por los asistentes, las bandas (incluyendo las que no pude ver) e incluso por la lluvia, necesitada más que nunca. Un adiós al humo y un hola al verde. Porque la Sierra reverdecerá, con más vigor que nunca. 

Esta iniciativa, tan loable como su puesta en escena, debe mantenerse en el tiempo. No pensemos que una pulsera es suficiente. Cada papel. Cada colilla. Cada mierda que tiramos deja cualquier movimiento en inútil. No sólo se trata de colaborar, sino de concienciar. Porque la naturaleza es como una relación: cada día, cada acto, cada tú, cada yo...importa. 

Así que a currárselo. 

Charly González and the Crazy Bros en La Casa de Cultura

9 de Octubre de 2015

Quién me iba a decir a mí que la siguiente entrada de este blog iba a ser por un concierto en Coria, que nada tiene que ver con las fiestas de junio. Que nada tiene que ver con músicas comerciales. Que iba a ser en el mismo escenario donde durante años he representado desde Las Tierras de Jauja hasta Jesucristo Superstar. Pero sí, así fue. Como lo cuento. 

Charly y sus hermanos locos pasaron por el pueblo para dejarnos una actuación excelente, igual que inesperada. Haciendo memoria no ando muy desencaminado si afirmo que es la primera vez que veo un concierto de jazz/blues en Coria, con una entrada no gratuita, y con un aforo prácticamente completo. Sigue siendo cierto que el porcentaje de asistencia es bastante reducido para la población, pero quedémonos con lo positivo. Parece que algo se mueve. 

Con una banda muy completa que incluye hasta un "hechicero", Charly y los suyos, los suyos y Charly, nos presentaron los temas de su último disco, The last sun. Un disco con ritmos clásicos del jazz , swing y del blues de toda la vida. Esas notas que penetran y se ponen a bailar con tus glóbulos rojos y a cantar con los blancos. Temas como Nobody but you o Leave this town for money son un claro ejemplo de ello. También se incluye en su repertorio una versión del clásico Caldonia, dejando claras sus intenciones sobre el escenario. 



Hubo momentos para el gozo. Los solos de guitarra mezclados con los vientos, piano, batería y complementos varios. Entre ellos, la gran pandereta, que en estos estilos es más que necesaria para crear ese ambiente festivo y alegre, para salir de vías oscuras donde el blues puede llevar sin darse cuenta. También ese saxo que tanta clase y elegancia pone en todas las formaciones. Un sonido muy completo que tuvo su cúspide en la versión del Bolleré del querido Raimundo Amador, que sin ser la versión con Mr. King, fue la guinda tras hora y media de intenso concierto.

Una atmósfera de la música de principios de siglo XX que inundó por un momento una ciudad necesitada de actos culturales de este tipo, porque es lo que mantiene la inquietud y la riqueza espiritual. Y todo por tres euros. Bueno, 8. Porque cayó un Cd. 

Sigamos así. 

28 junio 2015

Loquillo en las fiestas de San Juan

28 de junio de 2015

En unas fiestas de San Juan marcadas por la tragedia y en boca de todos los medios este año por el morbo y la polémica, las actividades musicales han puesto una alternativa de fuerza que bien merecía un viaje rápido de fin de semana.

Todo giraba en torno a una figura alta y una banda a la que siempre es un placer incluir en este blog, porque por muchas veces que la haya criticado, sus letras, ritmos, estilo, carácter y sobre todo, sus canciones, nunca dejan de emocionar. 

Con algo de retraso frente al horario previsto, Loquillo, con pañuelo rojo al cuello, y los suyos saltaron al escenario con ganas y con su motivación habitual. Tenía curiosidad por ver cómo afrontaba un concierto en una ciudad pequeña que ha demostrado año tras año que la entrega y asistencia a este tipo de eventos musicales suele ser bastante decepcionante. También quería palpar de primera mano cómo congeniaba con un público tan complicado, a pesar de tratarse de una entrada gratuita. 

Debió generarse previamente algún rumor sobre si Loquillo finalmente aparecería en Coria, lo cual explicaría que las primeras palabras fueron dedicadas para los incrédulos: "Alguno decía que no íbamos a venir. Pues aquí estamos, joder". Acto seguido, y durante las casi dos horas que duró el bolo, canción tras canción Loquillo fue adueñándose de la plaza. 



Gente que inicialmente empezó fría en las primeras filas, pero que tras el El Creyente y algún tema de los más actuales como Línea Clara o El mundo necesita hombres objeto, llegó un chorro de temas de siempre que consiguieron meter a todo el mundo en el bolsillo y crear un ambiente de rock en Coria que yo, personalmente, sólo había vivido ligeramente en los antiguos conciertos de Rosendo o de otros que lo habían intentado. 

Es cierto que este era gratis, y daba gusto poder ver en las primeras filas a niños y niñas con camisetas del pájaro Loco disfrutando, pero esto nunca había sido garantía de éxito en las fiestas, donde "DJs" (sí, entrecomillado), el pachangueo y músicos casposos siempre habían llevado la nota principal, salvando a la charanga. Sin embargo, El Rompeolas, La Mataré, Rock&Roll Star, El ritmo del Garaje, Cruzando el Paraíso, Memoria de Jóvenes Airados, Quiero un camión, Cadillac Solitario o Feo, fuerte y formal fueron demasiado. Por fin, un sabor de rock&roll pasó y pisó por encima de muchos otros. Se notaba además la presencia de Mario Cobo de Nu Niles para dotar al grupo de ese toque rockabilly del álbum Código Rocker. 

Con un Loquillo entregado a la causa, incluso llegó a pasearse al lado del público. No sólo cumplió si no que se notó que se trataba casi de algo personal, demostrar que rumor arriba o rumor abajo, él y su banda de rock tenían claro que iban a hacer lo que mejor saben para salir por la puerta grande. 

Por una señora portona. 

21 junio 2015

I Edición MatMad Festival

20 de junio de 2015

Qué mejor época que el verano para volver a las andadas y sacar a paseo este blog, de todo menos olvidado. Junto con el solsticio de verano llegó a Madrid la I Edición del MatMad Festival, en vísperas del día europeo de la música. Es buen concepto celebrar las efemérides con antelación, que nunca se sabe lo que puede pasar al día siguiente. 

Con un sol de justicia, el Matadero de Madrid acogió este primer festival que reunió a algunos de los grupos patrios de ayer y de hoy para montar un cartel bastante interesante, con una base rock pero con referencias al flamenco, al punk o al pop. Todas las bandas del día habían pasado por este blog a excepción de dos a los que tenía ganas de cogerles por la pechera y disfrutar de sus directos: Ángel Stanich y Los Ilegales. 

Ángel Stanich fue el primero en saltar al escenario, algo más tarde de lo que estaba previsto, pero rápido mostró que su apodo de El ermitaño del rock no hace alusión solo a su aspecto, donde su nariz y ojos son los únicos resquicios donde el pelo aún no ha llegado, sino también a un estilo único de cantar, de componer y de tocar. Con una base de rock sucio americano y un tono de voz gangoso que al principio parece una parodia de José Mota pero que acaba por enganchar. Temas como Metralleta Joe o Carbura (que no pudo tocar porque le expulsaron del escenario) son una muestra de lo fuerte que viene pegando, de lo fresco que es su directo y de que la cantera sigue funcionando. 

Smile fueron los siguientes, a los que por cierto tampoco había tenido el gusto de conocer hasta el momento. Su concierto, pasado por un sol abrasador, enfrió al personal. Quizá sea porque eran del norte. O porque sencillamente su música después de la de Stanich apalancó. Un grupo con estilo muy british que nada tiene que ver con el grupo de los años 60 de Brian May, y que perdió su combate frente a la barra con sombra y la cerveza fría. Ni un ukelele ni un "me bajo con vosotros al foso" fue suficiente. 

Con el sol apagándose y el recinto llenándose, todo apuntaba a que el resto del festival iba a amontonar motivos para esta afluencia repentina: Kiko Veneno, Corizonas, Los Ilegales y Los Enemigos. 

Kiko Veneno puso el bailoteo en nuestros cuerpos con sus temas de siempre, con una banda estupenda y dejando ese buen rollo y esa sonrisa en el cuerpo y en la caras de todos, porque él es así. Feliz por cantar. Feliz por provocar ese movimiento de pies y de manos. Feliz de su lírica y de su halo. Un grande de España.

 

La traca final se inició con Los Corizonas. Ya convertidos en un clásico de cualquier encuentro musical que se precie, este grupo de potentes letras y melodías dejó entrever que les espera un periodo de descanso, y que Arizona Baby y Los Coronas dejarán de verse durante algún tiempo para darse aire, aunque dejaron bien claro que no será su última palabra juntos. Canciones como The Falcon Sleeps tonight o Run to the river quedarán por ahora en nuestras minicadenas para cuando queramos coger un buen punto, en un momento cualquiera. 


Los Ilegales. Ese grupo de letras rudas. Ese grupo con aquella portada del álbum en vinilo con nombre homónimo, y que se grabó en mi mente desde que mis pequeñas manos accedieron al surtido de música parental. Unos macarras de pro que completaron un bolo intenso y sin concesiones. Hasta Mr. Jorge Ilegal se tuvo que medio disculpar de la velocidad a la que salían temas de su Stratocaster y de su Gibson. Y para que os hagáis una idea de quiénes son Los Ilegales, pasad diez minutos escuchando esta entrevista. No tiene desperdicio. Sardinas, café y fantasmas. Y para terminar: eres una puta. Todo unos personajes que rompen con cualquier estereotipo y que bien se merecen el párrafo más largo de esta crónica. 

Y para finalizar, Josele Santiago y los suyos subieron al escenario para terminar con una ronda de temas que hicieron las delicias de los seguidores de las raspas de los Enemigos. Entre los clásicos, cuenta atrás o John Wayne, con esa voz tan peculiar y ese estilo elegante y tan rocker. Durante algo más de una hora, Los Enemigos remataron un día genial de música y de buen ambiente. 

El día en que se cumplían diez años de aquel FestiMad que marcó un antes y un después en la escena musical madrileña y en nuestros corazones, se bautiza un nuevo festival que se antoja duradero, dineros mediante. Porque arda lo que arda, siempre habrá resurrección en forma de rock. 

Es lo que tiene. 

07 febrero 2015

Por un Mundo sin ELA

31 de enero de 2015

La música siempre ha sido un medio para la revolución. Se ha utilizado a lo largo de la historia como herramienta, como arma, contra aquello que el autor consideraba injusto. Notas de sublevación y de inconformismo, algunas atemporales, con las que muchos nos seguimos viendo reflejados.

La solidaridad y el premio al altruista han sido algunos de los temas comunes que han servido para cantar por un mundo un poco mejor. Un lugar donde, por mucho que creamos avanzado, sigue habiendo motivos para luchar y unirnos por un mismo objetivo. En este caso, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Una enfermedad cruel de causa aún desconocida y donde la investigación jugará un rol muy importante.

En este marco de apoyo a una causa noble, el Palacio de los Deportes se plagó de estrellas nacionales de todas las épocas y estilos que vibraron junto con el numeroso público congregado clamando por la inversión en investigación con himnos tarareados, cantados, gritados. El Lichis, Siniestro Total, Rulo y La Contrabanda, Sôber, Los Enemigos, Burning, Quique González y Lapido, Miguel Campello, El Gran Wyoming y Última Experiencia, Miguel Ríos, Víctor Manuel, M-Clan, Rosendo, Amaral, Cuco Pérez y Luis Delgado. Rock, heavy, pop, cantautores, folclore. Todo ello dirigido por un maestro de ceremonias cuya risa y energía nos contagia y alegra cada mañana en Radio 3 (Ángel Carmona).

El setlist era muy esperable. Por la gran cantidad de artistas, los músicos tuvieron dos-tres canciones, por lo que tiraron de lo más conocido de su repertorio para participar en este evento solidario cuyos fondos se destinarán a un proyecto europeo de investigación para saber más sobre la ELA. El sonido, amén de algún error mínimo, estuvo genial, muy propio del Palacio. Y entre banda y banda, vídeos, información sobre la ELA y alguna que otra aparición estelar.

El foco hoy no estaba en la música, sino en el mensaje. Y para terminar de rematarlo, Carlos Matallanas, un enfermo de ELA, subió al escenario con unos carteles (la enfermedad ha paralizado los músculos de su boca y no puede hablar) para compartir ese momento con todos, lanzando un mensaje positivo y de lucha contra el enemigo. Minutos muy emocionantes y emotivos. Tremendos. Javier, hermano de Carlos y organizador del evento, también tuvo palabras de agradecimiento a los asistentes y músicos reunidos. Y un doctor. Un profesional dedicado exclusivamente a derrotar a la ELA y cercano a la jubilación, expresó la necesidad de investigar, investigar, investigar para tener el conocimiento que nos permita estar en mejores condiciones para erradicar esta espantosa enfermedad.


Fue un encuentro emotivo, canalizado a través de la música, y que acabó con un Agradecido de Rosendo que retumbó como nunca. Un empujón más. Un paso adelante. Un grito de rabia. Un peso sobre los hombros con manta alrededor  para levantar las manos lo más alto posible.


Un aquí estamos. 

11 enero 2015

Grison y Tuli en la sala Galileo Galilei

9 de enero de 2015

Como vuelta a los escenarios tras un parón medio obligado por los proyectos individuales y por una lesión inesperada, llenar la sala Galileo Galilei es una buena muestra del auge que está empezando a tener esta pareja. Un par peculiar, original. Que unas veces la tienen grande y otras pequeña. Donde la vergüenza se esconde detrás del desparpajo. Risas y aplausos que podrían haber rellenado el vacío de las campanadas en Canal Sur, sin que nadie las hubiera echado de menos.

El espectáculo tuvo que empezar más tarde de lo esperado para dar tiempo a que los asistentes buscaran su sitio en las esquinas del garito, usando escaleras como sillas improvisadas y los abrigos como respaldo. En este sentido, la gestión de la sala fue, a mi entender, bastante mala. No entiendo cómo se prefiere tener escaleras y salidas de emergencia taponadas con sillas en lugar de abrir la segunda planta de la sala, donde sólo se distinguía una mesa ocupada y, que según el personal del local, estaba reservada exclusivamente a músicos e invitados. Entiendo que en general existan tratos especiales. Yo no los quiero. Pero cuando antepones este ¿clasismo? en concepto a la seguridad, se merece, al menos, una mención en un blog de chichinabo.

Y pasemos a lo importante. A describir casi una hora y media de diversión, buen rollo y una actuación en la que el humor y la música, todo teatralizado y simplificado a dos tipos y un aparatejo, hicieron las delicias del público. Público donde se observaron hormigas (más preocupadas de recoger frutos para el invierno) y estrellas guaperas del rock (hasta hace poco pensaba que eran conceptos incompatibles).

Beatbox mezclado con música en directo y actuaciones perfectamente conjuntadas. Compenetradas. Asimiladas. No sé, un montón de –adas. Grison con sonidos y ritmos que ya se están empezando a convertir en habituales, sobre todo desde que se comió mis canapés. Campeón de España de Beatbox y del mundo de Loopstation. Ahí queda eso. Tuli dando una lección de sintonía con el público y dar vida a esos sonidos. No sé si será campeón de algo, pero qué importa. Este actor, músico, maestro de ceremonias y otro sinfín de habilidades sigue siendo cojonudo. Básicamente, dos artistas con un sentido del ritmo, del humor y del espectáculo especial.


Números ya conocidos como el dela batería, donde sonidos, humor y gesticulación se mezclan al unísono casi a ritmo de metrónomo. Incluso a ciegas. Otros donde se muestra que ambos son igualmente importantes, y que tanto Grison como Tuli tienen una implicación y una destreza en lo suyo que se complementa y fabrica momentos geniales. Pájaros, elefantes, delfines, perros. Un zoo ambulante sacado de un sombrero. Al son de improvisaciones. Y una banda, los Rolling Charlestones, para darle un toque final tremendo, haciéndose el escenario pequeño y ellos cada vez más grandes.



Ya sólo faltaba el sketch final. El momento álgido. La cúspide. Aquel instante en el que los corazones se encogen y claman al cielo por la victoria, la explosión contenida de emociones y el momento perfecto para usarlo como excusa para el contacto físico. Pero no era tan fácil. Tuli, Tuli Vidal anteriormente, frente al redoble de Grison, tenía por delante el más difícil todavía.

Y lo consiguió. 

Lo consiguieron. 

01 octubre 2014

Los Coronas en la Siroco

25 de septiembre de 2014

Con motivo de la celebración de los 25 años de una sala mítica del panorama musical madrileño, Los Coronas se pasaron por la Siroco para rememorar viejas historias de otros tiempos, cuando Madrid se agitaba a cada acorde sin necesidad de tener que hipotecar un pulmón. Pero sobre todo para pasar un buen rato en una sala acogedora y con, en general, una buena acústica. 

Era la primera vez que les veía en directo como tal, después de su aventura junto a Arizona Baby que ha dado mucho que hablar en este país. Y para bien. Y con razón. Los grupos instrumentales me han ido atrayendo cada vez más, y especialmente aquellos que maman del estilo de The Shadows con ese rock bailongo, que lo mismo te coge una ola que te desenvaina un revólver. Sólo puede quedar uno, ya sabéis, ese rollo. 

Con unos sombreros blancos y unas camisas negras con sus nombres bordados (no me voy a atrever a elucubrar si a mano) saltaron al escenario de la Siroco directamente al lío. Sin rodeos. Con sus instrumentos al viento haciendo que el público rápidamente sintonizara con el ambiente y dejara llevar sus pies, manos y cabeza a otra época y lugar. Por supuesto cada uno a su bola, en su mundo de olas, buen tiempo, ritmo, despreocupad@s y marcando tendencia en sus pensamientos. 

Guitarristas tremendos. Bajista espectacular. Y batería y trompeta geniales. Esta es la banda. Cada uno encantado con su rol. Adiós Sancho, Jinetes Radioactivos o Rockaway surfers retumbaron en La Siroco con una acústica muy buena pese a la combinación de sonidos. La trompeta, guitarra, bajo y batería se escuchaban muy nítidos sin solaparse, con el volumen perfecto. Entre canción y canción una historia, un chismorreo o un comentario divertido que no desentonaba y que junto a los "Heyyyy" marcaron la pauta lírica del bolo. 


Impresionantes sus versiones. Género que normalmente está desvirtuado y que en muchas ocasiones se quedan en copias de menor calidad que los temas originales. Sin embargo Los Coronas aplican su fórmula para dotar a cada composición de otros en algo suya. En el Lago de Triana (ésta con Jairo Zavala), Paint it black de los Rolling o Corazón contento de Marisol son un ejemplo de ello.  Temas de siempre pero con un sello acoronado que mola. 

Tras hora y media de concierto y de muy buenas sensaciones, Los Coronas son un grupo original en nuestro país (junto con Toundra seguramente los mejores del estilo "el gato me comió la lengua") que merecen mucho la pena. Lástima que el servicio de venta, con camisetas en una caja de cartón y los discos en una bolsa cerrada no esté a la altura. Tampoco quien los vende. Aunque no fue impedimento para que mientras escribo estas líneas me den ganas de darme un paseo en caballo mirando por encima del hombro a todo aquel que no aguante dos chupitos de güisqui de un trago. 

Tú tienes que estar en la próxima. Para que sea mejor. 

Grandes Los Coronas...Ohhhhh yeeeaaahhh...

14 septiembre 2014

Extremoduro en Las Ventas

13 de septiembre de 2014

De vuelta al ruedo, Extremoduro volvió a la capital y salió por la puerta grande de la plaza de toros de las Ventas. Por segundo día consecutivo, la banda de Robe, recién estrenada coronación de su medalla de Extremadura por su difusión de la tierra de los conquistadores, llenó el coso madrileño en su gira Para todos los públicos, nombre de su último disco. 

Había interés por conocer el cariz que tomaba el concierto. No leí o escuché crítica alguna de los conciertos anteriores para vivirlo como algo nuevo y sorprendente. La primera impresión del escenario, con contenedores de transporte simulados y uno real colgado por un puente grúa creaba una atmósfera industrial que molaba. 

Con su puntualidad habitual, tras los acordes iniciales de Extraterrestre y la aparición aparente del interior del contenedor, se dio paso a Sol de invierno. Esto pintaba bien para los que apreciamos y destacamos la calidad de las canciones de los nuevos discos, pero que pensamos que la fuerza, rabia e intensidad de Extremoduro reside en las canciones de siempre. Pese a la voz de Robe, que se disculpó diciendo que se quedó tocando la noche anterior la guitarra hasta las seis de la mañana, el concierto iba bien encaminado. 

El setlist de esta primera parte, sin embargo, siguió por otros derroteros. A partir de No me calientes que me hundo y La vereda de la puerta de atrás el ambiente del concierto dio paso a una atmósfera más tranquila, donde el cuidado del sonido y las canciones más tranquilas de los dos últimos discos tomaron el protagonismo. Entre interiores, Desarraigo o los dos primeros movimientos de la Ley Innata hicieron las delicias de parte del público que se congregó en Las Ventas. Aún sigo esperando un directo que incluya un enlace entre el segundo y tercer movimiento, que es espectacular. 

No hablo desde la sabiduría que me da el fracaso, sino simplemente de quien ha seguido a Extremoduro desde que tiene uso de razón musical. Y es indiscutible que Extremoduro, y por ende Robe, han cambiado. Para bien o para mal han evolucionado. Sus discos son diferentes y sus conciertos también. Las posibilidades de hacer espectáculos con sonidos más cuidados y la música que le sale de los huevos. Aunque esto último siempre ha sido así. 


Tras el descanso (reducido para evitar alargarse demasiado, por normativa de la alcaldía facha de Madrid según Robe), Prometeo (¡ese enlance con Sucede en Agila es irrompible!), Jesucristo García y sobre todo un pedacito de Pedrá devolvieron la adrenalina a la arena de Las Ventas y claramente marcó una línea en las generaciones tan variopintas que allí estábamos. Cada uno con sus himnos. El resto, con Puta, Mi Voluntad, Qué borde era mi valle y con Autorretrato (magnífica) marcaron la pauta para que Ama, ama, ama...pusiera a todos en la cresta de la ola. 

La bajona volvió de nuevo cuando el cierre de concierto se hizo con El camino de las utopías, aunque menos mal que el éxtasis clásico de Uoho al final, destrozando todo aquello que está en pie, nos dejó un mejor saborcito de boca. 

Está claro que Extremoduro no es lo que era. Su primera parte del concierto y su final de concierto lo dejan patente. También lo charlatán que se ha vuelto Robe, donde un escueto "gracias" y algún verso suelto componían su guion de antaño durante los conciertos. La evolución y el progreso debe ser parte de las bandas, y quien vaya pensando que va a ver al grupo de rock de antaño se va a llevar una desilusión. 

Un concierto más de Extremoduro. Pero distinto. Son los de siempre. Pero con otras inquietudes. Y no busquemos motivos. 

Es así y punto. 

25 julio 2014

Vintage Trouble en la sala El Sol

24 de julio de 2014

Recién llegados de Los Ángeles, con diez kilos de peso más antes de cada concierto, en una esquina, Vintage Trouble o VT or ¥. Cuatro paisanos preparados para convertirse en la última sensación del panorama musical alternativo, mezclado estilos clásicos donde los haya como el rock, el blues y el soul. Ah, y chaquetas, pajaritas de rabo largo y sombreros. Una combinación de éxito sin discusión.

Con sus letras y ritmos frescos, VT no busca conciertos llenos de seguidores sino que tiene claro que esta gira que les ha traído a varias ciudades de España es para crearlos, para enganchar con sus bailes, sus vestimentas y sobre todo con sus instrumentos de cuerda, vocales y percusión. Quieren crear troublemakers allá donde vayan, y anoche de la sala Sol salieron unos cuantos. 

Algo más de media hora tras la apertura de puertas, la banda californiana salió retumbando con uno de sus temas más pegadizos de su primer disco, The Bomb Shelter Session, Blues hand me down. Seguido de otros como Pelvis pusher el público se fue metiendo en el papel de los generadores de problemas a base de golpes de cadera, manos al cielo, palmandas y corrillos alrededor del cantante cada vez que se daba un paseo entre el público que abarrotaba la sala El Sol. 

Los riffs adornan una voz profunda e infinita con clase y mucho recorrido, que junto con los sonidos más habituales del blues y del rock conforman una mezcla muy bailable y divertida, no haciendo falta conocer las canciones para sentirse parte del espectáculo. 

Durante el concierto se notaron aun así bastantes altibajos de ritmo, con canciones lentas que amén de algún que otro solo de guitarra y de voz para quitarse el sombrero y la camisa de cuadros, aminoraron demasiado la marcha, resultando a veces cambios demasiado bruscos que afectaban al ánimo y a la adrenalina. 



Tras hora y media de vaivenes de intensidad y con temas como Not alright by me o Run like the river, estos tíos no dejaron pompis entre sus caderas y como último detalle se bajaron todos en comandilla para firmar los discos y camisetas de aquellos que pensaron que era justo contribuir a la causa. Yo fui uno de ellos y mi disco ya reluce en mi estantería. Firmado por estos personajes que tienen pinta de dar mucha guerra. 

Gente: sigamos haciendo ruido y causemos problemas. Que por nosotros no sea. 

07 junio 2014

Offsense en Rock&Pop

6 de Junio de 2014

Ha corrido mucho viento, caído mucha lluvia y se han recogido muchas aceitunas desde la última crónica. Las fechas no engañan: 12 de noviembre de 2013. Época de dedicarse a las labores de uno mismo, con viajes deseados y no deseados, problemas técnicos varios que han truncado temporalmente la asiduidad a este espacio donde pongo mis palabras a la música. Y qué mejor manera que reiniciarse volviendo a los principios. 

Una sala de locales de ensayo donde grupos desconocidos y amados por amigos y familiares tocan y dejan tocar. Una barra donde sirven cerveza en lata comprada al por menor. Una decoración basada en paredes de corcho y tramos blancos. Taburetes altos con empanada y panchitos. Eventos gratis. 

En este marco tan usual en el panorama musical madrileño, Offsense subió a un escenario pasado de voltios para dedicar a sus más allegados versiones de Metallica, Deep purple, AC/DC, la Creedence y algunos temas propios. Sin brillantez y con dedicación, los temas resultaron ser una digna reproducción de los himnos, sin alardes. La banda se ciñó estrictamente al papel, acabando por ofrecer un espectáculo de fondo agradable para conversaciones. 

Hoy día y después de tanto escuchado, todo suena a todo. Es difícil innovar y ofrecer algo diferente. Además de ser cada vez más complicado tener un hueco en este universo musical creado por y para las firmas de siempre, o eres extremadamente bueno o simplemente aportas algo que pica a la gente. Casos hay para todos los gustos, pero en líneas generales los miles de grupos que basan sus bolos en versiones y tres temas propios con tintes demasiado ligados a los grupos que versionan, tienen complicado el vuelo. 

Aun así, una lanza por todos ellos. Que hacen que la música tenga cabida en todos los rincones de esta enorme masa de acero, verde y carne. Porque sin necesidad de ser conocidos o vender discos, los grupos que promueven estos eventos y las salas que dan esa oportunidad permiten que la gente siga disfrutando de una de las mejores vías de escape que tiene la sociedad, en estos tiempos aciagos. Bandas que transmiten ilusión y que se divierten haciendo música para los demás, sin la mayor intención que la de pasar un buen rato.  

Gracias y a seguir disfrutando. Desde este blog se seguirá haciendo. 



17 noviembre 2013

Ara Malikian y Fernando Egozcue en Clamores

12 de Noviembre de 2013

Empujado por un mono convertido en orangután y que me estaba empezando a provocar chepa al andar, indagué en la red para ver qué ofrecía Madrid, además de calles llenas de bolsas de basura. Y volví a los orígenes; a una sala Clamores que fue partícipe de mis inicios como asiduo en la escena musical madrileña y cuyo nombre se ha repetido varias veces en este blog. Siempre deleitando con bolos de alta calidad. En este caso, un violinista libanés, de origen armenio, y un guitarrista argentino afincado en Embajadores unen fuerzas para un espectáculo inesperado. Y bueno. Muy bueno. 

Ara Malikian y Fernando Egozcue forman, tanto a priori como a posteriori, una pareja peculiar. Una mezcla cultural que se confunde en el jazz que transmiten. Con tonos que saben a tango y notas que huelen a fuerza del Mediterráneo lejano. Sus temas demuestran que fue un acierto para todos nosotros que sus carreras, por deseo del destino, se cruzaran. Tanto como músicos como cómicos con instrumentos de cuerda. 

Y es que el concierto fue más allá de las virguerías de estos tremendos artistas, acompañados de un séquito no menos loable (pianista, contrabajista y batería). Monólogos en castellano perfecto donde, en clave de humor inteligente, se fue desgranando la intrahistoria de estos personajes que abarrotaron la sala Clamores, como viene siendo habitual, y que tras unos pequeños problemas iniciales con el sonido del violín, rápidamente cogieron ritmo y engatusaron a un público entregado a la causa. 



Creo, Viejos Aires, Manu, Cupa y muchos otros, entre ellos improvisaciones esperadas e inesperadas (durante un cambio de cuerda de guitarra) que llenaron la sala de un clamor popular hacia cada uno de los miembros de la banda, en especial hacia Ara, Fernando y sus respectivos instrumentos, que sirvieron de medio para transmitir alegría, buen rollo e incluso melancolía por los colchones viscolásticos de marca blanca, ausentes por decisión técnica. 
 
Un jazz cercano, fuera del estilo elitista y clasista, que mezcla diferentes vertientes de este género musical y que sirve como ofrenda a una ciudad, a un país, que tiene que evitar perder la sonrisa y el gusto por lo bueno.

Estos señores volverán a pisar en breve la sala Clamores. Y a riesgo de que los chistes y las bromas resulten recurrentes, podría ser una buena oportunidad de ver si lo que disfruté el martes pasado fue un espejismo provocado por las cervezas y los frutos secos o si de verdad son lo que parecen ser: dos buenos tipos detrás de dos instrumentos a los que saben hacerles hablar. 

Probando: un, dos, tres.


19 septiembre 2013

Festival DCODE en Madrid

14 de septiembre de 2013

En un ambiente presumiblemente alternativo, donde gafas de madera y zapatillas Converse iban a abarrotar los campos de rugby del conocido Cantarranas de la Complutense, dos grupos muy distintos sobresalieron frente al resto. ¿Cuáles? Leeros la crónica, cojones. 

La zona de conciertos del festival es muy buena. Después de haber transformado el terreno en un lugar donde caminar no implica moverte por arenas movedizas, como era costumbre cuando se practicaba cualquier deporte en ese barrizal, la organización ha estado muy avispada en sacar provecho a un recinto diáfano, muy bien ubicado y con un potencial tremendo para este tipo de eventos.  

Se antojaba complicada la noche: varios apetitosos conciertos simultáneos que obligaban a planear con antelación qué grupos serían los agraciados con ser mencionados en este blog y cuáles se tendrían que conformar con  aparecer en los medios tradicionales. Claro estaba el atender, entre otros, a John Grant, y no el futbolista escocés, sino el cantante americano homosexual que habla un castellano bastante decente. 

Tras una escuchada a su disco Pale Green Ghosts, las canciones transmitían esa melancolía endémica de estos cantantes especiales que llaman la atención, pero a diferencia de otros como Micah P. Hinson, se intuía un buen rollo que hacía prever un concierto agradable. Y así fue. Un repaso bastante exhaustivo a su último trabajo donde temas como GMF o Black belt alentaron al público que poco a poco empezaba a llenar el espacio. Con frases de ánimo a sus compañeros rusos y quizá una pequeña falta de carisma sobre el escenario, el colega Grant dejó buen sabor de boca para, al menos, seguirle la pista. 

Era a partir de las 8 cuando empezaba la traca del festival, y grupos intermedios como L.A., tras un breve paso por su bolo y tener la sensación de haberles escuchado unas mil veces, sirvieron de excusa para abrir el momento descanso, donde un palo, una cerveza, un bocadillo y una peluca triunfaron. Sí. Conseguí un palo. 

Love of Lesbian, un clásico en este blog, no está hecho para un festival. Son un grupo que necesita de la complicidad del público. Y eso les honra. Que necesitan interaccionar y deleitarse en las canciones - temazos que tienen. Que necesitan dar coba al personal para entrar en acción. Y para eso, una hora se hace escasa. A pesar de contar con la colaboración de Eva Amaral y tocar varios de sus éxitos, entre ellos Los toros en la Wii (Fantástico), no se les veía cómodos en este formato. 



Mientras los Vampire Weekend y FOALS hacían las delicias, supongo, de la gran parte del festival, en el escenario pequeño, ese que siempre da las mayores sorpresas en los eventos sonoros, venían dos grupazos, uno tras otro. Toundra, ya reconocido como una de las bandas que parten la pana en el panorama musical español por su arriesgada y técnicamente perfecta apuesta por el rock instrumental, y Reptile Youth, que siendo la primera vez que pisaban la capital no Olímpica, devoraron todo a su paso.

Toundra puso los watios y la energía en un festival donde los amantes del guitarreo bien llevado y acompasado parecíamos no tener sitio. Sus temas resonaron hasta incluso superar a los del escenario grande, infestado de vampiros. Zanzíbar, entre otros, permitieron que por un momento las barbas y las melenas salieran a relucir, amén de las guitarras aéreas. 

Por su parte, los daneses de Reptile Youth empezaron su concierto con una intención clara: Let's see how far we can go, una declaración de intenciones que pasó por Black swan born white y Speeddance, donde su cantante, viva imagen sobre el escenario de un grande como Ian Curtis, se lanzó varias veces sobre el público totalmente a favor de obra, y levantó pasiones con temas potentes y melódicos.

Tras un paso por Amaral, sin tiempo para darme una buena o mala impresión (a excepción de unos mofletes exhuberantes que siempre están al acecho), llegaban unos tal Franz Ferdinand. Ya curtidos en más de mil batallas, estos escoceses liderados por un tipo con apellido griego venían ya sabedores de su victoria. De un público entregado y de un escenario magnífico donde lucían sus cuatro manos unidas. 

Así es. No es difícil intuir que Right Action, , Ulysses y Take me out retumbaron como si no hubiera un mañana, especialmente esta última, quizá hinmo de una banda que ha sido agraciada con el merecimiento del público. Canciones pegadizas, bailongas y llenas de decoración, con un sonido genial, que les mantienen en lo alto de las bandas del siglo XXI. 

DCODE. Festival que por ahora mantiene a Madrid en cierto nivel dentro del mundo de la música, después de la desaparición de algunos y la debacle de otros. Necesitados por pensar en sueños bucólicos y pasar buenos ratos, aunque sea por un sólo día y por los buenos momentos, Madrid debe seguir apostando para que 2014 siga siendo año de DCODE. 

21 julio 2013

El Intérprete en el Circo Price

20 de julio de 1984

Esta es la historia de un sábado. De un día especial: un veinte de julio de hace veintinueve años en el que Asier Etxaendía nos muestra su infancia en una habitación, mirando a la pared; mirándose dentro, muy dentro. Para descubrir que ante todo, lo que quiere ser es actor, cantante...intérprete. 

Convertidos todos en asistentes invisibles de un festival que surge de la imaginación de un hijo único de nueve años, el intéreprete sirve de homenaje a todas esas canciones que le ayudaron al niño a llegar a ser lo que está demostrando: un artistazo. Himnos escupidos de tocadiscos, de emisoras de radio y de cassetes en coches familiares que nunca olvidaremos. Saetas de nuestra alma que marcaron nuestra evolución musical, cultural. Y que sin ellas lo que somos hoy no tendría sentido. 

El Intérprete no deja de ser una obra de teatro donde la música, el baile, la diversión, pero sobre todo el argumento, penetran a una espectante audencia que rápido conecta con ese chaval de Bilbao, cuyos padres discuten, pero que se quieren. Y lo hace a través de la música con estilos de lo más variopintos que van desde Carlos Gardel hasta David Bowie pasando por Janis Joplin. Un espectáculo que aúna diversión, sentimiento, momentos de alegría, tristeza, cuñas sociales y emoción. Mucha emoción. Tanta, que las lágrimas pueden salir sin darse cuenta si uno recuerda la versión del Luz de Luna de la gran Chavela Vargas, con un chorro de voz desgarrador, aplastante, potente. Y sentido. Muy sentido. 

Rock, pop, soul, cabaret, folclore, rancheras. Estilos que se funden en la mente de un niño soñador que no quiere cerrarse en los exámenes de matemáticas y de lenguaje. Que tiene muy claro lo que pretende en este mundo. Y que empieza por encerrarse en su habitación de joven raro, quizás un poco autista llega a reconocer. Pero que sus amigos invisibles le recuerdan que si se maquilla, sus ojos verán más lejos de lo que nadie alcanza a vislumbrar.

 

Resulta curioso el cómo, a pesar de las referencias musicales, nunca te olvidas del contexto: un niño en su habitación en medio de un estado de locura mirando contra una pared. Y no por castigo, sino por deseo propio. Quizás la presencia de su padre entre el público invisible, además de la de otros amigos del espectáculo como los Bardem, Maribel Verdú, Penélope Cruz, Neus Asensi, Hugo Silva, Jorge Calvo, Almodóvar, ayudan a que el espectador ajeno a este núcleo de amigos, se sienta de verdad como enmedio de un evento sin comerlo ni beberlo. Como si pasara por allí y se quedara mirando. 

Y al final, como no podía ser de otra manera, el Price se convirtió en una fiesta. En un clímax de baile, cantos y ritmos donde era imposible mantenerse pegado a la silla. Con el tequila corriendo por el graderío, el Tú te me dejas querer alocó al personal, que no titubeó en llevar sus brazos al cielo para seguir los pasos de baile del actor, del cantante. De El Intérprete.  

Tras dos horas de espectáculo, papá Etxeandía llamaba a la puerta de la habitación para decir que ya era hora de descansar la mente y dejar a los amigos invisibles que volvieran a las calles, después de compartir con ellos un secreto, que el código del recreo me impide contaros. 

Lo que sí puedo decir es que no es lo mismo cuando no hay nadie a mi alrededor con el cuello abrigado. Nadie con las manos recién lavadas y el vestido conjuntado con el asiento del Price. Nadie cuya niñez sigue a flor de piel. Nadie con quien rular el tequila. Nadie a quien echar el micro a la boca. Nadie como tú para compartir momentos. Como el de anoche. 

Momentos que te recuerdan lo que ya sabes: que hoy es 20 de julio. Muchas felicidades también al otro tú, porque tú también contribuiste a mi desarrollo como amante de la música. 

Gracias. 

12 julio 2013

La Pandilla Voladora en La Riviera

10 de julio de 2013

¿Qué pasaría si en una misma habitación juntáramos una musaraña y un ratón común? ¿O si fueran un hurón y un pez espada? Pues no tengo ni idea. Pero El Lichis, Albert Pla, Muchachito Bombo Inferno, Tomasito y el Canijo de Jerez en un mismo escenario era un seguro de diversión y buen rollo. Un cóctel que al agitarlo podría salir cualquier cosa. Una apuesta a favor de la música y de poner una pizca de color (literal) en estos tiempos que corren. 

Estos superhéroes de pacotilla forman La Pandilla Voladora, un proyecto donde las risas y el bailoteo son parte fundamental de su esencia. Un grupo formado para pasarlo bien, vamos. Donde cada uno de los miembros es más personaje de cómic que el otro, con antifraces y todo. 

 

Con una Riviera a tres cuartos de su aforo, la gente sabía lo que le esperaba. Esos clásicos de La Cabra Mecánica (Felicidad, La lista de la compra), de Albert Pla (Joaquín el Necio, El lado más bestia de la vida), de Delinqüentes (La primavera Trompetera, El aire de la calle), Muchachito Bombo Infierno (Azul, Ojalá no te hubiera conocido nunca) y Tomasito (Torrotrón), que despertaron el lado rumbero de algunas, por mucho que lo intenten ocultar. Con la participación de Javier Corona incluso se lanzaron con una versión de Ama, ama, ama...y ensancha el alma de Extremoduro.

Con un sonido un poco mediocre, puede parecer que esta gente se ha reunido para volverse hacer notar al gran público. O simplemente para pasarlo bien y disfrutar de la carretera entre compañeros de psiquiátrico. Pero ya sea por motivos económicos, comerciales o porque les sale de las narices no cabe duda de que se trata de una mezcla curiosa y de una verbena de pueblo que bien valdría su caché. 

No lo parecen, pero debajo de tanto disfraz y tanto excentrismo sobre el escenario esta gente son unos artistas del quince. Unos compositores contemporáneos natos que muestran ese lado de la sociedad callejera y representan un estilo suburbano con mezclas de pop, rock y rumba que pasará a la historia. Héroes rodeados además de músicos impresionantes que acaban de dar la puntilla a una banda genial. 

Un único tema propio, Del deporte también se sale, cerró un bolo de más de dos horas y cuarto donde la gente, entre otras cosas, salía con una sonrisa de oreja a oreja.

Un experimento lleno de alegría, de positivismo y de voces de colores que transformaron a la sala en una fiesta. ¿Que qué fiesta? Pues la que monta esta, por supuesto. Que sin tus bailes, risas, comentarios y pogueos quedaría en nada. En nada.