21 junio 2015

I Edición MatMad Festival

20 de junio de 2015

Qué mejor época que el verano para volver a las andadas y sacar a paseo este blog, de todo menos olvidado. Junto con el solsticio de verano llegó a Madrid la I Edición del MatMad Festival, en vísperas del día europeo de la música. Es buen concepto celebrar las efemérides con antelación, que nunca se sabe lo que puede pasar al día siguiente. 

Con un sol de justicia, el Matadero de Madrid acogió este primer festival que reunió a algunos de los grupos patrios de ayer y de hoy para montar un cartel bastante interesante, con una base rock pero con referencias al flamenco, al punk o al pop. Todas las bandas del día habían pasado por este blog a excepción de dos a los que tenía ganas de cogerles por la pechera y disfrutar de sus directos: Ángel Stanich y Los Ilegales. 

Ángel Stanich fue el primero en saltar al escenario, algo más tarde de lo que estaba previsto, pero rápido mostró que su apodo de El ermitaño del rock no hace alusión solo a su aspecto, donde su nariz y ojos son los únicos resquicios donde el pelo aún no ha llegado, sino también a un estilo único de cantar, de componer y de tocar. Con una base de rock sucio americano y un tono de voz gangoso que al principio parece una parodia de José Mota pero que acaba por enganchar. Temas como Metralleta Joe o Carbura (que no pudo tocar porque le expulsaron del escenario) son una muestra de lo fuerte que viene pegando, de lo fresco que es su directo y de que la cantera sigue funcionando. 

Smile fueron los siguientes, a los que por cierto tampoco había tenido el gusto de conocer hasta el momento. Su concierto, pasado por un sol abrasador, enfrió al personal. Quizá sea porque eran del norte. O porque sencillamente su música después de la de Stanich apalancó. Un grupo con estilo muy british que nada tiene que ver con el grupo de los años 60 de Brian May, y que perdió su combate frente a la barra con sombra y la cerveza fría. Ni un ukelele ni un "me bajo con vosotros al foso" fue suficiente. 

Con el sol apagándose y el recinto llenándose, todo apuntaba a que el resto del festival iba a amontonar motivos para esta afluencia repentina: Kiko Veneno, Corizonas, Los Ilegales y Los Enemigos. 

Kiko Veneno puso el bailoteo en nuestros cuerpos con sus temas de siempre, con una banda estupenda y dejando ese buen rollo y esa sonrisa en el cuerpo y en la caras de todos, porque él es así. Feliz por cantar. Feliz por provocar ese movimiento de pies y de manos. Feliz de su lírica y de su halo. Un grande de España.

 

La traca final se inició con Los Corizonas. Ya convertidos en un clásico de cualquier encuentro musical que se precie, este grupo de potentes letras y melodías dejó entrever que les espera un periodo de descanso, y que Arizona Baby y Los Coronas dejarán de verse durante algún tiempo para darse aire, aunque dejaron bien claro que no será su última palabra juntos. Canciones como The Falcon Sleeps tonight o Run to the river quedarán por ahora en nuestras minicadenas para cuando queramos coger un buen punto, en un momento cualquiera. 


Los Ilegales. Ese grupo de letras rudas. Ese grupo con aquella portada del álbum en vinilo con nombre homónimo, y que se grabó en mi mente desde que mis pequeñas manos accedieron al surtido de música parental. Unos macarras de pro que completaron un bolo intenso y sin concesiones. Hasta Mr. Jorge Ilegal se tuvo que medio disculpar de la velocidad a la que salían temas de su Stratocaster y de su Gibson. Y para que os hagáis una idea de quiénes son Los Ilegales, pasad diez minutos escuchando esta entrevista. No tiene desperdicio. Sardinas, café y fantasmas. Y para terminar: eres una puta. Todo unos personajes que rompen con cualquier estereotipo y que bien se merecen el párrafo más largo de esta crónica. 

Y para finalizar, Josele Santiago y los suyos subieron al escenario para terminar con una ronda de temas que hicieron las delicias de los seguidores de las raspas de los Enemigos. Entre los clásicos, cuenta atrás o John Wayne, con esa voz tan peculiar y ese estilo elegante y tan rocker. Durante algo más de una hora, Los Enemigos remataron un día genial de música y de buen ambiente. 

El día en que se cumplían diez años de aquel FestiMad que marcó un antes y un después en la escena musical madrileña y en nuestros corazones, se bautiza un nuevo festival que se antoja duradero, dineros mediante. Porque arda lo que arda, siempre habrá resurrección en forma de rock. 

Es lo que tiene. 

07 febrero 2015

Por un Mundo sin ELA

31 de enero de 2015

La música siempre ha sido un medio para la revolución. Se ha utilizado a lo largo de la historia como herramienta, como arma, contra aquello que el autor consideraba injusto. Notas de sublevación y de inconformismo, algunas atemporales, con las que muchos nos seguimos viendo reflejados.

La solidaridad y el premio al altruista han sido algunos de los temas comunes que han servido para cantar por un mundo un poco mejor. Un lugar donde, por mucho que creamos avanzado, sigue habiendo motivos para luchar y unirnos por un mismo objetivo. En este caso, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Una enfermedad cruel de causa aún desconocida y donde la investigación jugará un rol muy importante.

En este marco de apoyo a una causa noble, el Palacio de los Deportes se plagó de estrellas nacionales de todas las épocas y estilos que vibraron junto con el numeroso público congregado clamando por la inversión en investigación con himnos tarareados, cantados, gritados. El Lichis, Siniestro Total, Rulo y La Contrabanda, Sôber, Los Enemigos, Burning, Quique González y Lapido, Miguel Campello, El Gran Wyoming y Última Experiencia, Miguel Ríos, Víctor Manuel, M-Clan, Rosendo, Amaral, Cuco Pérez y Luis Delgado. Rock, heavy, pop, cantautores, folclore. Todo ello dirigido por un maestro de ceremonias cuya risa y energía nos contagia y alegra cada mañana en Radio 3 (Ángel Carmona).

El setlist era muy esperable. Por la gran cantidad de artistas, los músicos tuvieron dos-tres canciones, por lo que tiraron de lo más conocido de su repertorio para participar en este evento solidario cuyos fondos se destinarán a un proyecto europeo de investigación para saber más sobre la ELA. El sonido, amén de algún error mínimo, estuvo genial, muy propio del Palacio. Y entre banda y banda, vídeos, información sobre la ELA y alguna que otra aparición estelar.

El foco hoy no estaba en la música, sino en el mensaje. Y para terminar de rematarlo, Carlos Matallanas, un enfermo de ELA, subió al escenario con unos carteles (la enfermedad ha paralizado los músculos de su boca y no puede hablar) para compartir ese momento con todos, lanzando un mensaje positivo y de lucha contra el enemigo. Minutos muy emocionantes y emotivos. Tremendos. Javier, hermano de Carlos y organizador del evento, también tuvo palabras de agradecimiento a los asistentes y músicos reunidos. Y un doctor. Un profesional dedicado exclusivamente a derrotar a la ELA y cercano a la jubilación, expresó la necesidad de investigar, investigar, investigar para tener el conocimiento que nos permita estar en mejores condiciones para erradicar esta espantosa enfermedad.


Fue un encuentro emotivo, canalizado a través de la música, y que acabó con un Agradecido de Rosendo que retumbó como nunca. Un empujón más. Un paso adelante. Un grito de rabia. Un peso sobre los hombros con manta alrededor  para levantar las manos lo más alto posible.


Un aquí estamos. 

11 enero 2015

Grison y Tuli en la sala Galileo Galilei

9 de enero de 2015

Como vuelta a los escenarios tras un parón medio obligado por los proyectos individuales y por una lesión inesperada, llenar la sala Galileo Galilei es una buena muestra del auge que está empezando a tener esta pareja. Un par peculiar, original. Que unas veces la tienen grande y otras pequeña. Donde la vergüenza se esconde detrás del desparpajo. Risas y aplausos que podrían haber rellenado el vacío de las campanadas en Canal Sur, sin que nadie las hubiera echado de menos.

El espectáculo tuvo que empezar más tarde de lo esperado para dar tiempo a que los asistentes buscaran su sitio en las esquinas del garito, usando escaleras como sillas improvisadas y los abrigos como respaldo. En este sentido, la gestión de la sala fue, a mi entender, bastante mala. No entiendo cómo se prefiere tener escaleras y salidas de emergencia taponadas con sillas en lugar de abrir la segunda planta de la sala, donde sólo se distinguía una mesa ocupada y, que según el personal del local, estaba reservada exclusivamente a músicos e invitados. Entiendo que en general existan tratos especiales. Yo no los quiero. Pero cuando antepones este ¿clasismo? en concepto a la seguridad, se merece, al menos, una mención en un blog de chichinabo.

Y pasemos a lo importante. A describir casi una hora y media de diversión, buen rollo y una actuación en la que el humor y la música, todo teatralizado y simplificado a dos tipos y un aparatejo, hicieron las delicias del público. Público donde se observaron hormigas (más preocupadas de recoger frutos para el invierno) y estrellas guaperas del rock (hasta hace poco pensaba que eran conceptos incompatibles).

Beatbox mezclado con música en directo y actuaciones perfectamente conjuntadas. Compenetradas. Asimiladas. No sé, un montón de –adas. Grison con sonidos y ritmos que ya se están empezando a convertir en habituales, sobre todo desde que se comió mis canapés. Campeón de España de Beatbox y del mundo de Loopstation. Ahí queda eso. Tuli dando una lección de sintonía con el público y dar vida a esos sonidos. No sé si será campeón de algo, pero qué importa. Este actor, músico, maestro de ceremonias y otro sinfín de habilidades sigue siendo cojonudo. Básicamente, dos artistas con un sentido del ritmo, del humor y del espectáculo especial.


Números ya conocidos como el dela batería, donde sonidos, humor y gesticulación se mezclan al unísono casi a ritmo de metrónomo. Incluso a ciegas. Otros donde se muestra que ambos son igualmente importantes, y que tanto Grison como Tuli tienen una implicación y una destreza en lo suyo que se complementa y fabrica momentos geniales. Pájaros, elefantes, delfines, perros. Un zoo ambulante sacado de un sombrero. Al son de improvisaciones. Y una banda, los Rolling Charlestones, para darle un toque final tremendo, haciéndose el escenario pequeño y ellos cada vez más grandes.



Ya sólo faltaba el sketch final. El momento álgido. La cúspide. Aquel instante en el que los corazones se encogen y claman al cielo por la victoria, la explosión contenida de emociones y el momento perfecto para usarlo como excusa para el contacto físico. Pero no era tan fácil. Tuli, Tuli Vidal anteriormente, frente al redoble de Grison, tenía por delante el más difícil todavía.

Y lo consiguió. 

Lo consiguieron. 

01 octubre 2014

Los Coronas en la Siroco

25 de septiembre de 2014

Con motivo de la celebración de los 25 años de una sala mítica del panorama musical madrileño, Los Coronas se pasaron por la Siroco para rememorar viejas historias de otros tiempos, cuando Madrid se agitaba a cada acorde sin necesidad de tener que hipotecar un pulmón. Pero sobre todo para pasar un buen rato en una sala acogedora y con, en general, una buena acústica. 

Era la primera vez que les veía en directo como tal, después de su aventura junto a Arizona Baby que ha dado mucho que hablar en este país. Y para bien. Y con razón. Los grupos instrumentales me han ido atrayendo cada vez más, y especialmente aquellos que maman del estilo de The Shadows con ese rock bailongo, que lo mismo te coge una ola que te desenvaina un revólver. Sólo puede quedar uno, ya sabéis, ese rollo. 

Con unos sombreros blancos y unas camisas negras con sus nombres bordados (no me voy a atrever a elucubrar si a mano) saltaron al escenario de la Siroco directamente al lío. Sin rodeos. Con sus instrumentos al viento haciendo que el público rápidamente sintonizara con el ambiente y dejara llevar sus pies, manos y cabeza a otra época y lugar. Por supuesto cada uno a su bola, en su mundo de olas, buen tiempo, ritmo, despreocupad@s y marcando tendencia en sus pensamientos. 

Guitarristas tremendos. Bajista espectacular. Y batería y trompeta geniales. Esta es la banda. Cada uno encantado con su rol. Adiós Sancho, Jinetes Radioactivos o Rockaway surfers retumbaron en La Siroco con una acústica muy buena pese a la combinación de sonidos. La trompeta, guitarra, bajo y batería se escuchaban muy nítidos sin solaparse, con el volumen perfecto. Entre canción y canción una historia, un chismorreo o un comentario divertido que no desentonaba y que junto a los "Heyyyy" marcaron la pauta lírica del bolo. 


Impresionantes sus versiones. Género que normalmente está desvirtuado y que en muchas ocasiones se quedan en copias de menor calidad que los temas originales. Sin embargo Los Coronas aplican su fórmula para dotar a cada composición de otros en algo suya. En el Lago de Triana (ésta con Jairo Zavala), Paint it black de los Rolling o Corazón contento de Marisol son un ejemplo de ello.  Temas de siempre pero con un sello acoronado que mola. 

Tras hora y media de concierto y de muy buenas sensaciones, Los Coronas son un grupo original en nuestro país (junto con Toundra seguramente los mejores del estilo "el gato me comió la lengua") que merecen mucho la pena. Lástima que el servicio de venta, con camisetas en una caja de cartón y los discos en una bolsa cerrada no esté a la altura. Tampoco quien los vende. Aunque no fue impedimento para que mientras escribo estas líneas me den ganas de darme un paseo en caballo mirando por encima del hombro a todo aquel que no aguante dos chupitos de güisqui de un trago. 

Tú tienes que estar en la próxima. Para que sea mejor. 

Grandes Los Coronas...Ohhhhh yeeeaaahhh...

14 septiembre 2014

Extremoduro en Las Ventas

13 de septiembre de 2014

De vuelta al ruedo, Extremoduro volvió a la capital y salió por la puerta grande de la plaza de toros de las Ventas. Por segundo día consecutivo, la banda de Robe, recién estrenada coronación de su medalla de Extremadura por su difusión de la tierra de los conquistadores, llenó el coso madrileño en su gira Para todos los públicos, nombre de su último disco. 

Había interés por conocer el cariz que tomaba el concierto. No leí o escuché crítica alguna de los conciertos anteriores para vivirlo como algo nuevo y sorprendente. La primera impresión del escenario, con contenedores de transporte simulados y uno real colgado por un puente grúa creaba una atmósfera industrial que molaba. 

Con su puntualidad habitual, tras los acordes iniciales de Extraterrestre y la aparición aparente del interior del contenedor, se dio paso a Sol de invierno. Esto pintaba bien para los que apreciamos y destacamos la calidad de las canciones de los nuevos discos, pero que pensamos que la fuerza, rabia e intensidad de Extremoduro reside en las canciones de siempre. Pese a la voz de Robe, que se disculpó diciendo que se quedó tocando la noche anterior la guitarra hasta las seis de la mañana, el concierto iba bien encaminado. 

El setlist de esta primera parte, sin embargo, siguió por otros derroteros. A partir de No me calientes que me hundo y La vereda de la puerta de atrás el ambiente del concierto dio paso a una atmósfera más tranquila, donde el cuidado del sonido y las canciones más tranquilas de los dos últimos discos tomaron el protagonismo. Entre interiores, Desarraigo o los dos primeros movimientos de la Ley Innata hicieron las delicias de parte del público que se congregó en Las Ventas. Aún sigo esperando un directo que incluya un enlace entre el segundo y tercer movimiento, que es espectacular. 

No hablo desde la sabiduría que me da el fracaso, sino simplemente de quien ha seguido a Extremoduro desde que tiene uso de razón musical. Y es indiscutible que Extremoduro, y por ende Robe, han cambiado. Para bien o para mal han evolucionado. Sus discos son diferentes y sus conciertos también. Las posibilidades de hacer espectáculos con sonidos más cuidados y la música que le sale de los huevos. Aunque esto último siempre ha sido así. 


Tras el descanso (reducido para evitar alargarse demasiado, por normativa de la alcaldía facha de Madrid según Robe), Prometeo (¡ese enlance con Sucede en Agila es irrompible!), Jesucristo García y sobre todo un pedacito de Pedrá devolvieron la adrenalina a la arena de Las Ventas y claramente marcó una línea en las generaciones tan variopintas que allí estábamos. Cada uno con sus himnos. El resto, con Puta, Mi Voluntad, Qué borde era mi valle y con Autorretrato (magnífica) marcaron la pauta para que Ama, ama, ama...pusiera a todos en la cresta de la ola. 

La bajona volvió de nuevo cuando el cierre de concierto se hizo con El camino de las utopías, aunque menos mal que el éxtasis clásico de Uoho al final, destrozando todo aquello que está en pie, nos dejó un mejor saborcito de boca. 

Está claro que Extremoduro no es lo que era. Su primera parte del concierto y su final de concierto lo dejan patente. También lo charlatán que se ha vuelto Robe, donde un escueto "gracias" y algún verso suelto componían su guion de antaño durante los conciertos. La evolución y el progreso debe ser parte de las bandas, y quien vaya pensando que va a ver al grupo de rock de antaño se va a llevar una desilusión. 

Un concierto más de Extremoduro. Pero distinto. Son los de siempre. Pero con otras inquietudes. Y no busquemos motivos. 

Es así y punto. 

25 julio 2014

Vintage Trouble en la sala El Sol

24 de julio de 2014

Recién llegados de Los Ángeles, con diez kilos de peso más antes de cada concierto, en una esquina, Vintage Trouble o VT or ¥. Cuatro paisanos preparados para convertirse en la última sensación del panorama musical alternativo, mezclado estilos clásicos donde los haya como el rock, el blues y el soul. Ah, y chaquetas, pajaritas de rabo largo y sombreros. Una combinación de éxito sin discusión.

Con sus letras y ritmos frescos, VT no busca conciertos llenos de seguidores sino que tiene claro que esta gira que les ha traído a varias ciudades de España es para crearlos, para enganchar con sus bailes, sus vestimentas y sobre todo con sus instrumentos de cuerda, vocales y percusión. Quieren crear troublemakers allá donde vayan, y anoche de la sala Sol salieron unos cuantos. 

Algo más de media hora tras la apertura de puertas, la banda californiana salió retumbando con uno de sus temas más pegadizos de su primer disco, The Bomb Shelter Session, Blues hand me down. Seguido de otros como Pelvis pusher el público se fue metiendo en el papel de los generadores de problemas a base de golpes de cadera, manos al cielo, palmandas y corrillos alrededor del cantante cada vez que se daba un paseo entre el público que abarrotaba la sala El Sol. 

Los riffs adornan una voz profunda e infinita con clase y mucho recorrido, que junto con los sonidos más habituales del blues y del rock conforman una mezcla muy bailable y divertida, no haciendo falta conocer las canciones para sentirse parte del espectáculo. 

Durante el concierto se notaron aun así bastantes altibajos de ritmo, con canciones lentas que amén de algún que otro solo de guitarra y de voz para quitarse el sombrero y la camisa de cuadros, aminoraron demasiado la marcha, resultando a veces cambios demasiado bruscos que afectaban al ánimo y a la adrenalina. 



Tras hora y media de vaivenes de intensidad y con temas como Not alright by me o Run like the river, estos tíos no dejaron pompis entre sus caderas y como último detalle se bajaron todos en comandilla para firmar los discos y camisetas de aquellos que pensaron que era justo contribuir a la causa. Yo fui uno de ellos y mi disco ya reluce en mi estantería. Firmado por estos personajes que tienen pinta de dar mucha guerra. 

Gente: sigamos haciendo ruido y causemos problemas. Que por nosotros no sea. 

07 junio 2014

Offsense en Rock&Pop

6 de Junio de 2014

Ha corrido mucho viento, caído mucha lluvia y se han recogido muchas aceitunas desde la última crónica. Las fechas no engañan: 12 de noviembre de 2013. Época de dedicarse a las labores de uno mismo, con viajes deseados y no deseados, problemas técnicos varios que han truncado temporalmente la asiduidad a este espacio donde pongo mis palabras a la música. Y qué mejor manera que reiniciarse volviendo a los principios. 

Una sala de locales de ensayo donde grupos desconocidos y amados por amigos y familiares tocan y dejan tocar. Una barra donde sirven cerveza en lata comprada al por menor. Una decoración basada en paredes de corcho y tramos blancos. Taburetes altos con empanada y panchitos. Eventos gratis. 

En este marco tan usual en el panorama musical madrileño, Offsense subió a un escenario pasado de voltios para dedicar a sus más allegados versiones de Metallica, Deep purple, AC/DC, la Creedence y algunos temas propios. Sin brillantez y con dedicación, los temas resultaron ser una digna reproducción de los himnos, sin alardes. La banda se ciñó estrictamente al papel, acabando por ofrecer un espectáculo de fondo agradable para conversaciones. 

Hoy día y después de tanto escuchado, todo suena a todo. Es difícil innovar y ofrecer algo diferente. Además de ser cada vez más complicado tener un hueco en este universo musical creado por y para las firmas de siempre, o eres extremadamente bueno o simplemente aportas algo que pica a la gente. Casos hay para todos los gustos, pero en líneas generales los miles de grupos que basan sus bolos en versiones y tres temas propios con tintes demasiado ligados a los grupos que versionan, tienen complicado el vuelo. 

Aun así, una lanza por todos ellos. Que hacen que la música tenga cabida en todos los rincones de esta enorme masa de acero, verde y carne. Porque sin necesidad de ser conocidos o vender discos, los grupos que promueven estos eventos y las salas que dan esa oportunidad permiten que la gente siga disfrutando de una de las mejores vías de escape que tiene la sociedad, en estos tiempos aciagos. Bandas que transmiten ilusión y que se divierten haciendo música para los demás, sin la mayor intención que la de pasar un buen rato.  

Gracias y a seguir disfrutando. Desde este blog se seguirá haciendo. 



17 noviembre 2013

Ara Malikian y Fernando Egozcue en Clamores

12 de Noviembre de 2013

Empujado por un mono convertido en orangután y que me estaba empezando a provocar chepa al andar, indagué en la red para ver qué ofrecía Madrid, además de calles llenas de bolsas de basura. Y volví a los orígenes; a una sala Clamores que fue partícipe de mis inicios como asiduo en la escena musical madrileña y cuyo nombre se ha repetido varias veces en este blog. Siempre deleitando con bolos de alta calidad. En este caso, un violinista libanés, de origen armenio, y un guitarrista argentino afincado en Embajadores unen fuerzas para un espectáculo inesperado. Y bueno. Muy bueno. 

Ara Malikian y Fernando Egozcue forman, tanto a priori como a posteriori, una pareja peculiar. Una mezcla cultural que se confunde en el jazz que transmiten. Con tonos que saben a tango y notas que huelen a fuerza del Mediterráneo lejano. Sus temas demuestran que fue un acierto para todos nosotros que sus carreras, por deseo del destino, se cruzaran. Tanto como músicos como cómicos con instrumentos de cuerda. 

Y es que el concierto fue más allá de las virguerías de estos tremendos artistas, acompañados de un séquito no menos loable (pianista, contrabajista y batería). Monólogos en castellano perfecto donde, en clave de humor inteligente, se fue desgranando la intrahistoria de estos personajes que abarrotaron la sala Clamores, como viene siendo habitual, y que tras unos pequeños problemas iniciales con el sonido del violín, rápidamente cogieron ritmo y engatusaron a un público entregado a la causa. 



Creo, Viejos Aires, Manu, Cupa y muchos otros, entre ellos improvisaciones esperadas e inesperadas (durante un cambio de cuerda de guitarra) que llenaron la sala de un clamor popular hacia cada uno de los miembros de la banda, en especial hacia Ara, Fernando y sus respectivos instrumentos, que sirvieron de medio para transmitir alegría, buen rollo e incluso melancolía por los colchones viscolásticos de marca blanca, ausentes por decisión técnica. 
 
Un jazz cercano, fuera del estilo elitista y clasista, que mezcla diferentes vertientes de este género musical y que sirve como ofrenda a una ciudad, a un país, que tiene que evitar perder la sonrisa y el gusto por lo bueno.

Estos señores volverán a pisar en breve la sala Clamores. Y a riesgo de que los chistes y las bromas resulten recurrentes, podría ser una buena oportunidad de ver si lo que disfruté el martes pasado fue un espejismo provocado por las cervezas y los frutos secos o si de verdad son lo que parecen ser: dos buenos tipos detrás de dos instrumentos a los que saben hacerles hablar. 

Probando: un, dos, tres.


19 septiembre 2013

Festival DCODE en Madrid

14 de septiembre de 2013

En un ambiente presumiblemente alternativo, donde gafas de madera y zapatillas Converse iban a abarrotar los campos de rugby del conocido Cantarranas de la Complutense, dos grupos muy distintos sobresalieron frente al resto. ¿Cuáles? Leeros la crónica, cojones. 

La zona de conciertos del festival es muy buena. Después de haber transformado el terreno en un lugar donde caminar no implica moverte por arenas movedizas, como era costumbre cuando se practicaba cualquier deporte en ese barrizal, la organización ha estado muy avispada en sacar provecho a un recinto diáfano, muy bien ubicado y con un potencial tremendo para este tipo de eventos.  

Se antojaba complicada la noche: varios apetitosos conciertos simultáneos que obligaban a planear con antelación qué grupos serían los agraciados con ser mencionados en este blog y cuáles se tendrían que conformar con  aparecer en los medios tradicionales. Claro estaba el atender, entre otros, a John Grant, y no el futbolista escocés, sino el cantante americano homosexual que habla un castellano bastante decente. 

Tras una escuchada a su disco Pale Green Ghosts, las canciones transmitían esa melancolía endémica de estos cantantes especiales que llaman la atención, pero a diferencia de otros como Micah P. Hinson, se intuía un buen rollo que hacía prever un concierto agradable. Y así fue. Un repaso bastante exhaustivo a su último trabajo donde temas como GMF o Black belt alentaron al público que poco a poco empezaba a llenar el espacio. Con frases de ánimo a sus compañeros rusos y quizá una pequeña falta de carisma sobre el escenario, el colega Grant dejó buen sabor de boca para, al menos, seguirle la pista. 

Era a partir de las 8 cuando empezaba la traca del festival, y grupos intermedios como L.A., tras un breve paso por su bolo y tener la sensación de haberles escuchado unas mil veces, sirvieron de excusa para abrir el momento descanso, donde un palo, una cerveza, un bocadillo y una peluca triunfaron. Sí. Conseguí un palo. 

Love of Lesbian, un clásico en este blog, no está hecho para un festival. Son un grupo que necesita de la complicidad del público. Y eso les honra. Que necesitan interaccionar y deleitarse en las canciones - temazos que tienen. Que necesitan dar coba al personal para entrar en acción. Y para eso, una hora se hace escasa. A pesar de contar con la colaboración de Eva Amaral y tocar varios de sus éxitos, entre ellos Los toros en la Wii (Fantástico), no se les veía cómodos en este formato. 



Mientras los Vampire Weekend y FOALS hacían las delicias, supongo, de la gran parte del festival, en el escenario pequeño, ese que siempre da las mayores sorpresas en los eventos sonoros, venían dos grupazos, uno tras otro. Toundra, ya reconocido como una de las bandas que parten la pana en el panorama musical español por su arriesgada y técnicamente perfecta apuesta por el rock instrumental, y Reptile Youth, que siendo la primera vez que pisaban la capital no Olímpica, devoraron todo a su paso.

Toundra puso los watios y la energía en un festival donde los amantes del guitarreo bien llevado y acompasado parecíamos no tener sitio. Sus temas resonaron hasta incluso superar a los del escenario grande, infestado de vampiros. Zanzíbar, entre otros, permitieron que por un momento las barbas y las melenas salieran a relucir, amén de las guitarras aéreas. 

Por su parte, los daneses de Reptile Youth empezaron su concierto con una intención clara: Let's see how far we can go, una declaración de intenciones que pasó por Black swan born white y Speeddance, donde su cantante, viva imagen sobre el escenario de un grande como Ian Curtis, se lanzó varias veces sobre el público totalmente a favor de obra, y levantó pasiones con temas potentes y melódicos.

Tras un paso por Amaral, sin tiempo para darme una buena o mala impresión (a excepción de unos mofletes exhuberantes que siempre están al acecho), llegaban unos tal Franz Ferdinand. Ya curtidos en más de mil batallas, estos escoceses liderados por un tipo con apellido griego venían ya sabedores de su victoria. De un público entregado y de un escenario magnífico donde lucían sus cuatro manos unidas. 

Así es. No es difícil intuir que Right Action, , Ulysses y Take me out retumbaron como si no hubiera un mañana, especialmente esta última, quizá hinmo de una banda que ha sido agraciada con el merecimiento del público. Canciones pegadizas, bailongas y llenas de decoración, con un sonido genial, que les mantienen en lo alto de las bandas del siglo XXI. 

DCODE. Festival que por ahora mantiene a Madrid en cierto nivel dentro del mundo de la música, después de la desaparición de algunos y la debacle de otros. Necesitados por pensar en sueños bucólicos y pasar buenos ratos, aunque sea por un sólo día y por los buenos momentos, Madrid debe seguir apostando para que 2014 siga siendo año de DCODE. 

21 julio 2013

El Intérprete en el Circo Price

20 de julio de 1984

Esta es la historia de un sábado. De un día especial: un veinte de julio de hace veintinueve años en el que Asier Etxaendía nos muestra su infancia en una habitación, mirando a la pared; mirándose dentro, muy dentro. Para descubrir que ante todo, lo que quiere ser es actor, cantante...intérprete. 

Convertidos todos en asistentes invisibles de un festival que surge de la imaginación de un hijo único de nueve años, el intéreprete sirve de homenaje a todas esas canciones que le ayudaron al niño a llegar a ser lo que está demostrando: un artistazo. Himnos escupidos de tocadiscos, de emisoras de radio y de cassetes en coches familiares que nunca olvidaremos. Saetas de nuestra alma que marcaron nuestra evolución musical, cultural. Y que sin ellas lo que somos hoy no tendría sentido. 

El Intérprete no deja de ser una obra de teatro donde la música, el baile, la diversión, pero sobre todo el argumento, penetran a una espectante audencia que rápido conecta con ese chaval de Bilbao, cuyos padres discuten, pero que se quieren. Y lo hace a través de la música con estilos de lo más variopintos que van desde Carlos Gardel hasta David Bowie pasando por Janis Joplin. Un espectáculo que aúna diversión, sentimiento, momentos de alegría, tristeza, cuñas sociales y emoción. Mucha emoción. Tanta, que las lágrimas pueden salir sin darse cuenta si uno recuerda la versión del Luz de Luna de la gran Chavela Vargas, con un chorro de voz desgarrador, aplastante, potente. Y sentido. Muy sentido. 

Rock, pop, soul, cabaret, folclore, rancheras. Estilos que se funden en la mente de un niño soñador que no quiere cerrarse en los exámenes de matemáticas y de lenguaje. Que tiene muy claro lo que pretende en este mundo. Y que empieza por encerrarse en su habitación de joven raro, quizás un poco autista llega a reconocer. Pero que sus amigos invisibles le recuerdan que si se maquilla, sus ojos verán más lejos de lo que nadie alcanza a vislumbrar.

 

Resulta curioso el cómo, a pesar de las referencias musicales, nunca te olvidas del contexto: un niño en su habitación en medio de un estado de locura mirando contra una pared. Y no por castigo, sino por deseo propio. Quizás la presencia de su padre entre el público invisible, además de la de otros amigos del espectáculo como los Bardem, Maribel Verdú, Penélope Cruz, Neus Asensi, Hugo Silva, Jorge Calvo, Almodóvar, ayudan a que el espectador ajeno a este núcleo de amigos, se sienta de verdad como enmedio de un evento sin comerlo ni beberlo. Como si pasara por allí y se quedara mirando. 

Y al final, como no podía ser de otra manera, el Price se convirtió en una fiesta. En un clímax de baile, cantos y ritmos donde era imposible mantenerse pegado a la silla. Con el tequila corriendo por el graderío, el Tú te me dejas querer alocó al personal, que no titubeó en llevar sus brazos al cielo para seguir los pasos de baile del actor, del cantante. De El Intérprete.  

Tras dos horas de espectáculo, papá Etxeandía llamaba a la puerta de la habitación para decir que ya era hora de descansar la mente y dejar a los amigos invisibles que volvieran a las calles, después de compartir con ellos un secreto, que el código del recreo me impide contaros. 

Lo que sí puedo decir es que no es lo mismo cuando no hay nadie a mi alrededor con el cuello abrigado. Nadie con las manos recién lavadas y el vestido conjuntado con el asiento del Price. Nadie cuya niñez sigue a flor de piel. Nadie con quien rular el tequila. Nadie a quien echar el micro a la boca. Nadie como tú para compartir momentos. Como el de anoche. 

Momentos que te recuerdan lo que ya sabes: que hoy es 20 de julio. Muchas felicidades también al otro tú, porque tú también contribuiste a mi desarrollo como amante de la música. 

Gracias. 

12 julio 2013

La Pandilla Voladora en La Riviera

10 de julio de 2013

¿Qué pasaría si en una misma habitación juntáramos una musaraña y un ratón común? ¿O si fueran un hurón y un pez espada? Pues no tengo ni idea. Pero El Lichis, Albert Pla, Muchachito Bombo Inferno, Tomasito y el Canijo de Jerez en un mismo escenario era un seguro de diversión y buen rollo. Un cóctel que al agitarlo podría salir cualquier cosa. Una apuesta a favor de la música y de poner una pizca de color (literal) en estos tiempos que corren. 

Estos superhéroes de pacotilla forman La Pandilla Voladora, un proyecto donde las risas y el bailoteo son parte fundamental de su esencia. Un grupo formado para pasarlo bien, vamos. Donde cada uno de los miembros es más personaje de cómic que el otro, con antifraces y todo. 

 

Con una Riviera a tres cuartos de su aforo, la gente sabía lo que le esperaba. Esos clásicos de La Cabra Mecánica (Felicidad, La lista de la compra), de Albert Pla (Joaquín el Necio, El lado más bestia de la vida), de Delinqüentes (La primavera Trompetera, El aire de la calle), Muchachito Bombo Infierno (Azul, Ojalá no te hubiera conocido nunca) y Tomasito (Torrotrón), que despertaron el lado rumbero de algunas, por mucho que lo intenten ocultar. Con la participación de Javier Corona incluso se lanzaron con una versión de Ama, ama, ama...y ensancha el alma de Extremoduro.

Con un sonido un poco mediocre, puede parecer que esta gente se ha reunido para volverse hacer notar al gran público. O simplemente para pasarlo bien y disfrutar de la carretera entre compañeros de psiquiátrico. Pero ya sea por motivos económicos, comerciales o porque les sale de las narices no cabe duda de que se trata de una mezcla curiosa y de una verbena de pueblo que bien valdría su caché. 

No lo parecen, pero debajo de tanto disfraz y tanto excentrismo sobre el escenario esta gente son unos artistas del quince. Unos compositores contemporáneos natos que muestran ese lado de la sociedad callejera y representan un estilo suburbano con mezclas de pop, rock y rumba que pasará a la historia. Héroes rodeados además de músicos impresionantes que acaban de dar la puntilla a una banda genial. 

Un único tema propio, Del deporte también se sale, cerró un bolo de más de dos horas y cuarto donde la gente, entre otras cosas, salía con una sonrisa de oreja a oreja.

Un experimento lleno de alegría, de positivismo y de voces de colores que transformaron a la sala en una fiesta. ¿Que qué fiesta? Pues la que monta esta, por supuesto. Que sin tus bailes, risas, comentarios y pogueos quedaría en nada. En nada. 

07 junio 2013

FestiGabs en La Excalibur


1 de junio de 2013

Una despedida de soltero es un tema serio. Son muchas las historias y aventuras que le pueden pasar por la cabeza al despedido, y en casi todas ellas siendo los amigos el eje central. Y con fiestas como la organizada a Gabs queda patente que un amigo es un tesoro y que te cases o no todo el mundo debería tener derecho a una fiesta de despedida en su vida. 

Los colegas de Gabs organizaron una fiesta basada en dos conceptos muy sencillos pero directos y que este blog soporta desde el crítico de calle hasta el director: música y amistad. También había un pequeño grupo de acoplados, entre los que se puede deducir que me encontraba yo. Y acudí no solo por el concepto. O porque fuera en la mítica Excalibur de Vallecas. O porque me pagaran algunas copas. No (o sí). Sino porque objetivamente el cartel de este festival que conoció su única edición tenía una pinta estupenda. 

La Blue Velvet hizo un homenaje a Fogerty y los suyos en condiciones. Con voces, movimientos sobre el escenario y panderetas típicos de esta banda americana que sencillamente marcó una época. Miembros muy creíbles, más allá del parecido físico, que transmitían ilusión y pasión en lo que hacían. Una banda muy recomendable para escuchar esas canciones que desgraciamente nunca sonarán como solían. Con guiños muy divertidos al protagonista de la noche, dejaron una sensación de boca muy buena y un buen rollo a pie de escenario que duró toda la noche. Sirva Down on the corner como ejemplo.


Como en los mejores festivales, el cartel estaba seleccionado de manera que fuera de menos a más potencia. Era el turno de Dieaway para marcar esa tendencia, y lo consiguieron a base de grunge. Temas de Pearl Jam y Alice in Chains entre otros que resonaron en la Excalibur  a golpe de guitarreo y canturreo y donde Gabi se marcó un tema en el escenario, desde donde pudo lanzar sus flechas de Cupido desde dos metros sobre el suelo.

Para rematar la noche de festival improvisado, y no por ello menos currado, Grapeshot dio a la sala el toque jevi que perdió cuando se convirtió en la actual Mamá Pachanga. Una actuación donde se mezcló el sentimiento a un amigo y la energía brutal de un grupo que promete. Una banda metalera que con temas propios como este Sons of Betrayal dieron fuerza para arremeter con lo que pasara esa noche. 

Una noche llena de amigos y desconocidos con un nexo común: las ganas de que Gabi fuera el protagonista y que la música fuera partícipe de ello. Un ejemplo de despedida alternativa sin grandes florituras ni despelotes donde el buen rollo fue el gran triunfador, con bandas sonoras a la altura. 

Suerte. A todos. 
 

03 junio 2013

SONISPHERE 2013 en el auditorio Miguel Ríos

31 de mayo de 2013

Este festival itinerario de heavy se está convirtiendo año tras año en un referente en España para los hombres y mujeres de camisetas negras, pelos largos y cuerpos que pitan al pasar por los controles de los aeropuertos. Cambiará el formato. El número de días. La ubicación (este año Rivas se está llevando la palma). Pero con carteles tan potentes como el de esta edición la asistencia está asegurada. LLueva, truene y haga un día soleado con viento como el que se nos brindó. 

En un recinto apto para todos los públicos (incluso para los que no tenían entrada) y sin bocadillos para celíacos, la cantidad de lavabos y de barras para la priba estaba más que acorde para las casi 30,000 personas que poblaron esta ciudad metalera por un día. A pesar de la batalla campal que se llevaron a casa mis zapatillas, la organización estuvo bastante bien, a excepción de las zonas de alimentos, donde conseguir hueco para un bocadillo caro y de pan chicloso era peor que estar en primera fila de los Maiden. 

Ghost empezó mi noche festivalera con una puesta en escena graciosa pero que no transmitió nada. Un directo bastante soso para un papa de la oscuridad. Creo que hasta el propio Satanás se hubiera sentido decepcionado con su discípulo. 

Poco más tarde, a horario todavía infantil, los Maiden salieron a escena. Fórmula que funciona y que saben exprimir como nadie. Un escenario sencillamente espectacular y un conciertazo que se ve venir desde que retumban en tus oídos el Doctor, Doctor de UFO. Antesala de un chorro de temazos y de escenografía digno de un musical de los que marcan una época. 

Con algunos problemas iniciales con el sonido del micro de Bruce Dickinson, rápidamente nos pusieron en órbita con 2 minutes to midnight, The Trooper, The number of the Beast, Run to the Hills o Fear of the dark. Junto con las marionetas gigantes que cobraban vida a cada riff de Dave Murray y luces que creaban un ambiente digno de la ocasión, un bis que terminó con Running Free puso punto y seguido (se les vio tan bien que cuesta pensar en un final) a una carrera llena de música. De heavy metal. De pasión. 




Anthrax era de esos grupos a los que todavía no había tenido el placer de presenciar y de los del cartel de este año despertaban en mí, al menos, curiosidad por ver su directo. Y no defraudaron. 

Con homenajes a Dimebag Darrell y al gran Dio, e incluso con algún cover a AC/DC, estos americanos pusieron toda la carne de vacuno en la barbacoa desde el inicio del bolo. Bien extramotivados por la actuación de los Maiden o simplemente porque son así, la banda del señor Ian destrozó el escenario de Rivas a base de rabia y fuerza. Temas como I am the man hacían que Belladona se tuviera que dejar la piel en el escenario para estar a la altura. Y lo consiguió. Escenario menos decorado pero compensado con música. 

Cerraba la noche uno de los considerados Big Four del trash metal, Megadeth. Con el cansancio, el frío y los dos conciertazos previos, la banda de los Daves jugaba en clara desventaja. Sin embargo, estuvo a la altura con un escenario muy visual lleno de vídeos e imágenes y sus habituales riffs y solos como el de Tornado of Souls, que provocó más que un revolcón por el suelo. 

Una noche (otra) de música que empunta los pelos. Que abstrae y permite disfrutar de un ambiente tan sano como perjudicial. Tan sensible como bruto. Tan sobrado como humilde. Tan descarado como respetuoso. 

Un mundo hecho a medida de quien lo busca. Y siempre se acaba encontrando.

22 mayo 2013

Loquillo en las fiestas de Getafe

18 de mayo de 2013


Cada vez son menos las palabras que pueden quedar en el tintero para criticar un concierto de Loquillo. Las sorpresas son reducidas. Las letras cada vez más conocidas. Los coros cada vez más interiorizados. Incluso se sabe que no habrá bis. Pero aun así, la potencia e intensidad de su directo y, sobre todo, su carisma, hacen que cada bolo sea un espectáculo. 

Con motivo de las fiestas de Getafe, y como viene siendo habitual en el mes de mayo, donde no sólo empiezan a florecer los geranios, Loquillo suele pasearse por alguno de los escenarios que dotan a Madrid de una primavera y un verano llenos de actividades musicales. Y al aire libre.

La nave de los locos aterrizaba en el recinto ferial después de su presentación en el Teatro Monumental (reseña aquí) y meses de promoción y conciertos en directo por toda la geografía española. Temas como El mundo necesita hombres objeto o Contento se han convertido ya en tarareos habituales en los seguidores del Loco. 

En un recinto perfectamente acondicionado y con el permiso de la lluvia, el Loco y la banda salieron con puntualidad escandalosa y con ganas. Muchas ganas. Como nunca. Con La nave de los Locos (sin novedad en el paraíso) inició un concierto donde, más allá de resultar repetitivo o cansino, tuvo una fuerza brutal. Con cada uno de los miembros del grupo guiados por un ímpetu genial que lideraban al público hacia conceptos como el rock, la sensibilidad, la amistad, el amor, los bares, el alcohol, lloros, alegrías, mujeres, hombres, coches. Sentimientos humanos que se funden en notas. Que se abrazan y zurran. Que se quieren y odian.




Por supuesto hubo tiempo para los clásicos de siempre. El Ritmo del garage, Rock and Roll Star, Cadillac Solitario y un La Mataré con una intensidad y potencia que estremecía. Con los ya clásicos pasos de claqué, los puños al aire liberando rabia contenida, los dedos señalando al público, haciéndoles partícipes de todo lo que sucede sobre el escenario.

Con homenaje a los bares de Getafe por promover, según palabras textuales, la "amistad y el amor, que es lo que realmente importa", las dos horas pasaron como el que come pipas. Peladas. Con sal y una cerveza para refrescarse. 

Y sí. Yo también me emborracho y lloro cuando tengo depresión. Y qué cojones pasa. ¿Tú no? Pues es para mirártelo. Si es que no sientes nada cuando ves al Loco y a su banda sobre un escenario. Quizá vendiste tu alma al diablo. 

Y es demasiado tarde.

19 mayo 2013

Graveyard en la Sala Arena

16 de mayo de 2013

Desde hacía meses tenía un cajón en casa que latía. Tic, tac. Con una frecuencia que a medida que se acercaba la fecha iba in crescendo. Junto con su intensidad. Un cajón que temía abrir. No sabía qué podría contener. Pero su fuerza era tal que no tuve opción: una entrada de concierto para disfrutar de uno de los grupos con mayor proyección de los últimos años. Un trozo de papel que permitía el acceso a un recinto donde se esperaba unir rabia con desahogo. Y sosiego. Una pizca de sal. Señoras, señores. Graveyard en la sala Arena. Y mi cajón volvió a respirar. 

Desde que Hisingen Blues visitó mi reproductor de música por primera vez, estos suecos han dado con la llave para entrar en mis oídos sin preguntar. Y más allá de ser un poco grosero por no pedir permiso para tal acto, sus baladas, con potencial para convertirse en auténticos himnos, y sus ritmos setenteros de rock en estado puro, han percutido mis tímpanos reiteradas veces hasta convertirme en una auténtica groupie. Música que desata sentimientos incontrolados y cuyos riffs marcan en la piel como heridas de guerra. 

Tras un cambio de sala por la inesperada afluencia de gente al concierto (rápido se corre la voz de grupos que realmente merecen la pena), la sala Arena (o Marco Aldany) acogía el primer concierto de la banda que servía de presentación de su segundo y último disco, Lights Out. Tras su paso por el Azkena el año anterior, sin duda el grupo está empezando a alcanzar el reconocimiento que verdaderamente importa: el de un público entregado que llenó la sala Arena. Un hecho que la banda supo valorar con una actuación potente.


Con An industry of Murder los cuatro miembros de pelo largo saltaron al escenario sin mayor dilación de la que la situación requería, para empalmar con Hisingen Blues sin apenas tiempo para el aplauso inicial. Notas y letras que se perdían entre la frialdad de estos tipos cuyo batería parecía ser el único que tenía intenciones de interaccionar con el público, con permiso de las palabras de agradecimiento del cantante. Pero como reza la carátaula de su primer disco, para apreciar el sonido de esta banda es necesario reproducirlo al máximo volumen de tu minicadena. Y eso fue lo que hicieron. 

Con un volumen de los bajos extraordinariamente alto, la acústica fue una brutalidad. En cuanto a intensidad y matices. Baladas como Slow Motion Countdown o Uncomfortably Numb sonaron acojonantes, con la sensibilidad de quien ama y desama. De quien construye y rompe. De quien acierta y falla. De quien encuentra y sigue buscando. De quien sabe e ignora. Canciones que herraron a todos los presentes.

Una puesta en escena sin lujos, con los típicos focos pasa-desapercibidos, acompañó a Ain't Fit to Live Here y a Hard Times Lovin', antes de dar por acabado el pre-bis con Goliath. Endless night remató un bolo de hora y media escasa y que cumplió todas las expectativas. 

Graveyard tiene visos de convertirse en uno de esos grupos que marcan una época. Tienen fuerza. Tienen ese estilo personal, sucio y transgresor que acompaña al rock clásico. No nos comamos el tarro y demos la barrila intentando encasillarles.

Ojalá sea cierto y Lucifer, oh, please take my hand. Que alguien les guíe, sea quien sea, por el camino que ellos mismos han marcado. Definitivamente, es el correcto. Y en ese caso, les seguiremos.

WOMAD 2013 en Cáceres

10, 11 y 12 de mayo de 2013

Como espejismo de verano, el World Of Music, Arts and Dance (WOMAD) sigue dando a Cáceres lo que una ciudad necesita para sentirse viva. Música. Teatro. Ambiente (del bueno). Cerveza a buen precio. Niños. Olor (el cual ha mejorado con el paso de los años). Adultos. Luz. Color. Vida. Basta un rápido vistazo al programa de este año para darse cuenta de que los famosos recortes también han hecho mella en el festival: no sólo se sigue sin contar con un tercer escenario (se mantienen los de la Plaza Mayor y San Jorge), sino que los talleres matutinos y de primera hora de la tarde se han visto tremendamente afectados por, entiendo, la falta de fondos. 

El encanto de este fin de semana, único en una ciudad única, reside en la mezcla cultural y en la interacción entre los artistas y el público. Esas migas preparadas por los grupos extremeños; esos bailes africanos de tribus cuyos nombres cuesta recordar; esa historia detrás de cada letra o grupo. Y los talleres, tal y como estaban concebidos, eran clave para conseguir esa fusión y acercar hábitos de cualquier parte del mundo al womero que simplemente pasaba por allí. En fin. Pasemos a hablar de lo que hubo. Y dejemos de lamentarnos por lo que podría haber sido.

A diferencia de otros años, la logísitica para ver conciertos en el WOMAD con cierta comodidad era bastante complicada. En primer lugar, por la ingente cantidad de peña que se acercó a Cáceres. Nunca se había visto un viernes de festival tan masificado. En cada esquina. En cada calle. Y por supuesto, en cada plaza. Además, al no haber tercer escenario, los conciertos eran salteados, de manera que la masa de gente se agolpaba hacia la Plaza Mayor o hacia San Jorge en cuanto el bolo terminaba. 

Estas dificultades hicieron que de todos los grupos, sólo se pudiera atender a Hanggai, The Dhol foundation y al Niño Josele. Y de aquella manera. Sin duda, los chinos Hanggai han resultado ser la sorpresa de este WOMAD. Con un estilo folk oriental y toques de punk y ska, el artista rápido conectó con el público congregado. Sus sonrisas, sus vestimentas y sus coros pegadizos y fáciles de repetir (fonéticamente) hacían que verles sobre el escenario transmitiera buenas sensaciones. Sirva como ejemplo su himno Drinking Song, donde juntan todos los ingredientes para convertirse en un hit de las noches etílicas. 

De The Dhol Foundation (TDF) apenas nos llegaron cuatro acordes, un par de ritmos y, cruzando toda la Plaza Mayor, la sensación de que hubieran merecido más nuestra atención. En esta edición XXII del WOMAD, en ausencia de grupos africanos y con el permiso de las batucadas callejeras e improvisadas, se trataba del único grupo basado en percusión. Un estilo que nunca puede faltar en Cáceres y que TDF se encargó de poner en nuestros pies al ritmo de música india.


El toque castizo de folk patrio venía de la mano del Niño Josele. Uno de esos virtuosos de la guitarra española que en auditorios o recintos cerrados e íntimos erizan tus pelos hasta convertirse en púas. Sin embargo, en una Plaza Mayor atestada de gente, en un recinto tan inmenso y con la algarabía de los bares de la periferia era imposible conectar con el artista. Encontrar matices o palabras saliendo de las cuerdas. Llegar a fundirse con su sonido. Su sentimiento. Quizá, y a pesar de su recorrido artístico, la plaza de San Jorge hubiera sido un sitio más adecuado para gozar. Y sin acritud, Creando Mediterranía.

Al día siguiente, con fuerzas mermadas, The Barons of Tang coparon nuestro interés. Estos aussies, con una puesta en escena  sencilla pero divertida, salieron con una dosis de fuerza al escenario que rápidamente se apoderó del público. Ritmos caóticos mezclados con genialidad que hacían complicado el baile y seguir los pasos de los componentes del grupo. Miembros destroza-instrumentos que causaron la confusión en la Plaza de San Jorge. ¿Me gusta? ¿No me gusta? Margaritas deshojadas que no acaban de responder a la respuesta. Pero esto también es WOMAD. Música poco convencional que requiere análisis posterior y una segunda escuchada. Quizás este The Dogs of Rotterdam sirva.

Y como siempre que el WOMAD aparece en este blog, una lanza a favor de lo callejero. Del teatro. La música. La pintura. El espectáculo. La cultura de la calle que hace que Cáceres sea diferente al resto del mundo durante un fin de semana. Una vida especial que provoca risas, por encima de todo. Esa gente dedicada que con sus furgonetas va llevando ilusión a todos, pero especialmente a niños que con su inocencia nos dan una lección que no debemos olvidar. Gracias.

Un fin de semana lleno de matices. Lleno de sentimientos. Lleno de olores, colores. Lleno de alegrías. Lleno de sorpresas. Lleno de amigos. Lleno de diversión. Lleno de familia. 

Un lujo que debe seguir estando ligado a nuestra tierra.

10 febrero 2013

Jon Spencer Blues Explosion en la sala BUT

8 de febrero de 2013

Normalmente cuando un grupo basa sus melodías en el blues poco se puede esperar de novedad. Y ya ni te cuento si encima la palabra viene de serie en el nombre de la banda. Después de tantos años de bolos y discos pasados por mi oreja como sobres por debajo de puertas con dinteles (no doseles) de color azul gavioto, uno no espera que una formación blusera llame la anteción.

La Jon Spencer Blues Explosion aterrizaba en Madrid después de curtirse a lo largo y ancho de este mundo durante más de 20 años. Sin estar en ese paquete de "Lo tengo" de mi ordenador, donde almaceno la música ya digerida, un plan repentino, aislado y, por tanto, más que apetecible, llevó mi culo a la sala BUT (qué manera de hilar ¿eh?).

Con la hora más que ajustada, la entrada a la sala coincidió con los primeros acordes del concierto (no fue posible disfrutar de los Tokyo Sex Destruction, cuya energía hubiera sido seguramente más que merecedora de mi presencia) donde ya se empezó a vislumbrar lo que iba a ser una verdadera explosión. Y no sólo de blues.





Dos guitarras (Jon entre ellos) y un batería estratosférico empezaron a mezclar ritmos de rock, punk, rockabilly, soul y por supuesto blues. Pedaleras más que amortizadas que generaban todo tipo de distorsiones en las seis cuerdas acompañadas de voces igualmente alteradas para un resultado potente. Muy potente.

Con un público inicialmente dubitativo (no sé muy bien la razón), pronto el pogueo se adueño de los asistentes y aquello se convirtió en una fiesta donde Jon halagaba y demostraba su amor por y hacia España. Quizá demasiado vehemente en este punto, aunque probablemente se deba al hecho de no estar acostumbrado a que un rockero se dirija tanto hacia al público. En cualquier caso, la banda consiguió fraternizar a audiencia y músicos en un concierto que apenas llegó a las dos horas (con un descanso de unos 15 minutos) y que entre entrada y cerveza la broma se fue de precio. 

Noche marcada por un nuevo estilo musical. El Blues Explosion. Guitarras, voces, tambores y theremin al servicio de los estilos de siempre. Que suenan enmarañados sin chirriar. 

No te digo nada. Y te lo digo todo.