30 de Abril hasta 7 de Mayo

Bien podría ser el nombre de algún grupo alternativillo, popero, de estos de "vivan las vespas y las marcas de ropa cara que no lo parecen". Pero no. Miscelánea hace referencia a una serie de conciertos, todos ellos improvisados, que una ciudad como Nueva York puede ofrecer. Mientras paseas. Mientras observas. Mientras hablas. O mientras rezas. 

Si hace pocas semanas estuve en The Altar Bar, qué mejor que continuar el festival que una iglesia. O una catedral. O una iglesia cuyo tamaño intimidatorio hace las veces de catedral. Tras cruzar un inoportuno cartel de "donativo sugerido", no satisfecho, al fondo se encontraba un grupo de chicos y chicas que estaban practicando las canciones del domingo. Pero no. No penséis en una guitarra sostenida por un cuarentón con gafas y acompañado por un par de monaguillos entonando el Padre Nuestro. Se trataba un estilo americanizado. No gospel, pero se le parecía, si no fuera por la pureza de sus voces melódicas y su piel blanca. 

Lo que en principio no era más que un ensayo, los allí presentes provocaron que el grupo, director incluido, se vinieran arriba y durante más de 20 minutos nos deleitaran con cantos celestiales que hacían que las paredes lloraran. Que el edificio religioso se iluminara y que los santos se estremecieran.  

Sin apenas descansar, una plaza, rodeada de ambiente universitario donde el ramen y el curry llenaban de olores las calles, dos "paletos", armónica y banjo en mano, hiptonizaron a todo bicho viviente que por allí pasaba con melodías folk americanas, al puro estilo Cletus. Vestidos para la ocasión, amenizaron las esperas de los estudiantes para enfrentarse a sus exámenes y de los turistas que, totalmente perdidos, seguían un mapa. 


Un atardecer, con la señora de hierro a un lado y unos viejos lobos de mar intentando cazar algún pescao al otro. Unos bancos, unas flores, unos cuantos memoriales a los caídos en una guerra, y en otra, y en otra...Y al fondo, una boda. Una boda que para animar a sus invitados contrató a unos músicos cubanos que, en la terraza del restaurante, no sólo tocaban para los que iban de gala. Sino para aquellos que circulaban y que, haciéndose los despistados, se paraban a escuchar y a bailar en el aire. 

Llega la noche, y tras conversaciones que siempre estarán ahí, tras charlas que acortaron la espera y tras razonamientos compartidos, un ruso cogió una guitarra española de cinco cuerdas (es decir, una de seis, pero con cinco) y demostró que para tocar piezas clásicas y conociendo las escalas, se pueden hacer auténticas maravillas sin el Re de la cuarta. 

Días rodeados de rascacielos. De fríos choques en las calles con lo que parecían ser personas. De miradas desafiantes en el metro. Que la música, improvisada e imprevista, les devolvió el color. 

¿Os sorprende?
 
27 de Abril de 2012

A veces no se necesita otra excusa más que un buen evento cultural para lanzarse a la calle. Un puñado de artistas que intentan hacerse hueco en la literatura, la pintura, la escultura. Y cómo no, en la música. Gente que empuja. Que provoca. Que simplemente quiere romper moldes y hacer algo que merezca la pena ver. Escuchar. Tocar. Oler. Degustar. 

En el ambiente universitario que llena Pittsburgh de actuaciones todas las semanas, el Gallery Crawl se convierte en una razón para que aquellos que estamos muy apegados a la música y no tanto al resto de las artes, nos dejemos llevar por unas cuantas experiencias nuevas. Y darnos cuenta (mejor dicho, recordar) de que hay vida después de la música. Exposiciones de cómics, habitaciones a oscuras con sonidos de ultratumba, cuadros que ni fumao se podrían llegar a entender (o sí). O hasta una pantalla gigante con láseres que averiguatú cómo funcionaba. 

Imaginemos un cuento. Con tres historias. O una película. Con tres cortos. O un festival. Con tres conciertos. Cada uno en una atmósfera diferente. Igual de baratos todos ellos (patilla mix). Ahí va. Con orden aleatorio.

En una plaza pequeña. Al lado de una fuente. Con escasos árboles jóvenes y rodeados por edificios altos, de esos que intimidan. Fueron breves compases, pero The Color Fleet me metieron las ganas en el cuerpo. De seguir disfrutando de la noche. De seguir escuchándoles. Y de seguir su sitio web y su calendario por si encuentro alguna oportunidad donde me demuestren que sigo teniendo buen ojo a primera vista. 

En un rincón de una calle cualquiera, bajo estatuas que defienden una pequeña tienda donde el cómic cobra vida. Justo ahí cuatro descerebrados versionaban canciones con un trombón, un slack key, una batería y una voz desacompasada y chirriante. Todo a escala pequeña, pero con un entusiasmo y una alegría en el cuerpo que, pese al creciente frío, hacía que simpre hubiera alguien ocupando las sillas que tenían justo delante, para disfrutar del...del...bolo, por ejemplo.  

En un bar, bajo un toldo que le refugiaba del frío y del viento, pero no de los clientes que a las diez de la noche ya gastaban melopeas de escándalo. Un hombre con una guitarra acústica transformó una plaza de mercado en un ambiente country donde conversaciones y dibujos en servilletas se unían a "bailes" (las comillas están adrede) improvisados, aplausos y hasta acompañamientos vocales. 

Mucha pintura. Mucha escultura. Mucho de todo. Pero al final la música es lo que, como casi siempre, suele dar la última pincelada. En este link podéis ver algunas fotos de los eventos, donde, como veis, no sólo se trataba de mostrar, sino de que la gente interactuara. Olé.

Que cada uno saque su moraleja. 


22 de Abril de 2012

Tocaba cambiar. No sólo de bar. Sino de tendencia. Llevaba varios días enganchado a una tal Mi hermana pequeña, cuya dulzura sobrepasa los límites de lo conocido. Y que me había encandilado a niveles inusuales. Sin embargo, tras un vistazo en diagonal al periódico local gratuito, me percaté de un evento que no podía dejar pasar: Soulfly en The Altar Bar. 

Hacía tiempo que no sabía de ellos, y como pasa de vez en cuando, el tener la entrada en mano me incitó a repasar su vida, milagros y obras. Especialmente estas últimas, de las cuales estaba totalmente perdido. Lo que siempre me llamó la atención de esta banda liderada por un ex-sepultura (Cavalera, no confundir con Calavera) fue su mezcla. Porque te podrá gustar o no. Pero es innegable el afán del grupo por añadir ritmos heavies melódicos con el hard rock más gutural y otras tendencias del rock machacante. 

Con hora de empiece las 6.30 pm, The Altar Bar emerge casi de la nada en uno de los barrios más pintorescos de Pittsburgh, The Strip Disctrict. Mercados callejeros, restaurantes a pie de calle y un sinfín de restaurantes asiáticos pueblan las calles principales, justo detrás de unas zonas de carga-descarga que crean un ambiente bastante lúgubre al desaparecer el sol. Perfecto para lo que se venía encima. 

Además de Soulfly, ni más ni menos que otras 5 bandas saltaron al escenario. Incite, Lody Kong, Stinkpalm Death, Storm King y una quinta de cuyo nombre ni quiero acordarme. Porque en general, desafortunadamente, los grupos de chiquillos piensan que el hard rock es subirse a un escenario, gritar un poco (si es en americano nativo, pues mejor) y destrozar guitarras y oídos. Es cierto que el sonido de la sala no ayudó (fue bastante malo), pero exceptuando Incite y a Stinkpalm Death (tuvieron su momento), el resto se quedó en un vocifero y no puedo. 




En un ambiente eclesiástico (el bar se llama así porque tiene la misma fachada que una iglesia, y por dentro está decorado con cruces que hacen las veces de ventanas) y lleno de humo (artificial), Soulfly salió casi 4 horas después del inicio del "concierto". Con toda la fuerza del mundo, con una guitarra donde la bandera de Brasil hacía eco de la nacionalidad del líder y con un Cavalera bastante desmejorado (más gordo de lo que le recordaba y con unas rastas que rozaban la dejadez absoluta), el grupo empezó fuerte. Y querían que el público estuviera al mismo nivel. 

Desde el primer momento incitaron al público a hacer su famosa "ruleta de la fortuna". Bueno, así la llamo yo. Porque lo mismo te toca un comodín (en forma de ratoncito Pérez por perder algún diente) que la bancarrota absoluta (mejor ni pensar equivalentes en la realidad). Eso sí, siempre con amor. 

Tras un desgaste físico importante (contando las opening bands, unas 5 horas y media), los brasileiros cerraron el chiringuito después de desmostrar que hay una grandísima diferencia entre hacer hard rock o new metal o como se llame y saber hacerlo. Y esta gente sabe. 


27 de Marzo del 2012

Así es. Mismo sitio. Mismo ángulo de las fotografías. Una semana después, y un cambio radical de grupo. Eso sí: diferente menú y diferente cerveza. En serio, quizás haya dado con uno de los sitios con mayor densidad de cervezas por metro cuadrado...En fin, que me voy. Hoy toca hablar del concierto gratuito de Lucid.

Sólo hay que ver la furgoneta que se gastan los paisanos pittsburguianos (la del pez azul de las fotos) para no poder esperar otra cosa más que rock, diversión y espontaneidad. Para estar el local prácticamente vacío y ser grupete de la zona, la banda tenía su propio relaciones públicas, que además de recordar que había merchandising a la entrada del pub, se encargaba de hacer señales positivas a la banda, pulgar en alza, paseándose por el local y dando asentimiento de que la armónica, el saxo, la guitarra, los teclados, las voces, la batería y los timbales sonaban como debían hacerlo. Más que bien.

Con ritmos de reggae, rock, funk y algo de blues en los tracks lentos, el bolo estuvo más que divertido. A pesar de la escasez de público. Durante hora y media estos chicos combinaron en canciones momentos de subidón con melodías desacompasadas. Música excitante que provocó en mí la necesidad de comprar un Cd para hacer más amenos mis viajes matutinos al curro.

Enlace

Si el concierto de la semana anterior me hizo ver dónde estaba, este me recordó que independientemente del sitio, grupos que merecen la pena siguen saliendo de debajo de las piedras pidiendo a voces que alguien les escuche y poder dedicarse a algo que se les da bien. Me vi a mí dándoles esa oportunidad. Pero para su desgracia, nada irá más allá de este blog (y que ni siquiera ellos entenderán). Aunque quién sabe.

Como es habitual, os dejo el link de su MySpace, para que echéis una escuchada. También podéis encontrar vídeos de sus actuaciones en directo que dan mejor idea de lo que dio de sí el concierto en el ya mencionado Bocktown.

Música en directo con matices. Música en directo intensa. Música en directo que transmite. Música. Y nada más. Y menos mal que sólo es música.

20 de Marzo de 2012

A pesar de llevar una semana en suelo norteamericano, quizás fuera ayer cuando realmente fui consciente de ello. Y eso que el castellano ha pasado a segundo plano. Y que ahora ceno a las 6 de la tarde. Y que para mí los grandes almacenes se han convertido en un concepto nuevo, que hasta ahora desconocía. Seguramente lo que pasa es que la música, y si es en el día de tu cumpleaños más todavía, ayuda a hacerte una idea de dónde estás.

El nombre del grupo ya anima. Estaría bien que algún entendido hiciera un estudio sociológico de las bandas de música sobre el origen de sus nombres. En este caso, a las afueras de Pittsburgh, Pensilvania, se alza el que puede ser un punto de retiro para los días agotadores. Música en directo gratuita, comida americana In God We Trust y más de 100 cervezas para elegir. Aún me quedan por probar...

El plan estaba hecho: día de cumpleaños, concierto gratuito, buena cerveza y seguro que buena compañía. Ah, y música. Jazz/Funk, se comentaba en la publi del grupo para esa noche en el Bocktown.

Las 9 en punto (eso aquí entre semana es casi trasnochar) y en un pub más vacío que lleno, un par de guitarras, un bajista, un teclista y un batería se colocaron en una esquina del pequeño garito, sin hacer demasiado ruido. Pero pronto se empezaron dejar a escuchar.

El repertorio estuvo más que divertido. Con mezclas de todo tipo. Tiempo para el baile con un funk super atrevido con unos teclados que sacaban humo. Tiempo para el relax con canciones que hablaban de la cárcel. Tiempo para lo acústico, con voces profundas que transformaban el bar en un ambiente sesentero que ponía los pelos de punta. Y tiempo, cómo no, para la improvisación. Con melodías arrítmicas, difíciles de seguir con las piernas, pero que seguían enganchando.




Durante más de una hora, en la que dio tiempo a seguir con la degustación de cerveza, estos tipos animaron mucho el ambiente. Y lo que en principio no era más que una restaurante americano con unos paisanos tocando un bolo se convirtió en un pub con todo el mundo de pie y pasándolo en grande. Os dejo aquí el MySpace de Back Stabbing Good People (aunque sinceramente, en la web tienen menos ritmo que en directo).

Estos tipos nunca lo sabrán (bueno sí, porque se lo dije). Pero hicieron que el día de mi cumpleaños fuera consciente de dónde estaba. Aquí. Y con ganas de que esto no pare. Porque, no nos engañemos. Todo acaba de empezar.



9 de febrero del 2012

El rock patrio siempre ha contado con músicos que, como de flor en flor, cambian de grupos buscando nuevas sensaciones. Un cambio de estilo (o no). Una evolución (o no). Proyectos de renovación que marcan la senda musical de estos personajes que siempre hacen cositas buenas y que no pueden evitar estar sobre un escenario, por pequeño que sea. Stafas parece ser uno de esos proyectos, en este caso, liderado por Michel Molinera, un ex canalla. Y quién no lo es.

Sin ni siquiera una escuchada previa al último disco, Volverán los viejos tiempos, ni lectura de críticas en blogs amigos, me presenté en la Sala Derry de Leganés para ver de qué iba esta nueva noche de rock and roll. Y de paso, tras muchos años sin hacerlo, volver a pisar Leganés para asistir a un evento musical.

Con puntualidad extrema empezó el bolo. En una taberna irlandesa, en una esquinita, donde se improvisó un escenario que suele estar bastante concurrido (la programación de la sala, con conciertos gratuitos, es extensa). Batera, bajista, guitarrista y cantante pusieron sobre la mesa las canciones de su último álbum. Volverán los viejos tiempos, Me he acostumbrado, Dos corazones. Sonó especialmente bien (el sonido no fue bueno, al fin y al cabo no es una sala de conciertos) Déjame decirte, que me pareció de las más potentes del breve setlist (con la misma puntualidad que empezaron, terminaron en poco más de una hora).

Con un Michel Molinero con una voz genial y un carisma de esos que distiguen a los que valen para liderar una banda (él sí) y dejar siempre un pequeño grupo de nuevos seguidores después de cada concierto, la propuesta en general tampoco es nada del otro mundo. Es rock nacional. Simple. Sin virguerías. Con letras apoemadas que dan fondo y que intentar cargar de fuerza al guitarreo. Canciones que exprimen la voz y donde los estribillos son cortos o largos, pero siempre con algo que decir. Que puede ser burdo o delicado, o mezcla de los dos.

Con una afición especial por las versiones de coplas y un mono tabaquil patente, Stafas puso el toque de humor en un concierto (sinceramente, me pregunto si es un acierto meter este tipo de canciones en un disco...) que además de dármelos a conocer, me sirvió para no olvidar a todos aquellos grupos que intentan ganarse un hueco en el difícil mundo de la música.

Va por vosotros.

28 de Enero del 2012

Una noche de metal nunca se puede dejar pasar por alto. Y más si es en Vallecas. Y más si es en una nave de un polígono industrial rodeado de edificios siniestros y coches siniestrados. El marco estaba más que preparado.

La sala Audio Rock acogía la presentación del disco Nagasaki, de la banda de metal que tiene el mismo nombre (no confundir con el grupo japonés de metal de verdad). Junto con ellos, Black Rock hizo de artista invitado, aunque para mí se convirtieron en la auténtica dinamita de la noche.

Tras un pequeño problema de logística interna, el concierto empezó puntual a las 22 horas, recién entrados al local. Un primer vistazo al escenario y a la sala dejaba claro dos cosas: la primera era que Black Rock, con un guitarra desvocado y una cantante explosiva, iban a dar que hablar. La segunda era que el poco público presente esperaba más a Nagasaki, pues la distancia entre el escenario y el respetable era importante. Aun así, cerveza en mano, nos acercamos lo posible para saltar y empaparnos del heavy ochentero que puso Black Rock encima de la mesa.

Con una puesta en escena subidita de watios, como era de esperar, y con un componente menos (el teclista hizo mutis por el foro y su sonido se tuvo que "reemplazar" por una grabación), durante cerca de una hora se vio un espectáculo divertido, ameno, potente. Digno de un concierto de heavy, el bolo motivó al personal, que aunque le costó entrar en calor, al final no le quedó más remedio que dejarse llevar por el metal. Sirva como ejemplo el vídeoclip de En mi cama, donde se queda claro que las sorpresas que te encuentras al día siguiente de una borrachera no es sólo cosa de hombres...En su Myspace, cuando se cambie el link (actualmente debe estar dirigido a Megaupload), podréis descargaros gratuitamente el primer disco de la banda.



Tras una media hora de descanso y buena música de fondo, apareció Nagasaki en escena. A priori, la propuesta parecía prometedora: dos teclistas, bajista, guitarrista, batería con kimono y cantante melódico. Y cuando digo "parecía prometedora" quiero decir "decepcionó". Más allá de las letras, que me parecieron bastante ñoñas para un grupo de metal (pasamos del "¿Qué haces en mi cama?" de Black Rock a "si estiro la mano sé que te puedo tocar" del Sin Rumbo de Nagasaki), la voz del cantante no daba la motivación necesaria en una banda de metal, la esencia, esa mala leche y descarga de adrenalina.

Además, hubo un break donde se tocaron en semi-acústico dos baladas que acabaron por romper el ritmo del concierto. Y luego no hubo manera de levantar aquello. Destacar que la canción instrumental que se marcaron dejó evidencias de que los músicos son buenos, sin duda. Pero a mi entender, aún les falta dar con la tecla adecuada.

Noche del sábado en uno de los barrios con más tradición de tugurios, música entre cualquier pared y músicos y grupos madrileños de todos los palos (desde Ismael Serrano hasta Ska-P). Anochecer que empezó con gran fuerza pero que poco a poco se fue disipando en la sala Audio Rock.

Mejor al revés.